El Movimiento de Cursillos de Cristiandad es un movimiento de Iglesia, pero no para la Iglesia, sino para el mundo, como la Iglesia misma. Al pertenecer a la Iglesia, tiene necesidad de sacerdotes y laicos, pero unos y otros, además de mantenerse en diálogo, deben ser fieles y no desligarse del “Carisma Inicial”
El Movimiento de cursillos pretende que la libertad del hombre se encuentre con el espíritu de Dios. Toda gira en torno a esta idea central, y la eficacia del Cursillo consiste en aplicar el modo para facilitar este feliz encuentro.
El Cursillo de Cristiandad tiene que ser heterogéneo, reuniendo en la aventura del encuentro con el espíritu de Dios a toda categoría de personas, cercanos y lejanos, ricos y pobres, inteligentes e ignorantes, estudiantes y obreros.
El Cursillo de Cristiandad pone al desnudo y descubre valores humanos en los laicos que, si se les ayuda a ser cristianos en el mundo, en lugar de encaminarlos a resolver los problemas intraeclesiales, harían crecer el prestigio de la Iglesia y la acercarían al mundo.
Toda persona que ha vivido la experiencia del Cursillo sale de él con la convicción de que Dios le ama en Cristo. Sabe que ser cristianos, más que ninguna otra cosa, es sentirse amados por Dios y vivir en este estupor, pues el elemento más genuinamente cristiano es dejarse amar por Dios.
La finalidad del Cursillo es comunicar al mayor número de personas posible la buena noticia de que Dios nos ama, expresada con el mejor medio, la amistad, dirigida a lo mejor de cada uno, su singularidad personal, su capacidad de convicción, de decisión y de constancia. Sabiendo que el triple encuentro que se hace durante el Cursillo, consigo mismo, con Cristo y con los hermanos, se está transformando en amistad, en amistad consigo mismo, con Cristo y con los hermanos.
De amar se tiene la certeza, de ser amado se tiene fe. El que ama duda de todo, quien se siente amado no duda de nada. Cuando una persona experimenta esta realidad y la fe de ser amada por Dios en Cristo, se convierte en motor, orientación y meta de su vivir, entonces comprende que ser cristiano no es sólo saber que un día deberemos rendir cuentas, sino que es vivir dándose cuenta de vivir, y esto la impele a dar gracias a Dios. Si afrontamos la vida con esta actitud, entonces nos damos cuenta de que la vida es bella, que la gente es importante y que vale la pena vivir.
Eduardo Bonnín