Dios me ama
Ser cristiano es sentirse amado por Dios, y vivir asombrándose de ello.
Y la actitud más cristiana es dejarse amar. Creer en el amor de Dios.
Dios ama mucho más a los hombres que tú. No le hagas “auditorías”.
Lo que pasa es que, a algunos, en concreto, los quiere amar a través de ti.
Quiere que tú transparentes la ternura que EL siente por ellos.
No es que se necesiten personas para que den vigor y vida a lo cristiano, es lo cristiano que tiene que dar vigor y vida a la vida de las personas.
Dios me ama en Cristo: es la verdad más verdadera y el bien más bueno.
El único valor que valora a los demás valores y que jamás se desvalora, porque es calcular el valor de lo que vale, de lo que verdaderamente vale, al cambio que no cambia.
Es la realidad más viva, real y dinámica,
Y el móvil, la orientación y el ritmo de la realización más eficaz, más personalizante y más plena.
Esta realidad, al ser captada, reflexionada, meditada, aceptada, comprendida, vivida y compartida por la persona, se le hace rotunda, clara, diáfana, con fuerza para suscitar un dinamismo que todo lo puede potenciar.
Impulsa a las personas (desde sí mismas), los conocimientos y las cosas hacia su más radical originalidad, hacia su más desbordante plenitud y hacia su más dinámica creatividad.
Esto nos hace verlo todo desde un ángulo real, enmarañado muchas veces, porque la realidad, no es siempre como la quisiéramos, pero todo es redimible porque Cristo ha resucitado.
Ver todo lo cristiano desde la Resurrección de Cristo da un optimismo alegre y confiado.
Se diría que es una manera nueva de ver las cosas de siempre.
El Cursillo enfoca lo cristiano desde esta realidad
Cristo es la solución
Y la parte concreta de solución que tú puedes aportar unido a EL, parte de ti mismo
Desde ti mismo, desde tus adentros, desde ya
Se te invita a una actitud posible, inmediata, concreta y agradable
O sea, realizable desde ahora mismo, por ti mismo.
Recuerda que la persona sólo se siente feliz al amar y ser amado.
Amar no le es fácil o no le resulta rentable y le resulta ridículo esperar que otros le amen
Como su más honda intención le resulta inasequible, se neurotiza y se refugia en las realidades conexas, o en los sucedáneos del amor: el sexo el poder, el dinero o en empresas colectivas políticas, deportivas, culturales, etc.
Busca comunicarse con las personas o con las cosas, aunque sepa que esa comunicación no llegará ser amor real casi nunca.
El sentido de la realidad coincide con el sentido del Evangelio, que es el Amor.
A escala personal el grado de felicidad o infelicidad se produce en torno a lo que amamos o somos amados
La fuerza creativa de lo real es siempre el amor: a las personas, a las instituciones, a las cosas…
O la revulsión que produce su contrario: el odio
El espíritu y el mensaje de Cursillos es un eje que hemos de dar a la Historia y no sólo una realidad realizable en Historia.
Del Mandamiento de amar a Dios, a la buena noticia de que Dios nos ama.
Hemos de amar, creer, esperar en Dios, pero es mejor ir descubriendo que Dios en Cristo, me ama, cree en mí y me espera.
Si parto desde mí, desde ya, aquí y ahora, me doy cuenta que el vivir en contacto con Cristo por la gracia, ayuda a encajar el pasado, a agradecer el presente y a confiar en el futuro.
El Cursillo no intenta saciar el hambre de Dios, sino provocarlo.
El superior valor de lo humano magnetiza, atrae y seduce más a las personas que el alto valor de la técnica, de la ciencia y aún del arte.
Las estructuras engendran personajes
La amistad descubre personas
La persona suscita admiración en profundidad
El personaje causa, produce, envidia a los iguales y admiración a los tontos.
A veces el personaje se come a la persona o por lo menos la erosiona.
La persona es más grande por la actitud que sabe adoptar frente a lo que no puede hacer, que por lo que hace.
El Cursillo es un proceso de conversión y un proceso de amistad.
El ideal es que la amistad sirva de cauce a la conversión con naturalidad, sin paternalismos, ni acción incordiante y abrumadora.
Creemos que tenemos necesidad de ser egoístas para sobrevivir, después el egoísmo no nos deja vivir y nos dedicamos a consumir como todos o a presumir como algunos, olvidando que lo que podemos hacer es asumir.