Volver atrás
8/MAI/2026
Mentalidade
Uma reflexão sobre a mentalidade cristã: uma plataforma de ideias, valores e crenças a partir da qual se vive o Evangelho. Convida a centrar a vida em Cristo, no senso comum, na comunidade e na criatividade pessoal.

El título de este rollo es MENTALIDAD.

Vamos a hacer antes una disquisición rápida, para situarnos en lo que es mentalidad. Existe en el mundo algo, que llamamos idea. Tenemos idea de algo, idea de una cosa, es una verdad interior de lo que se sabe o se cree saber. Uno tiene una idea de un martiz político. La idea es una verdad interior que se sabe o se cree saber.

Después existe el ideario. Que es el conjunto coherente de ideas. Las personas tienen un ideario más o menos, un conjunto potente de ideas y se mueve al compás, diríamos o tentados por estas ideas.

Otros tienen un ideal. Entre gente que ha vivido la experiencia de cursillos no importa decir lo que significa el ideal. Que es el conjunto de ideas eficaces hechas programa. Una persona tiene un ideal de esto, o de aquello o de ideal de lo de más allá.

Existe también lo que se llama ideología. Que hoy está muy de moda. La ideología es el conjunto de ideas jerarquizadas y relacionadas entre sí, que ofrecen una interpretación de toda la realidad. Alguien ha dicho, que la ideología era un falseamiento de la realidad conectado con la posición de clase social. Y más o menos es así. Cuando se conecta la inteligencia con la bolsa a veces uno tiene una ideología que se gira por aquí o se gira por allá. 

Después hay lo que se dice una opinión. Es una idea no confirmada. Uno puede opinar esto, puede opinar lo otro, puede opinar lo de más allá.

Hay otra cosa que se llama creencia. Idea por la que se vive, o verdad que se ama. Esto es una creencia. Alguien dice que hoy pues, la gente no tiene creencias etc, etc; no. La creencia es una idea por la que se vive y una verdad que se ama. Hay quien tiene creencias, pero no tiene raíces y que a lo mejor dificultad o la menor dificultad pues, se vienen y se echan al suelo.

Hay lo que se llama valor. Qué es el sentido de jerarquía entre ideas. Uno valora una cosa, otro valora a otra cosa. 

Después existe el recuerdo que son datos con que se laboran las ideas y se laboran los valores.

Después existe la mente, qué es la capacidad para elaborar ideas.

Y después hay, lo que llamamos mentalidad. Qué es la plataforma de ideas, valores y creencias desde la que se piensa. Cada uno tiene su mentalidad; tiene una plataforma que se ha ido más o menos formando en su interior, y desde aquella plataforma de ideas, de valores y de creencias piensa y valora y cree y tiene idea de lo que va sucediendo, gracias a su plataforma, gracias a su mentalidad. Existe la mentalidad respecto a cursillos la mentalidad que se tiene, la mentalidad que se cree tener, la mentalidad que se aparenta tener, porque a veces 1 aparenta una cosa y sigue otro camino, y después también la mentalidad, que se estima que debería tener.

Y además también está mentalidad de cursillos publicada, a veces deformada, a veces fosilizada, porque la mentalidad es algo que crece y que tiene que crecer con la misma vida. Uno tiene esta plataforma de ideas, pero así le van creciendo siendo substancialmente las mismas ideas. Pero van sacando y vamos sacando de estas ideas más consecuencias, es como una antena telescópica. Se estira, se estira, se estira; es lo mismo, pero no es lo mismo. Las cosas han cambiado. Pues, hay una mentalidad de cursillos, que alguien ha leído todo lo que se ha publicado de cursillos, que es mucho y a veces no importaría que si hubiera publicado, y alomjr distorsiona esta idea primitiva o esta idea primigenia, esta idea radical, la idea germinal que nos ha explicado Xisco Forteza, que creo, que ha quedado bastante claro. Esta mentalidad requiere dar importancia a una serie de evidencias olvidadas.

Después vamos a despeinar un poco estos conceptos, pero lo más principal es ver, que el movimiento de cursillos, parte de lo fundamental Cristiano y lo fundamental Cristiano es una idea sola, una realidad sola. Aquello que Dios nos ama. Esto es una realidad, es la realidad más verdadera y el bien más bueno. Todo lo demás puede pasar. A lo mejor nosotros no le amamos a Dios, pero la verdad está, que da sentido a todo como nos ha explicado Xisco, es gran realidad y esta gran verdad, de que Dios nos ama. Nos ama a cada uno de nosotros. Y esto puede cambiar del panorama, cuando nosotros le hacemos hueco en nuestro interior que la estamos creyendo a esta verdad y la estamos viviendo y la estamos realizando en nuestra vida. Es la verdad más verdadera y el bien más bueno, es el único valor que valora y que jamás se desvalora. Es lo que valora todo lo demás. Porque es calcular de valor de lo que vale, de lo que verdaderamente vale, al cambio que no cambia. Es la realidad más viva, más real y más dinámica. Y el móvil, y la orientación y el ritmo, de la realización más eficaz, más personalizante y más plena. Cuando una persona se da cuenta de que Dios le ama, no se le quita nada, se le potencia toda su personalidad y entonces irradia toda una serie de cosas, que conocemos muy bien, los que tenemos, por la gracia de Dios, no por estos méritos, esta experiencia repetida tantas veces en el movimiento de cursillos y gracias a la gente que también se mueve, gracias a aquel impulso que recibió en el movimiento de cursillos. Esta idea, esta realidad al ser captada, comprendida, divida y con mi vida por la persona se le hace esta verdad rotunda, clara, diáfana, con fuerza para suscitar un dinamismo que todo lo puede potenciar. Impulsa a las personas desde sí mismas, porque ahí está, desde sí mismas, no porque le impulsa a otra persona, desde sí mismas, desde dentro. Los acontecimientos y las cosas hacia su más radical originalidad. Hacia su más desbordante plenitud y hacia su más dinámica creatividad. Esto nos hace verlo todo desde un ángulo real, pero al mismo tiempo optimista, alegre, confiado. Yo diría, qué es ahuecar dentro. Si una persona, lo que quiere es vendernos un video, nos tiene que decir, que todo el mundo lo tiene, y lo tiene el vecino, lo tienen los de abajo, lo tienen los de arriba, y aquella persona le que tienes que superficializar; es como la clara de huevo que la hemos de hacer subir un poco, para que después aquella persona, quiera ser como los demás. Pero si se trata de una mentalidad de ahuecar en su interior, le hemos de hacer llegar hacia su profundidad.  Esto responde a unas cuestiones, que todos llevamos dentro de nosotros mismos, en nuestra singularidad, nuestra originalidad, nuestra creatividad. Y cuando nosotros empleamos nuestra libertad para ir hacia nuestra singularidad y hacia nuestra originalidad y hacia nuestra creatividad, tenemos experiencia de lo que significa ir hacia la plenitud de la persona. No cercenamos nada.

Vamos hacia un crecimiento progresivo, que no significa que tengamos que mirar a la gente por encima de la espalda. Si no, que está creciendo en nosotros algo, que nos hace mucho más nosotros. Y estas verdades se entienden no si uno se cree saber, no es, es no creyendo saber. Sino sabiendo creer. Cuando uno se cree que sabe, es normalmente, cuando ya no sabe. Hay muchas cosas que no se entienden más que amando. Cuando una persona dice “es que a este no lo entiendo” posiblemente es que no le amamos suficiente, porque si llamáramos suficiente de seguro, que lo entendería.

Se trata de la mentalidad de lo fundamental cristiano. Y sabemos, que el milagro radical De Dios es ser prójimo de los hombres.

Nosotros estamos llamados a visibilizar la ternura de Dios. Esto lo hemos dicho muchas veces. Este espíritu del cursillo, el mensaje del cursillo es un eje, que hemos de dar a la historia. No una realidad realizable en la historia. Nos habían dicho siempre aquello del mandamiento de amar a Dios, y no se trata de cambiar nada, sino de comunicar la buena noticia de que Dios nos ama. Se trata, de que se nos ha venido diciendo aquello de qué hemos de creer, que hemos de esperar, qué hemos de amar; y el cursillo nos ha descubierto que Cristo cree en mí, y que Cristo me espera, y que Cristo me ama. Y eso es muy distinto. Es lo mismo, pero de otra manera.

Pues, se trata de explicar, de que comprendamos esta mentalidad de lo fundamental cristiano. Para explicar esta mentalidad yo diría, que se puede explicar desde dos vertientes. A escala objetiva, lo que estamos viendo todos, y es que la subjetiva, lo que podemos vivir nosotros desde dentro de nosotros. A escala objetiva, podíamos decir, que el movimiento de cursillos, lo que se propone es, simplemente, Evangelio y sentido común con la exclusión de todo otro ingrediente. Que a veces lo agría, que a veces lo despunta, que a veces lo extorsiona. Se trata del Evangelio. Pero el Evangelio entendido. Y eso únicamente puede ser entendido cuando es vivido. Y únicamente, diría yo, hola que puede ser vivido, cuando además de vivido es comunicado. El Evangelio que es la buena noticia de que Dios, por Cristo, ama cada hombre en particular y personalmente. Esto es, lo que nos comunica el Evangelio. El Evangelio, que es la vida de Dios inundando la vida humana y mezclándose con ella con resultados imprevisibles. Esto es el Evangelio. El Evangelio es el fermento siempre vivo, asimilador de todo y nunca asimilado, la insatisfacción perpetua, labora conciencia de aquel desajuste, que será siempre entre lo que uno es y lo que desearía ser.  Esto es el Evangelio. El Evangelio como contenido de liberación personal integral y colectiva.

En él está el poder para desterrar del mundo toda la violencia. Esto, lo que preocupa a tanta gente, pues ahí está. El Evangelio que no es una opción por la virtud; sino que es la virtud de la opción. Y esto es muy importante. Porque a veces parece que el Evangelio es la opción por la virtud y como uno se pone un piloto mecánico y ahí vamos. Optamos por la virtud, y como ya somos virtuosos, porque hemos optado por la virtud, ahí estamos. No, no. El Evangelio no significa esto, significa siempre, tener siempre la virtud de optar. No haber optado, sino seguir optando, esto es el Evangelio. Cada momento, cada lugar, cada tiempo, cada hora, cada momento que estamos viviendo, cada momento tiene que llevar en sí un contenido, una exigencia del Evangelio.

Podemos transparentar esta ternura de Dios, o podemos transparentar otra cosa, que desde luego salimos perdiendo. Y esto, no hay duda ninguna. Es de esta manera. El Evangelio es para conformar la realidad, no para conformarse con ella. Porque alguien piensa, que el Evangelio es para cortar las uñas a los que las tengan y para predicar obediencia y nada más y estar en una cosa chata, que creo, que ha quedado bastante claro en las últimas palabras de Xisco. Creo, que no se trata de esto. Se trata de otra cosa. Porque la mentalidad esta, casi casi por ella misma desinstala a la persona. Y no la instala, sino que la desinstala, porque si esto es verdad hemos de seguir optando continuamente por el Evangelio. El Evangelio, que Cristo no nos dice, lo que tenemos que hacer. Si no, que nos da el amor y el deseo de hacer las cosas, para que las hagamos con alegría. Y eso es, lo que hay que comprender del Evangelio. Creer es la fuente permanentemente vital del Evangelio. Y nunca más cosas, que podríamos decir, es notificar a los hombres y a las mujeres y a todo el mundo la potencia del Evangelio. La persona, que lo cree, que lo sabe, que lo vive, va descubriendo en cada situación esto, de que puede iluminar, puede esclarecer, puede concientizar cualquier actitud. Y entonces se sabe, que la cosa es más humana por cristiana y más cristiana por humana. Es esta convergencia, de estas dos cosas, que nunca se sabe, si va flotando una enzima de la otra. Es algo parecido a aquellos elogios que solemos hacer de una flor, que el mejor elogio de decir que parece de papel, y ahora se dirá que parece de plástico, o a una flor de plástico se dice que parece natural. Pues, todo tiene que ser tan humano, que como converge todo a lo mismo es cristiano. O tan cristiano, qué es humano. Esto es lo que interesa. Cristo dice la verdad que es Él y fundamenta toda la restante verdad. Es la verdad por la que todas las cosas son verdaderas. Y esto hay que comprenderlo. Y más que comprenderlo hay que vivirlo. Cuando se vive, se están situando las cosas como corresponde y donde corresponde. Un Cristo vivo, normal, cercano porque está tan cerca que lo tenemos dentro y normal, porque casi no se da cuenta la gente, de que nuestra intención es otra. Y cuando lo hacemos tan bien, tan bien, es como los artistas, que cuando un artista ya no parece artista, es cuando es artista. Pues ahí está. Hemos de ser tan cristianos, por humanos y tan humanos por cristianos y de eso se trata el Evangelio.

Pero además otra cosa. Otra cosa, qué es el sentido común. Alguien ha dicho, que es el menos común de los sentidos. Pero es el Evangelio y el sentido común. La mentalidad genuinamente humana, libre de implicaciones sociológicas, que la tergiversen, o la compliquen, es lo que han dado en llamarse sentido común. Yo diría, que es la capacidad de llaneza. No complicar las cosas inútilmente. Esto es lo que se precisa. No complicar las cosas inútilmente. Esto, del Evangelio y del sentido común podríamos decir también, que el Evangelio, además de las cosas que hemos dicho, que podrían decirse muchas más, significa, aquello de filiación divina, ¿no? Uno conoce a Cristo, ama a Cristo, confía en Cristo. A veces nos dicen, que hemos de conocer a Dios, pero si uno le conoce, le ama. Y es una consecuencia.

La otra cosa es el Cristocentrismo. Lo hemos dicho claro, ¿no? Cristo es Él, que puede poner en orden de valor todos los demás valores. Cuando ponemos Cristo donde corresponde, ahora te es igual, como poner gasolina a un coche. Si metemos la gasolina en donde se sientan las personas, o ponemos la gasolina en cualquier sitio peligroso, pero meterla en el depósito, es lo que puede hacer que el coche nos lleve a la parte donde nos tiene que llevar. Si nosotros cogemos a Cristo y lo trituramos y salpicamos nuestra vida solamente con una especie de spray de Cristo no vamos a hacer más que complicarnos la vida. Ahora, si metemos a Cristo en el eje de nuestra persona vamos a ser nosotros muchas más personas. Y se trata de tener esta mentalidad. Es también, hoy no es un espiritualismo. Cada uno lo expresa a su manera. Todo eso de los carismas, qué es tan complicado, pues sí, uno tiene un carisma de una cosa, y otro lo tiene de la otra y la mentalidad significa dar salida a esta manera de ser, sin complicar las cosas con esta capacidad de llaneza que os decía.

Es también aquello, de comunitarismo. En racimo esta idea, la hemos explicado muchas veces y la hemos dicho muchas veces. Nadie se salva solo, ni nadie se pierde solo; no hablemos de condenación, no, no. Nadie se pierde solo. Cuando uno se pierde es porque o ha dejado a los demás, si se pierde solo en aquella cosa de estar solo, dicen que es mejor manera de estar mal acompañados, ¿no? Y por ahí va la cosa. Se trata de un espíritu también encarnado. Es el hombre creado y es el mundo. No nos interesa que nuestras reuniones de grupo salgan muy bonitas, no nos interesa que nuestras Ultreyas salgan muy brillantes y no nos interesa que en nuestras escuelas se reúna un grupo de gente que esté continuamente diciendo, qué bien lo ha hecho este, qué bien lo hace el de más allá. Nosotros, lo que nos interesa, es la vida. Invadir la vida. Que la vida fermente en cristiano. Y la vida de la persona se descompone en aquello del amor, del trabajo y la diversión y este en el trabajo. Y ahí tiene que fermentar. Cuando fermente, crea estas fermentaciones o cristalizaciones, que se llaman, estos vértices de coagulación o de cristalización. Y esto es de lo que se trata. El Mundo tiene que haber de estos ejes por gente que tenga esta mentalidad, para que seamos de verdad cristianos y solamente cristianos. El Evangelio supone, como se ha dicho filiación divina, Cristocentrismo, porque Cristo… Cada uno tiene sus cualidades. Pero por más cualidades que tenga, si no las proporciona, si no les da la debida proporción en un momento dado, puede fastidiar las cosas. La única cosa que no fastidia es tener mucha fe, mucha esperanza y mucha caridad. Pero cuando se tiene mucha justicia, cuando se tiene mucha fortaleza, siempre estamos incordiando a los demás. Cuando nos salimos de todo esto, Cristo es el que nos proporciona la proporción proporcionada. El hombre es un equilibrio de equilibrios equilibrándose y tiene que equilibrarse no por el equilibrio del equilibrista, sino por el equilibrio del Evangelio y entonces tenemos la persona equilibrada. Y se trata de que cada uno lo que quiere es este equilibrio y lo que quiere cada uno precisamente es tener esta proporción. Hoy únicamente si nos adherimos, hoy si metemos a Cristo en el eje de nuestra persona vamos a tener esto. Esto, esto, que todos en realidad queremos. Tener este equilibrio siempre en las cosas, ho saber por lo menos, que no lo tenemos cuando no lo tenemos. Y si nos equilibramos por el Evangelio esto va por ahí.

Además, nos proporcionan a la proporción proporcionada, en el sentido de que nos la proporciona porque nos la facilita y en el sentido que hoy le da el tamaño que tiene que tener. Cada momento tiene su proporción y esto es lo bonito.

Uno no es demasiado simpático, no demasiado poco simpático. Cada uno tiene que ser uno mismo. Y ahí está. Y nos está sacando Cristo todas las potencialidades que tenemos, que tenemos muchísimas y esto es tener una mentalidad cristiana. Una mentalidad de lo fundamental. 

La otra cosa, hemos dicho, Cristocentrismo, espiritualismo… cada uno lo expresa a su manera. A uno le va bien rezar, a uno le va bien no rezar tanto, Aunque siempre conviene comunicarse con Dios. A uno le va bien el Padre Nuestro y a otro le va mejor sin Padre Nuestro. Nosotros tenemos no una autopista, no, no; hoy la autopista es la amistad, la autopista es la caridad, la autopista es el amor y después cada uno sigue con el ramal que más le va y que más le va en gana.

La otra cosa es este comunitarismo, sentirnos todos unidos, y la otra cosa es esto, que le llamamos Encarnación. Encarnarse en el mundo. No vivir desnatados del mundo. Sabemos lo que está pasando. Porque lo que hay que cristianizar es la realidad. Y es únicamente teniendo la mentalidad de lo fundamental en el eje de nuestra persona que podemos conseguir que se creen estos ejes de simetría, estos vértices de simetría para que cada cosa vaya cristalizando en Cristiano.

Hemos dicho que el Evangelio, creo, que ya queda más o menos claro, si es que no lo he hecho oscuro, y la otra cosa es el sentido común. El sentido común, qué es el menos común de los sentidos, como decía alguien lo ha dicho así, yo creo que no, porque a la gente si no había sentido común ya los hubiéramos comido, los unos a los otros. Poca, poca cosa falta, quizá, pero de todas maneras quedan personas con sentido común —gracias a Dios—  y gracias a muchísimas personas. Respecto al mundo en general, el sentido común, yo diría que se demuestra, es decir, se muestra, porque los cristianos ya hemos demostrado demasiadas cosas. Estamos cansados de demostrar. Lo que hay que hacer es mostrar. Pues se muestra, se muestra, teniendo, tratando de tener, capacidad de asombro. Qué pena es la gente que no tiene capacidad de asombro. Yo creo que es una petición que deberíamos hacer siempre al Señor. Señor, concedenos, que tengamos siempre capacidad de asombro. Esta gente que está de vuelta, que se lo sabe todo, que está aburrida, porque la vida no tiene ninguna tensión, porque como lo han visto todo, como lo saben todo, como se ha metido en todo, pues resulta que, por ellos, pues, ¿para qué? La cosa pues no tiene ninguna importancia.

Dios nos conserve la capacidad de asombro. Saber asombrarse ante las cosas. Y si nosotros estamos en lo que se llama la mera mata del asunto, este manantial que es una persona, este manantial de cosas vivas, que siempre una persona es una gran novedad. Y saberse asombrar cuando hay una cosa cotidiana que vemos cada día. Esto significa profundidad. Alguien ha dicho que los tontos se asombran ante lo insólito y las personas listas se saben asombrar ante lo cotidiano. Ante un río que corre, ante un niño que juega, ante una puesta de sol, ante un amanecer. Todo esto indica profundidad de la persona. Ahora, las personas que son superficiales, únicamente se asombran ante lo insólito. Dios nos conserve la capacidad de asombro. Sobre todo, la capacidad de podernos asombrar del hecho de ser personas nosotros y del hecho que sean personas en los demás. Hay que ser personas y tratar a la gente como persona. Y esto es muy importante: esta capacidad de asombro.

La otra cosa es tener un poco, porque es muy necesario, de sentido de humor. No es que tenemos que contar el último chiste. Hay gentes aburridísimas que cuentan el último chiste y resulta que no es ni el penúltimo.

Y están ahí contando a su manera más o menos, lo que acaba de salir. Ya sea de tipo político, ya sea del tipo que sea, pues hay que contar el chiste. No se trata de esto. No hay nada como el humor, que ayude al hombre a crear cierta distancia entre algo y sí mismo, yo diría. Es esto de reírse con ternura de uno mismo para poderse no reír de los demás, sino para poder contemplar la vida con cierto sentido del humor. No se trata de reírse de nadie. Pero las tonterías de los hombres, las que tenemos los hombres, las que tengo yo, las que tiene cada uno, cada uno con sus cadaunadas, pues es que la risa porque cada uno tiene cada cadaunada que es para reírse. Y esto es, lo que tenemos que hacer. Reírnos un poquito de nosotros mismos, nunca de los demás, ahora sí, un poco de las tonterías que hacen los demás, pero para nuestro capote. Cuidado. Para que no esto No significa contar a la caridad. Significa simplemente a poner esta distancia que hay de esta capacidad de humor, que tenemos nosotros para verlo de otra manera. Creo, de que sí se da esta cosa. Yo me acuerdo una vez que iba todo sudado, que tenía que hacer una cosa en Madrid, y yo ya no podía más de calor, era en aquel tiempo en que se vendían polos; yo me acerqué a un lugar donde los vendían. Iba cansado, sudado, porque estaba esto al quinto pino y le dije a una chica que estaba vendiendo polos: “¿tiene usted de coco?” Dice: “No, me da miedo”. Y así se me pasó a mí el calor porque respondió con aquella cosa —me da miedo—. Ya no me di cuenta ni si tenía calor, que estaba en el quinto pino, en Vallecas, lleno de polvo, que en aquel tiempo estaba en las cosas de aquella manera. Pues meter un poco de sentido del humor es fabuloso. Es fantástico, ¿no? Esto es, lo que hay que hacer.

No sacarse allí, no, no; pero las cosas normales, naturales, hay quien tiene tan mala pata, que no hay para lo intente. Pero alguien si a lo mejor intentándolo consigue que la vida pueda sonreír a las personas que están con nosotros. Y esto, no hay duda de que es bueno. 

La otra cosa, que hay que tener es, hemos dicho capacidad de asombro, capacidad de humor, a veces en lugar de decir” qué malo soy” es mucho mejor decir “qué tonto he sido”. Y se queda uno más tranquilo.  Pues yo mismo “¿Qué malo soy?” Vaya. No, no. “Qué tonto he sido” es mucho mejor.

La otra cosa es tener capacidad de aguante. Hay que tener muchas veces, porque lo habéis notado. Una persona que le han operado y que cuenta la operación y la intervención y los médicos y la clínica y antes era el cloroformo y ahora es no sé qué, y lo cuenta y lo cuenta y lo vuelve a contar. Y hay que ver. Los satisfecho que está aquella persona, porque nos cuenta. Ya lo mejor a mí no me gusta hablar de estas cosas y no le gusta hablar de otra cosa nunca. Y venga y venga y venga. Y hay que aguantarlo y hay que aguantarlo y hay que verlo con cierta capacidad de asombro y “¿No te he contado?” Y yo “No”. Se puede responder quizás 45 veces, parece que uno lleva un cuenta veces, no, pero es que, ya está bien. Y hay que tener capacidad de aguante. Y me acuerdo de uno, que se compró un tocadiscos y tenía unos discos monumentales. Hay que dicen longplay, ¿qué long?, long y más que long, era aquello, tremendo, que no terminaba nunca y después de haber estado ya uno frito con la primera cara, la segunda era mejor y tenía que dar la vuelta. Hay que tener capacidad de aguante, porque a aquel hombre le había costado mucho comprar aquello y le gustaba mucho y la sinfonía no sé cuántos y la sinfonía no sé más y claro, él se salía del tiempo y del espacio con todo aquello, y claro, se puede, no quiere decir eso, que tengamos que aguantar todas las impertinencias de todas las personas, pero hay que tener capacidad de aguante.

La otra cosa es la capacidad creativa. A veces parece que nos lo tienen que dar todo hecho. Qué bonito es entrar en esto de la singularidad, de la originalidad y de la creatividad de cada persona. Porque ahí está, si nosotros logramos por la gracia de Dios, anclar lo cristiano en la creatividad y anclar lo Cristiano en la originalidad y en la singularidad de cada persona, ya que tenemos que lo Cristiano va a circular en El Mundo de los vivos y en el mundo donde se mueve la gente. Pero si se trata de cercenar cualidades y tú eres de esta manera, y tienes que ser de la otra, si nos enseñan unas cuantas ejemplares, que están en el mostrador de los Santos, diciendo que hemos de ser como este o como el otro, ya hemos reventado, ya está. Entonces las ganas de ser unos Santos como corresponde, pues ya parece que no corresponde ni a aquel, ni aquel otro, ni aquel de más allá. Es una verdadera pena. Cada uno tiene que ser original. Cada uno tiene que ser singular y esto es lo bonito. Por qué si no, El Mundo sería muy aburrido. Parecería una fábrica de Coca Cola. Todo El Mundo allí. No, no, no, no. Cada uno es cada uno y esto es bonito y cada uno es una persona y es una singularidad. Y esto es lo que hemos de respetar esta cosa, esta capacidad creativa de cada uno. Aún nos interesa una cosa. Y si nosotros no tenemos capacidad de asombro y capacidad de aguante y cierto sentido del humor, a nadie se le ocurriría nada. A lo mejor a una persona que inventó algo, la primera idea es que lo expuso a lo mejor a un amigo, pues esto es una tontería. Que aquello ya sea ató al principio y ya no pudo crecer. Que crezcan estas creatividades en las personas. Uno me decía una vez, “yo pondría una máquina tragaperras en la Ultreya” Y yo le digo: “hombre, pues no está mal ¿pero por qué?” Y me dice: “No, y vamos a pasar el tiempo y así lo pasaríamos mejor” Y tiene toda la razón. Si él se cree que vamos a ir para pasar el tiempo ¿por qué no poner allí unas máquinas tragaperras? , claro y un billar y más cosas. Ahora cuando yo le expliqué lo que era la una Ultreya dijo: “¡Ay! Perdóname, he dicho una tontería” pero claro, hay mucha diferencia que una persona diga “hoy he hecho una tontería” a que un amigo le diga “has hecho una tontería”. Porque esto de ser tonto es normalmente cuando una persona tiene que cursar una carrera tiene que haber un tribunal que diga a esta persona recorre o tiene, todas estas cualidades o las as ejercitado ya con cierta diligencia y cierta manera y se le da el título tal y se dé cuál. Ahora, si uno es tonto y se da cuenta si el mismo se extiende es un título que no nos ponemos esto vender cada uno cuando uno se extiende el título de tonto normalmente deja de serlo es algo al revés que pasa con todo lo demás 1 se entiende, pensando de esto, y ya normalmente a pesar que se cree, ser él no lo es . .  .. , *****

Compartilhar
Registre-se
Aproveite todo o conteúdo.
Acesse este conteúdo completo e descubra em profundidade o legado de Eduardo Bonnín. O registro é gratuito e levará apenas um momento.
Conteúdo relacionado
Ir para legado
Sobre a
Fundação
Nosso objetivo é preservar e difundir o legado que Eduardo Bonnín Aguiló, fundador dos Cursilhos de Cristandade, deixou para o mundo.
Seja membro
da fundação
Seu apoio é fundamental para continuar difundindo o legado de Eduardo Bonnín. Ao se tornar membro, você contribui para o desenvolvimento de projetos que mantêm viva sua mensagem e permitem que mais pessoas descubram a riqueza do carisma dos Cursilhos de Cristandade.
Inscreva-se no boletim da Fundação
Nome
E-mail
Registre-se
Aproveite todo o conteúdo.
Acesse este conteúdo completo e descubra em profundidade o legado de Eduardo Bonnín. O registro é gratuito e levará apenas um momento.
Faça sua contribuição.
Você pode colaborar com uma contribuição única ou periódica, no valor que decidir. Sua ajuda contribui para a manutenção da Fundação. Somos gratos!
Email
Valor (EUR)
Obrigado pela sua mensagem.
Ela foi recebida pela Fundação e estamos trabalhando para responder o mais breve possível.
Se você tiver outras dúvidas ou precisar de mais informações, não hesite em nos contatar.
¡De colores!
Obrigado por se inscrever.
A inscrição na atividade foi recebida pela Fundação.
Se quiser inscrever outra pessoa, preencha o formulário novamente.
¡De colores!
Obrigado por se inscrever.
Em breve você começará a receber o Boletim da Fundação Eduardo Bonnín Aguiló na sua caixa de entrada.
¡De colores!