Todo el mundo va a lo suyo...
Y tú, ¿has pensado qué es lo tuyo? Porque tú no eres lo tuyo; tú eres, sin duda, mucho más. Si alguien se acerca a ti por lo que tienes, por lo que sabes o por lo que puedes, te incomodas, te molestas, te decepcionas.
Si tú no eres ni lo que tienes, ni lo que sabes, ni lo que puedes, entonces ¿quién eres tú? ¿No lo sabes? ¿No será por eso que a veces no te encuentras a ti mismo? ¿No será que cuando vas a lo tuyo, huyes de ti?
Te ayudará a ir descubriéndote la reflexión sobre las realidades que te impactan y te mueven. Ellas te aclararán la motivación de tu modo de ser, para poder ser tú mismo siempre y aun serlo de manera más convencida y decidida.
Todas estas consideraciones tienen por finalidad esclarecer el camino a recorrer desde ser individuo a ser persona, porque ahí precisamente encontrarás tu órbita, ya que tan sólo se pueden encontrar las cosas donde están.
Tú, más tus realidades, con tus dificultades y posibilidades.
Tú te manifiestas a los demás a través de tu convicción más sólida, más firme, más auténtica. Y de tu decisión más reflexiva, más meditada, más motivada. Y de tu constancia en sus dos acepciones: que conste y que perdure.
Todo individuo es una potencialidad latente, consciente y dinamizable, que tiene sus dependencias y limitaciones.
Para que tú inicies tu marcha hacia tu plenificación personal, esto es: para que vayas siendo persona, has de irte encontrando progresivamente contigo mismo. Interiorizando, personificando y dinamizando las ideas: conceptos personales, acontecimientos: hechos concretos que se van sucediendo en tu vida, y conforme te van sucediendo: la vida es, ni más ni menos, que lo que hacemos y lo que nos pasa
Lo que pasa tiene en la persona consciente, tres etapas: lo que ha pasado, lo que pasa y lo que pasará
El cristiano consciente tiene que aceptar la vida, toda la vida, como don, ello implica: encajar el pasado, agradecer el presente y confiar en el futuro.
La persona cristiana es la que trata de poner con honradez los medios adecuados para vivir en la gracia de Cristo de manera consciente, creciente y comunicada.
Si tú quieres ser persona cristiana, de Cristo, has de intentar normal, seria y alegremente
Hacerlo verdad en ti: interiorizándolo: creyendo
Hacerlo vida en ti: imitándole: amando
Hacerlo camino en ti siguiéndolo: esperando
Ya que Cristo sólo se encarna, patentiza y manifiesta en la fe, la caridad y la esperanza de los que creen, aman y esperan
Cristo circula en el mundo en el espíritu, el talante y el gesto de los cristianos.
Tú, inmerso en tus realidades y avanzando a través de ellas, si vas orientado por tu fe, tu esperanza y tu caridad en ejercicio, irás aprovechando tus posibilidades: estimulándote sin envanecerte y tus dificultades para templarte sin desanimarte.
Ya que tan sólo la visión y ejecución positiva, dinámica y concreta de tus posibilidades reales te llevará, no tan sólo a ejercitarlas y a mejorarlas, sino también a conocer, aminorar y aun vencer tus dificultades
Con el fin de que puedas ir descubriendo e inventariando tus posibilidades a posibilitar, frente a tus realidades vitales.
Se concretan a continuación las cuatro más importantes, que son las que ya existen en potencia en ti y en cada persona para que te sirvan de guía.
También se consigna la orientación de cada una de ellas hacia su plenificación, para facilitarte el despegue hacia una mayor plenitud consciente, dinámica y agradecida.
La Verdad — el sentido de la vida
El Bien — el gozo de la vida
La Amistad — el aliento de la vida
El Arte (la Belleza) — la contemplación de la vida
Con lo anterior puedes saber si:
Y descubrir que puedes vivir de cara:
Identificada tu personalidad, puedes dinamizarla en:
Lo cotidiano, que puede vivirse
El trabajo, que puede realizarse
La realidad hay quienes:
Según estas actitudes:
Quienes son felices:
Y acogen la realidad:
No podemos dejar de ser lo que somos. En tanto no nos aceptemos tal como somos.
Para ir a cualquier parte, hay que partir desde donde se está.
Al ejercitar tu capacidad de optar, puedes plantearte: