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4/MAR/2025
Guillermo Estarellas Nadal
Desde que conocí a Eduardo Bonnín Aguiló, quedé impactado por su fe inquebrantable y su visión anticipada. Aunque no fuimos amigos íntimos, compartir con él momentos clave como el primer Cursillo numerado en San Honorato me dejó huellas imborrables. Eduardo era un modelo, un hombre adelantado a su tiempo, cuya energía y carisma inspiraron a jóvenes como yo a impulsar los Cursillos. Su legado sigue vivo como un árbol frondoso que da cobijo y esperanza a miles de cursillistas en el mundo.

Colaborador de Eduardo desde los inicios. Asistió como dirigente en el segundo cursillo de la historia, en septiembre de 1946 en San Salvador de Felanitx. Estuvo en el cursillo de San Honorato en 1949, el que fue enumerado como cursillo nº1. Durante este cursillo Guillermo introdujo de forma casual la canción del DE COLORES, que luego se convirtió en la canción que nos identifica como cursillistas.

UN HOMBRE DE FE.

Agradezco infinitamente a Jesucristo y al Espíritu Santo y a Eduardo Bonnín porque me eligieron como compañero en los primeros Cursillos de Cristiandad.

Tengo unos recuerdos fantásticos. Conocí a Eduardo en los primeros años de la década de los 40. Eduardo destacaba por encima de todos y contagiaba su entusiasmo por las “cosas” del Señor, muchas de ellas novedosas y anticipadas a los tiempos.

No estuve en Cala Figuera, porque hasta 1946 no formé parte del Consejo Diocesano de los Jóvenes de Acción Católica. Pero posteriormente participé en numerosos cursillos, como dirigente o rector. Dos cursillos destaco especialmente en los que participé como Dirigente, “profesor” se decía entonces, acompañando a Eduardo como rector: el primero al que asistí, el cursillo celebrado en el santuario de San Salvador (Septiembre de 1946) y el Cursillo celebrado en el santuario de San Honorato (enero 1949), con el que se empezó la numeración de los cursillos y en el que empezamos a cantar la canción “De Colores”. Recién terminados los estudios, me integré en la A.C. y, siendo Eduardo Presidente, me nombraron responsable de las Vocalías de Estudio (1946), de Apostolado Castrense (1948)...

Eduardo era el guía que nos lanzaba a quemarropa en la ilusión y en las actividades apostólicas. Recuerdo con emoción los momentos de convivencia que he tenido con Eduardo.

Un día en la calle Zavellá, donde estaba el centro de los jóvenes de A.C., Eduardo me llamó y dijo: hemos de montar una especie de Federación para recoger a equipos de fútbol de las parroquias, porque en esos equipos van pandillas y en las pandillas van esos “alejados”; así los tendremos aquí y veremos si los llevamos a cursillos.

Como lo dijo Eduardo, naturalmente teníamos que hacerlo.

Eduardo y yo nunca hemos sido amigos “íntimos”, pero para mí siempre ha sido UN HOMBRE DE FE. Siempre me ha impresionado la fe de Eduardo, porque viéndole a él y viendo los resultados, ¿qué se puede decir?

A las órdenes de Eduardo media docena de “mocosos”, y estando él pisando fuerte, se ha conseguido seguir adelante la obra de Cursillos.

Él sembró la semilla allí en Cala Figuera y esta semilla evangélicamente se ha convertido en un árbol que alberga miles de millones de pájaros de colores que toman pronto el resultado de la semilla que sembró Eduardo, como cobijo y como mansión de felicidad.

Eduardo es de admirar. Yo lo admiré por su fe. Me imagino que si Cristo lo hubiera visto en el lago de Tiberíades caminando sobre las crestas de las olas del mar este embravecido, le hubiera dicho “Eduardo, hombre de mucha fe, sigue caminando sobre las olas pero tráeme contigo toda esa tropa que te viene detrás, que sigue tus enseñanzas.”

También le diría Jesucristo: “Hombre de mucha fe, siembra la semilla porque verás el fruto convertido en árbol frondoso donde se alojarán, vivirán y encontrarán la felicidad todos los cursillistas del mundo que han sido y serán y que serán muchos” Esto es la admiración que me produce Eduardo.

Eduardo ha sido siempre un modelo. Yo ahora estoy preocupado. Espero que ahora en el Cielo tenga “enchufe” suficiente con la Santísima Trinidad y con todos los otros cursillistas que están allí, a ver si entre todos conseguimos que en Mallorca y en el mundo entero continúen los cursillos tal y como nacieron. El peligro se encuentra en que, dado el gran éxito apostólico, cada autoridad eclesiástica se siente autorizada para apropiarse el “invento” y modificarlo.

Cursillos no tiene que cambiar. Si ponemos las rodillas y hacemos oración y sacrificio, Cursillos seguirá como Eduardo predicó y practicó y como él quiere que sean “SUS” Cursillos de Cristiandad.

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Eduardo confeccionó muchas fichas para su uso personal, que frecuentemente utilizaba como guion cuando hablaba. Algunas de ellas contienen un solo pensamiento, pero hay otras que constituyen verdaderos esquemas, más o menos complicados, de difícil interpretación para el que no sea el propio autor. Como en dichas fichas se expone una parte importantes de su pensamiento, se pensó que se podían volver a escribir en una versión que fuera fácilmente asequible para todos, intentando en todo momento reproducir sus ideas con la máxima fidelidad, aunque era inevitable que se perdiera, al menos en parte, su peculiar y muy personal manera de expresarse. La dificultad aumentaba por el hecho de las fichas fueron redactadas, como se ha dicho ya, con el propósito de que sirvieran de ayuda en las intervenciones orales y nunca pensando en su publicación escrita. Este trabajo de adaptación fue iniciado por Guillermo Bibiloni, buen conocedor del tema y autor de una “Historia de Cursillos”, pero quedó incompleto, seguramente por la muerte de Guillermo, quedando olvidado entre los innumerables papeles de Eduardo, hasta que recientemente, se encontró el manuscrito, considerándolo un gran hallazgo. Esta parte, adaptada por Guillermo Bibiloni, es la que se publica ahora, dejando para más tarde la del resto de fichas, que siguen siendo objeto del trabajo de adecuación necesario para una lectura cómoda. Hace unos años se publicó un librito con este mismo título, escrito por Eduardo. Aunque es posible alguna coincidencia, el contenido de estas primeras “Reflexiones” y el de “Reflexiones II” es distinto, ya que entonces, al parecer, el autor no recurrió a las fichas que conocemos, sino a otras fuentes de su copioso archivo.
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