Elementos que, conjuntados, convergentes y armonizados por la finalidad del Movimiento – QUE NADIE VIVA SIN SABER QUE DIOS LE AMA- conducen, supuesta la gracia de Dios, a ser pista de orientación, de autenticidad y de expresión viva de su esencialidad evangélica.
SABER CREER, es muy superior a creer saber.
El SER cristiano, importa más que el hacer de cristiano.
Hay que afincarse en el área del “QUE” para saber moverse correctamente en el área del “cómo”.
La religión, cuando no es expresión viva de la FE que se tiene o se quiere de verdad tener, no llega al núcleo más personal de la persona sino solamente su rol.
Cuando uno cae en la cuenta de que DIOS LE AMA, cuando YO me doy cuenta que DIOS ME AMA, lo de tener que dar un día cuenta de mi vida apenas cuenta, porque se ve desde una perspectiva distinta.
El maravilloso asombro de que Dios me ama me sitúa a un nivel en que es incuestionalbe el 1er. Mandamiento, y nos evidencia que, además de lo agradable que es ser agradecido, es indudablemente “justo y necesario”.
Entonces se da uno cuenta de que Dios no le observa como un policía, sino que le mira con un interés y un amor apasionado, como un padre mira a su hijo o como un abuelo mira a su nieto.
La convicción en la verdad y la realidad de Cristo da confianza en EL.
Todo lo que sugiere Dios es claro y concreto. Cuando el diablo no puede lograr que una persona haga cosas malas, le enreda proponiéndole que haga muchas cosas buenas, para que le desborden, se canse, se fatigue, y las haga mal.
Aunque el mundo sea “De colores…”, las radiografías siguen siendo en blanco y negro. Si somos cristianos conscientes y la proa de nuestra intención se dirige normalmente a Dios, todo lo que nos acaece puede ser aprovechado. Si nos gusta lo agradecemos a Dios y sino nos gusta se lo ofrecemos.
Más importante que la acción, es la reacción que se produce en el interior de la persona.
El conocer lo más posible lo verdadero, disminuye la presión y las acometidas de lo inmediato.
Se experimenta que la persona (lo que somos en realidad), vale más que el personaje que estamos llamados a representar en la vida. Somos siempre más importantes que nuestro “rol”. Hay que procurar que el personaje no sojuzgue ni elimine a la persona.
Sin protagonismos, tratar de seguir el camino de la creatividad, aunque sea más cómodo el del mimetismo.
No olvidar que el mundo sigue la trayectoria que marca la idea de que todas las cosas tienen un precio, y lo que interesa es: que vale, que me cuesta, para que me sirve, y menos mal si esto no se aplica también a las personas. Para el Cursillista, o mejor dicho para el cristiano, lo que cuenta no es el precio, sino el aprecio, porque sabemos bien que, sobre todo referido a la persona, no tiene precio.
Lo cristiano nos hace ver con ojos nuevos las cosas de siempre, lo que hace que en lugar de sentir ante la vida el aburrimiento de lo repetido, vayamos descubriendo el encanto de lo cotidiano, y que siempre nos sintamos peregrinos de un eterno caminar hacia el Padre, por el camino que es Cristo, lo que hace que nos sintamos santamente insatisfechos, pero al mismo tiempo también siempre contentos.
Eduardo Bonnín