El dirigente en la Ultreya tiene que estar en la misma disposición y actitud con que está en un cursillo, esto es PENDIENTE de lo que pasa y haciendo que pase lo que más conviene que pase y tratando de evitar lo que de ninguna manera tiene que pasar, esto es que el cursillista nuevo que pisa por primera vez la Ultreya se sienta solo, aislado y desatendido.
La invitación a hacer la Reunión de Grupo tiene que hacerse con naturalidad, normalidad y oportunidad, sin presiones. Si el cursillista nuevo ha encontrado un amigo en la Ultreya, lo mejor es alegrarnos de ello y facilitar el contacto, con tacto, sin meternos paternalmente donde no nos llaman y hasta hacer “ademán de pasar adelante” como el Señor hizo en Emaús.
Hay que tener en cuenta si después del cursillo asisten los que nos pareció que mejor lo entendieron y hasta si en alguno de ellos se ha iniciado un proceso de conversión. Sin menospreciar a nadie, es evidente que hay que saber dónde ha caído lo sembrado para cultivarlo con mayor atención.
El dirigente se dará cuenta cuando los que más interesan no asisten, para después en plan de amigos, no en plan policías, saber averiguar por qué.
El dirigente tiene que saber que hay algunos que acuden tarde a la Ultreya porque no han comprendido lo fructífero que es el ir conociendo personalmente cada una de las personas que la frecuentan y la viven. Ilusionar a estas personas, haciéndoles ver lo que se pierden, puede ser una manera de aprovechar el tiempo.
Eduardo Bonnín