El Reino de Dios está dentro de nosotros mismos.
Hay muchos empeñados en hacernos ver que Dios está en otra parte.
Parece que todo esta montado y dispuesto para que el hombre no se encuentre consigo mismo, ni con Cristo que está en sí mismo, que es el área donde Dios quiere reinar y donde se encuentra más a gusto.
A los hombres, según la época, se les ha ido haciendo creer que el Reino de Dios se encuentra en otra parte.
Así se consigue que la inquietud que tiene por misión inquietar para bien y para mejor cuando es sana, recta, sincera e ilusionada, se distorsione y sea tranquilamente aparcada en:
La religiosidad
La moralidad
La política
La ortodoxia
El dogmatismo
La autoridad
Y hasta en “el apostolado”
El Reino de Dios se va perfilando y concretando en el mundo de las personas, cuando estas van valorando la vida con los valores que Dios valora. Así, la vida cobra valor, tiene sentido y tiene sabor.
Cristo es la verdad, Cristo dice la verdad y fundamenta toda la restante verdad por la que todas las cosas son verdaderas. Cuando Cristo es el norte, ya no se puede tener según que sur, y los que tienen buen gusto, que son los que saben encontrarle el gusto a vivir, suelen abandonar el sur y se dirigen al norte.
Cuando el hombre está nortado en Cristo, sabe interpretar los acontecimientos a la luz de la Fe y va descubriendo que todo llega a ser una manifestación del amor de Dios, cuando va logrando situarlo en el eje de su persona, a veces cuesta lograrlo, porque al hombre le cuesta convencerse de que Dios quiera su bien. Y sin embargo Cristo está convencido que en el interior del hombre está la verdad.
El Reino de Dios no es de este mundo, pero es el que da alegría, entusiasmo y plenitud a los reinos de este mundo.