Volver atrás
23/ABR/2026
El contacto personal
Técnica del contacto personal en Cursillos: mediante sondeo, rejón, proyección apostólica y realismo, se busca acompañar a cada persona en su proceso de conversión, ayudándola a descubrir su realidad, abrirse a la gracia y vivir la fe con amistad y compromiso.

1º.- Técnica del sondeo

A) ¿Qué es el sondeo?

Es inquirir con cautela cómo es el cursillista para mejor inyectar la verdad.

A1 - Para saber cómo es, podemos conocer, del cursillista el paso que lleva o la ropa que viste. Con la primera impresión queremos significar si hay sitio para la inquietud. Hay hombres que aparentemente muestran no tener problemas; los hay endurecidos que se niegan a tenerlos; los hay incapaces de tenerlos por sí mismos; en estos y semejantes casos, el sondeo debe dirigirse con delicadeza y firmeza hacia el posible resquicio del alma que responda de cara a una inquietud espiritual, por mínima que sea y, por el motivo teológico que sea, de atrición o de contrición.

Con la segunda expresión —la ropa que viste— queremos significar si les duele el alma. Este es un segundo tipo, más abundante, de cursillistas. Pocos son los hombres que transcurren los tres días sin que se les presenten con más luz los problemas, que tenían o sin que el cursillo les cree problemas que ellos no presentían. La labor de los profesores consistirá en detectar estos problemas para que en el momento oportuno les pueda ser aplicada la solución exacta que los restañe y cure.

A2 - Para Facilitar esta labor de observación será bueno saber el terreno que pisamos:

  • Minado de prejuicios. Problemas de odio, venganza, a justicia estricta creados por la guerra pasada y que aún no han cicatrizado en el olvido, sino que están ahí clamando por una solución; problemas creados por un mal ejemplo, sobre todo de personas que por su posición estaban obligadas a darlo bueno; problemas creados por la situación actual, en la que hay tantos que opinan que la Iglesia y el Estado son una misma cosa, que los curas son los que gobiernan, que la Iglesia calla en materia de justicia social, cuando tendría que hablar muy claro, que los sacerdotes no dan ejemplo de desprendimiento. Estos ejemplos se podrían multiplicar indefinidamente.
  • Blando. Son los que se deshacen fácilmente. Si tienen una huella que no ha desaparecido es porque no ha habido nadie que la borrara; pero que, borrada, marcha como la escritura del encerado. Se trata de problemas que no son problemas. Más que todo, son cuestiones de recto enfoque, de ilustración, de “enseñar al que no sabe”.
  • Duro. Las verdades cristianas en él rebotan. Son los amasados con el hormigón del orgullo, lo suficientes. Los verdaderos huesos. Constituyen los casos más delicados del Cursillo. Más de una vez salen sin cambiar.
    O cambian después, lentamente, cuando continúan siendo trabajados después en el postcursillo con caridad y claridad. El director espiritual que los trate debe poner en juego todos los recursos de una auténtica apologética, auténtica y profunda, y enseñarles a orar. Es muy eficiente el método llamado de la respiración artificial consistente en enseñarles a orar con fórmulas repetidas durante un día. Cuando salen sin cambiar, es un verdadero éxito del cursillo el lograr que se dejen tratar en el post-cursillo periódicamente.
  • Costoso. Son los que tienen la voluntad agarrada a algo. Los avaros, los impuros, los vengativos, los ladrones, etc. Aquí entran de lleno, por ejemplo, los patronos que mantienen una situación de injusticia en su empresa, los adúlteros reincidentes, los jóvenes con plan frecuente, los bebedares, etc.
  • Los que fácilmente se disparan. Hay que distinguir: si es por superficialidad o si es porque estaban esperando algo que marcaba estilo, pues eran gente que vivía la inquietud del cristianismo y no encontraba un molde para vaciarla plenamente. En el primer caso suelen cansarse enseguida; en el segundo, hay buena pasta.
  • Eriales. Hay muchos más espíritus que terrenos sin cultivar. Almas ignorantes, que sólo tienen un ligero recuerdo de los rudimentos del catecismo; almas que se encuentran no sólo entre analfabetos sino también entre hombres de carrera. Almas que no han catado nunca lo que es la oración, la presencia de Dios, que no tienen idea de lo que es la Iglesia, y que sólo son católicos porque los bautizaron. O también almas que hacen lo que pueden, pero no han hecho mucho más porque nadie se lo ha enseñado.

B) Finalidad del Sondeo

El sondeo no es fin en sí mismo. En el cursillo no se observa a los cursillistas por el sólo prurito de hacer psicología experimental y deducir unos de estadística filosófica.

El sondeo es puro medio, Medio desintonizador con las almas para ayudarlas en su ida hacia Dios. Lo que pretendemos es que vivan de Jesucristo: lo que siempre repetimos: que vivan en gracia si no vivían en ella, o que la vivan con más intensidad si ya la conocían. Pretendemos que todos los que cuestan la sangre de Jesucristo sean, por su Gracia, dignos de su Gloria.

Por ello debemos sondear con la conciencia de que manejamos intereses de Dios. Esto engendra mucha confianza al mismo tiempo que es tremendamente serio. Hay que acercarse a las almas con un profundo respeto.

Ahora bien; las almas no pasan a la gracia repentinamente si no es por un don especial de Dios. Hay una gradación ascendente. Por eso nos dedicamos a conocer los problemas de los hermanos por ellos libremente expuestos para que al filo de su exposición podamos aplicar luego las soluciones oportunas. Nunca las soluciones religiosas se podrán aplicar en serie, estandarizadamente. Cada alma es un microcosmos.

Así pues, el fin próximo del sondeo es la posibilidad de aplicar las soluciones para que el alma llegue a vivir la gracia con la mayor intensidad de la mayor intensidad de la gracia, que es el fin definitivo.

C) Como debe hacerse

Sin remover las aguas. Sin que se den cuenta refleja de que les pretendemos conocer, porque tampoco se la dan de que les amamos en Cristo.

Además, sino se trabaja con cautela, en estos momentos iniciales tan delicados se corre el peligro de no saber la verdad, y por lo tanto de no poder aplicar rectamente la solución, y por consiguiente de dejarles con sus problemas.

Fácilmente componen un Belén los niños, pero desproporcionado.

A los beatos se les hablará de religión; a los suficientes se les puede hablar de problemas culturales o científicos y escuchar con paciencia sus argumentaciones, muchas veces largas y archirepetidas; a las vidas raras irá bien hablarles de la belleza; a los inclinados y movidos por la corriente se les puede hablar de felicidad.

Hay que entablar un diálogo amical para que el hermano se vaya manifestando transparentemente y así se le pueda ayudar en el momento oportuno.

2º.- Técnica del rejón y del estoque.

Esta pertenece al segundo día.

Los rejones son verdaderas lanzadas en punta para que se claven en el alma del cursillista sondeado a fin de irlo preparando hacia la entrega que está en cuestión. Cuando la preparación está en su punto álgido se da el estoque. Los rejones ayudan a situarles en la verdad; los estoques les centran finalmente en ella. Los rejones sitúan: los estoques rematan. La finalidad pues de ellos, es llevar al cursillista desde donde se encuentra hasta donde debo llegar.

Aquí tratamos de los rejones y estoques individuales. Los hay también colectivos, como, por ejemplo, los que se dan en los rollos o después de algunos de ellos por el rector. Los estoques individuales en público son un error. Por la sencilla razón de que al tener delante de la mente un individuo y no el conjunto al que nos dirigimos, la verdad que predicamos queda recortada. 

Y queriendo hacer un bien a uno solo, o hacemos mal al conjunto, o, por lo menos dejamos de hacerle el bien que hubiéramos debido si hubiéramos sido más objetivos y serenos. Los rejones colectivos hay que soltarlos como pájaros: ellos ya buscarán su rama.

Cuando los cursillistas arrancan, cuando el cursillo empieza a entrar en calor, es cuando deben darse los rejones y los consiguientes estoques. Por eso es el segundo día y no el primero, a no ser en excepciones, el que se dedica a esta labor tan delicada y necesaria. Hay que rejonear y estoquear a los que tengan sujeto; y principalmente a los que lo tengan mayor, a los que más acusada personalidad. Pero siempre cuando conocemos que ya han empezado a entrar en calor. Si no la labor es contraproducente. Los rejones y estoques deben apuntar alto, en las posibilidades, en las aspiraciones, en los hechos de evidencia innegable. No perdamos de vista que un terreno vidrioso se quiebra. No podemos dedicarnos verdades en situaciones que manifiestamente se revelen estériles para la posible reacción.

La punta de los rejones y los estoques depende de la piel del toro. No a todos se debe punzar con la misma inyección. Esto implicaría un trato de despersonalización. En fin, debemos rejonear y estoquear en el nombre del Señor, sin chulerías, sin odio, sin ganas de imponer nuestra personalidad. Todos estos peligros son reales si no vivimos constantemente a presión la virtud máxima de la caridad. Es el Señor quien, por nosotros, debe imponerse en sus cristianos; es Él, el que únicamente da la gracia; es para El para quién va, en general no conviene no conviene repetir la suerte; es mejor admitir humildemente nuestro fracaso y que lo intente otro.

Cuando el estoque termina con el rendimiento ante el sagrario o de rodillas ante el confesor, o en diálogo con los directores espirituales, la labor a conseguido su finalidad. La estocada fue certera y el impulso soberano.

3º.- Técnica de la proyección apostólica.

Esta pertenece al tercer día.

El cursillo no pretende únicamente poner en gracia a los cursillistas. Es más ambicioso. Pretende sembrar en ellos un inicial germen fecundo de ansia apostólica. Aspiramos a que el cursillista salga normalmente llevando en el alma un vivo deseo de realizar las ideas y ejemplos que ha oído y visto en la actuación personal y en los rollos apostólicos; sobre todo los de “Acción”, “Dirigentes”, “Centro en Acción”, “Cursillista”, etc… Para esto dedicamos el tercer día a esta gran dimensión de la educación apostólica de los cursillistas.

El gran problema que se suele plantear poco a poco hasta llegar a una crudeza enorme en la tarde del segundo día es el de qué harán cuando lleguen a sus ambientes. Los hombres son inteligentes para las cosas inmediatas. Y en el cursillo es de evidencia inmediata que si se sintoniza con su mensaje hay que salir con ansias apostólicas.

La técnica de la proyección apostólica tiende por una parte deshacer el fantasma, denso como un nubarrón de alta montaña, de los respetos humanos, del qué dirán cuando vuelva, del no tendré cualidades para ser como éstos… del que dirán cuando vuelva, del no tendré cualidades para ser como éstos. Para ellos es muy efectivo el trabajar alrededor del slogan “no se que me dirán ellos a mí, sino qué les diré yo a ellos”. Por otra parte, tiende a fecundar la ilusión apostólica que, simultáneamente nace en muchos. Estas dos cosas no se oponen: el temor por una parte y la ilusión por otra: el hombre es muy complejo, y estas realidades no se dan bajo un mismo aspecto, sino bajo distintos, según las ideas que en aquel momento se exponen, las ilustraciones y movimientos de la gracia, la fidelidad en seguirlas, etc.… En este segundo caso hay que corroborar con el gozo de quién se alegra de la futura alegría y con la seguridad de quién ya pasó por semejante experiencia y fue fiel a ella, la semilla concreta de apostolado que se comunica muchas veces con la ilusión de un niño: “cuando llegue todos los de mi peña se vienen para acá”, “mi socio vendrá pitando”, “voy a poner el centro a cien”, “me van a oír mis compañeros de café”, etc.… El profesor, con fina intuición se dará cuenta de si se trata de un plan realista o de sólo una ilusión quimérica. En el primer caso fomentará la esperanza y perfilará el plan; en el segundo procurará conducirlos hacia derroteros más eficientes, pero sin quitar un ápice. De ilusión.

Además de estos planes de dimensión individual, los que hay colectivos. Las visitas por parroquias al sagrario, del tercer día, son aptísimas para sembrar en el conjunto una inquietud apostólica también de conjunto: la inserción en el plano parroquial si tienen para entender lo que esto significa; La ayuda del párroco en algunas actividades concretas y urgentes de la parroquia; la creación del Centro de Acción Católica si las circunstancias están ya maduras; la revitalización del mismo si estaba lánguido; la ejemplaridad social, si se trata de hombre de carrera o constituidos en alguna dignidad, etc.

Esta es la gran labor del tercer día. Hasta lograr el “Cristo te quiere santo para que le ayudes en la santificación de los hermanos” de la Hoja de Servicios.

4º.- Sentido realista

Los maravillosos efectos de los Cursillos han creado alrededor de éstos una especie de leyenda áurea sobre su efectividad absoluta total. Para muchos en el subconsciente la idea que tienen de los cursillos es de algo mágico.

Sin embargo, un análisis sereno y objetivo revela que esta visión es falsa. Cuando entran en juego la Gracia y la libertad, no valen los totalitarismos matemáticos. Por otra parte, la estadística documentada y objetiva revela que no todos salen convencidos. No se trata ya de que no todos salen con la misma presión; sino de una verdad más llana e hiriente para algunos: la de que no todos salen con el mínimum de disposición que fuera de desear. Esto ha ocurrido en muchos Cursillos. Raro es aquel en que todos han salido bien, dando a este pronombre y a este adverbio su plena significación.

El profesor no debe ignorar esto; sobre todo el profesor novato que acude al cursillo con la ilusión de las primeras cosas.

Esto que está dicho genéricamente, no sirve para introducción para el fin concreto de este párrafo, que es eminentemente pedagógico, pues tratamos del contacto personal.

En primer lugar, el profesor debe conocer o individualizar los casos que no responden al cursillo. No se trata solo de los manifiestos, pues son por sí mismo, sino de los ocultos. Hay cursillistas que, por lo que sea, por un malentendido, por un respeto humano, no han solucionado su problema; los que hay que aparentan haberlos solucionado, pero en el fondo lo tienen más vivo que antes; simulan algo que inconscientemente rechazan; los hay que han venido con el firme propósito de decir sí en parte, pero de dar un si total: han puesto condiciones a su ida al cursillo, sabiendo a lo que se van a comprometer y a lo que no. Ha habido cursillos en que la razón de lo que venimos exponiendo no ha estado en los cursillistas sino en los directores espirituales y en los profesores, por ser el equipo insuficiente —la realidad nos ha enseñado que son necesarios absolutamente, dos directores espirituales trabajando intensamente y sin descanso, además del equipo seglar normal—; o por ser el equipo novato; o por tratarse de un equipo no equilibrado (rollistas de piedad, cerebrales, chistosos, etc.)

En fin, ha habido cursillos en los que manifiestamente ha fallado una intensa intendencia espiritual, fallo que ha acusado la marcha de los mismos.

Pero no basta conocer o individuar los casos. Hay que admitirlos con humildad. Con un rejón de humillación que ha querido el Señor clavarnos en carne viva para que no creamos nunca que las realidades sobrenaturales están en cierto modo supeditadas a nuestro antojo. Esta admisión no significa un rendirse sin trabajar. Sólo es lícita cuando podemos, decir al Señor: Señor hemos hecho todo lo que hemos podido; ahora haced Vos el resto”. Esto nos conduce a una tercera y última idea. El cursillo no es él solo, sino además el postcursillo. Nada se ha perdido de no haber logrado nuestras ilusiones en los tres días, si después, a base de oración, de sacrificio y de tenacidad, las logramos dentro del cursillo perenne. La realidad nos atestigua la eficacia de una labor continuada de postcursillo. Y es que mas de una vez se habrá tratado de que el Señor haya querido dar únicamente el inicio germinal durante el cursillo y haya dispuesto dar el resto a largo plazo. Esta tercera realidad debe gravarse profundamente en nuestro ánimo para hacernos realistas. Y así lo que a primera vista en un análisis ligero, podía parecer un acto de desconfianza en la maravillosa eficacia de los tres días, resulta que es una concepción recta del mismo; y son a la postre más optimistas los que así ven las cosas (porque son realistas), que no aquellos que, por no ceder a un apriorismo explicable, si lían en la cabeza la manta cegadora de la ilusión estéril y rosada.

5º.- Consideración final

La profundización pausada del cursillo nos irá mostrando como este es por parte nuestra un grandioso acto de fe en la gracia actual, en la libertad del hombre, en los medios eternos de conversión —la oración, el sacrificio, la acción inteligente y constante— y en la maravillosa providencia del Señor que entrelaza todas estas cosas de una manera sumamente admirable.

Compartir
Regístrate
Disfruta de todo el contenido.
Accede a este contenido completo y descubre en profundidad el legado de Eduardo Bonnín. El registro es gratuito y solo te tomará un momento.
Contenido relacionado
Ir al legado
Sobre la
Fundación
Nuestro fin es preservar y difundir el legado que Eduardo Bonnín Aguiló, fundador de los Cursillos de Cristiandad, dejó al mundo.
Hazte socio
de la fundación
Tu apoyo es clave para continuar difundiendo el legado de Eduardo Bonnín. Al hacerte socio, contribuyes al desarrollo de proyectos que mantienen vivo su mensaje y permiten que más personas descubran la riqueza del carisma de los Cursillos de Cristiandad.
Suscríbete al boletín de la Fundación
Nombre
Email
Regístrate
Disfruta de todo el contenido.
Accede a este contenido completo y descubre en profundidad el legado de Eduardo Bonnín. El registro es gratuito y solo te tomará un momento.
Has tu aporte.
Puedes colaborar con un aporte único o periódico, por el monto que tú decidas. Tu ayuda contribuye con el mantenimiento de la Fundación. ¡Estamos agradecidos!
Email
Monto (EUR)
Gracias por tu mensaje.
Ha sido recibido por la Fundación y estamos trabajando para responderte lo antes posible.
Si tienes alguna otra consulta o necesitas más información, no dudes en contactarnos.
¡Te deseamos un gran día!
Gracias por tu suscribirte.
Muy pronto comenzarás a recibir el Boletín de la Fundación Eduardo Bonnín Aguiló en tu casilla de correo.
¡Te deseamos un gran día!