Cuando yo dije al que me interrogó que el libro “Ideas Fundamentales” ha hecho más mal que bien, me refería a que me doy cuenta de que en algunos lugares lo han tomado como la Biblia de los Cursillos, y que cuando se cumple con lo que allí se expresa, ya se ha cumplido con el ideal que el Cursillo de cristiandad persigue.
En las primeras “Ideas Fundamentales”, se me pidió mi colaboración, y aunque a la hora de concretar, suprimieran alegremente, contra mi voluntad, el rollo “El Cursillista más allá del Cursillo”, todo lo demás en general está orientado pensando que la gente que las va a poner en práctica las va a aplicar con criterio amplio.
Por esto en el texto que yo presenté y que después fue aprobado se lee “nos ha tocado vivir una época maravillosa: se está dando el salto desde el concepto de la vida esencialista a la vida existencialista, de una concepción estática a una concepción dinámica, desde lo institucional a lo comunitario, de la norma al criterio, de la imposición a la opción, de la ideología a los valores, de la seguridad a la búsqueda, de la observancia a la creatividad, de la sumisión a la responsabilidad, de la integración al inconformismo social”.
“Sin duda el Vaticano II ha hecho entrar en la Iglesia:
1º. Una nueva luz, que está provocando un reenfoque
2º. Un nuevo aire que requiere unos pulmones preparados para soportarlo,
3º. Una puesta en marcha brusca, que impone un dinamismo más vigoroso.”
Evidentemente, todo lo que se lee en las segundas “Ideas Fundamentales”, contradice este criterio y significa una vuelta atrás, respecto al Concilio Vaticano II.
Los cambios de nombre de los rollos expresan una mentalidad distinta: al rollo de Estudio llamarle Formación. Añadir al título del rollo “Estudio” y “Animación cristiana de los Ambientes” y poner los rollos “Comunidad cristiana” y “Vida Cristiana”, que vienen a ser moldes donde meter la generosidad de los cursillistas sin pensar que el ser del cristiano tiene que arrancar del núcleo de la persona y crecer conforme es él, para que se sienta protagonista de lo cristiano. Porque la gracia es por esencia creativa y crea capacidades asombrosas, sorprendentes, inesperadas, oportunas, reales, simpáticas, atractivas, ingeniosas, agudas, acertadas, adecuadas, dinámicas y siempre crecientes por su propio impulso.
La semilla de la gracia, cuando es sembrada y acogida por el corazón y la inteligencia de la persona, nadie puede saber y menos prever como será al crecer y desarrollarse sobre todo si es cultivada por la misma persona con humildad, simplicidad y confianza.