El Cardenal Suenens, en su libro “Ecumenismo y Renovación Carismática”, dice. “Los movimientos contemporáneos, son corrientes que interpelan a la Iglesia por el acento que ponen en valores olvidados o difuminados, por el radicalismo evangélico y apostólico que recuerdan y realizan”.
Al tener que señalar, destacar, perfilar y dar a conocer los trazos más característicos de nuestro Movimiento de Cursillos de Cristiandad, no puedo dejar de pensar en la certera y acertada manera con que el Cardenal, señala, enmarca y expresa la finalidad de los movimientos en la Iglesia, hoy. Lo que me lleva a centrar el tema en su punto exacto y a preguntarme. ¿Qué valores olvidados o difuminados pretende acentuar el Movimiento de Cursillos? ¿Qué radicalismo evangélico y apostólico trata de recordar y realizar?
Los Cursillos de Cristiandad pretenden, y, por la gracia de Dios, consiguen hacer caer en la cuenta del valor de ciertos valores fundamentales, que sin duda por haber permanecido mucho tiempo en segundo plano, no siempre han tenido entre los cristianos, un valor definitivo y orbitador de los demás valores.
Sin pretender enjuiciarlos ni criticarlos, simplemente, observando con objetividad la realidad, nos podemos dar cuenta que, las maneras normales de acceso a lo cristiano que se han venido practicando de forma más o menos tradicional, desde siempre, es que los cristianos van siéndolo porque ya se encuentran cristianos en su circunstancia familiar, escolar, y, las más de las veces, ambiental. El hecho de haberse encontrado con lo cristiano (o con lo que así se ha llamado desde siempre), y haberse sentido cristiano sin más, ha hecho que no estuvieran convenientemente pertrechados cuando han tenido que enfrentarse con un mundo en que los valores cristianos, por ignorarlos, falsearlos o dislocarlos, se cotizan a la baja, o ni tan siquiera se cotizan.
El Cursillo de Cristiandad apunta, y, por la gracia de Dios, logra, que, quienes voluntariamente aportan, lo que en el momento de iniciarse el Cursillo se pide: su ilusión, su entrega y su espíritu de caridad, lleguen a tener en su inteligencia, un chasis luminoso de ideas, y en su corazón, el impulso necesario, para ir realizando en la vida estas mismas ideas. Además de ideas, podríamos decir que se trata de realidades, y de realidades fundamentales, básicas y esenciales, manifestadas de tal manera en las personas que las exponen, que, más que demostrarlas con argumentos, las muestran con la expresión de sus vidas.
Ello hace que con las muchas oraciones que se han hecho y se hacen a tal fin, por la gracia de Dios y la participación entusiasta de todos, durante los tres días que dura el Cursillo se llegue a crear una situación en que las circunstancias, las perspectivas y las posibilidades, son puestas, vistas y valoradas en un eje cristiano, donde por Cristo y en Cristo, viviente en todos por la gracia, se vuelven concretas, dinámicas y atractivas.
Todo esto, y sin duda por darse esto así: de manera concreta, dinámica y atractiva, llega a cada persona como una amorosa invitación que solicita su convicción, su decisión y su entrega. Entonces, una vez más, se experimenta la realidad evangélica de que “cuando dos o más se reúnen en su nombre, Cristo está en medio de ellos”. Esta realidad vivida y convivida de manera plena, humana y oportuna, hace situar a cada quién, por lógica, por sentido común y por sentido práctico, ante el “trilema”: de ser así, de querer ser así, o de dolerse de no ser así.
El Cursillo quiere poner en ocasión y en circunstancia de contagio a unas personas con otras, para que, a través de una intercomunicación vital en el terreno de la amistad, puedan aprender amando, lo que, tan sólo amando, se puede entender.
El Cursillo no tiene en sí mismo su finalidad, lo que se pretende con él, es que lo cristiano, vivo y activo en el hombre, fermente el mundo o, mejor dicho, la humanidad, que es la vida de los hombres del mundo, en su mundo.
El que va a un Cursillo, no es absorbido por el Movimiento, porque el Movimiento no es ninguna organización ni asociación de la que el cursillista tenga que formar parte. Por esto, más que programarle lo que pueda hacer en la Iglesia y por la Iglesia, se trata – como ya se ha dicho- de pertrecharlo de un horizonte de sentido, de un marco de orientación y de un objetivo real, personal y humano, para que pueda sentirse Iglesia en su mundo. Este horizonte, este marco y este objetivo, que, poniendo su ilusión, su entrega y su espíritu de caridad, normalmente suele hallar en los tres días que dura el Cursillo, se le va perfilando y afianzando en la vida a través de las Reuniones de Grupo y su asistencia semanal a lo que llamamos Ultreya – reunión de reuniones de grupo-. Las primeras, REUNIONES DE GRUPO: LA VIDA COMO REALIDAD COMPARTIDA EN AMISTAD, le van afinando en su vida, en su dimensión personal y la segunda, ULTREYA: CIRCUNSTANCIA QUE POSIBILITA QUE LO MEJOR DE CADA UNO LLEGUE A LOS MÁS POSIBLES, en su vertiente comunitaria.
Todo esto no está pensado de cara a su captación para afiliarle, sino más bien le es ofrecido como ayuda para que él pueda ir descubriendo su libertad en Cristo, en su circunstancia concreta y para que en todo momento pueda emplearla y realizarla, a partir del Cursillo, en su aquí y en su ahora, desde ya.
Uno de los aspectos que más pretende acentuar el Movimiento de Cursillos, una de las cosas que más le interesa destacar, es hacer caer en la cuenta, para poder sacar todo el inmenso fruto que de ello pueda derivarse, que el Evangelio pocas veces se ha hecho realidad en la normalidad, sino que se diría que, a lo largo de la historia, quienes pretendieron vivirlo, trataron siempre de crear una realidad fuera de la normalidad. El Cursillo lo que pretende es cristianizar la manera normal de vivir, distorsionando la vida lo menos posible, por eso el “recluir” tres días a la gente en un lugar aislado, no es para que lleguen a ver a y sentir las cosas como nosotros las vemos y las sentimos, sino para que aprendan a actuar en cristiano en sus vidas, después de haber vivido lo cristiano de manera intensa, verdadera, humana, atractiva… tratando de ir dando a las personas, a los hechos, a los acontecimientos y a las cosas el sentido que Dios, por medio de Cristo, vivido y contagiado, les está dando.
La gente que vive alejada de la fe no puede menos de sentirse interpelada por quienes tratan de que Cristo sea el eje de su existir y la norma de su existencia. Desde la lejanía, la verdadera creencia de los demás les hace caer en la cuenta de que es imposible que todo no tenga un sentido, y, conforme van acercándose, van divisando la posibilidad de que todo tenga un sentido, hasta llegar a descubrir que ellos mismos, siendo verdad sí mismos, pueden ir dando al mundo el sentido que Dios le está dando. El sentido es la órbita de cada cosa cumpliendo su plena y genuina finalidad.
Los Cursillos de Cristiandad son un método para posibilitar el conocimiento, el convencimiento, la vivencia y la convivencia de lo FUNDAMENTAL CRISTIANO, que engendra un movimiento tendiente a actuar de fermento de lo cristiano en el mundo.
Entendemos por LO FUNDAMENTAL CRISTIANO la gozosa realidad que Cristo nos revela: que somos amados por Dios. Hecho que nos posibilita el que le amemos a EL, al prójimo y al mundo.
Son un método y una vida. Como método están al servicio de la verdad, como vida engendran un movimiento. Movimiento que, cuando no se desvía de su órbita vital, que arranca del impulso de su motivación: encuentro con Cristo y discurre por su orientación hacia su finalidad: amistad con Cristo, desencadena un proceso progresivo que va fermentando la persona, y por ella, el ambiente donde ella se halla inserta.
Cada una de sus piezas: Pre-Cursillo, Cursillo y Post-Cursillo responde a la finalidad que se persigue:
El Pre-Cursillo, al facilitar la búsqueda (individual y colectiva) más activa y efectiva de lo fundamental cristiano
El Cursillo, al proporcionar el encuentro pleno, actual y comunitario de cada persona con lo fundamental cristiano, y
El Pos-Cursillo, al dar la vivencia perenne, eclesial y creciente de lo fundamental cristiano, durante toda la vida.
Para garantizar que cada una de las piezas mencionadas, cumpla su función precisa, y que todas se hallen dispuestas y a punto en todo momento, está la Escuela de Dirigentes y el Secretariado de Cursillos.
La finalidad de todo esto, explica el hecho de los Cursillos.
Observación de la realidad. Si observamos con un poco de atención nuestro mundo cristiano, caemos en la cuenta de que hay una inapetencia radical por las cosas del espíritu. Tal vez el más grave problema de todos sea la falta de hambre de Dios. Problema que se patentiza aún más, cuando uno piensa que casi todo “lo religioso” vigente, está dispuesto tan solo para saciarlo. Se diría que toda la multitud de obras y asociaciones existentes en la Iglesia, suponen que la gente tiene apetito de los alimentos espirituales que cada una de estas asociaciones tiene por norma servir. Lo que produce un fenómeno tan corriente, como paradójico. Hay una gran escasez de hambre y una superabundancia extraordinaria de medios para saciarla. Una inapetencia radical por lo religioso por parte del mundo y unas ganas enormes de “despachar y colocar el producto religioso” por parte de los que, por haber permanecido siempre en el área de lo pío, se sienten agentes autorizados para ir propagándolo en el mundo.
El “quid” está en el ir sembrando y extendiendo el hambre de Dios en el mundo, pero sin proponer ningún medio determinado para saciarlo; y que, de hacerlo así, se infundiría la muy razonable sospecha de que fomentamos el hambre para que consuman algún determinado producto, en lugar de hacerlo para su bien.
Una serena observación de la realidad llega a la conclusión de que muchas veces se atiende a lo adjetivo del cristianismo, más que a lo nuclear, a lo central, a lo sustancial y esencial.
Sin excluir a nadie, los Cursillos más que tender a lograr una masa que actúe de comparsa para ir practicando las normas de siempre, tiende a que Cristo pueda contar con gente que sepa aplicar el criterio cristiano a los acontecimientos de hoy. Personas que sepan encarnar en la realidad humana de hoy, los criterios de Cristo.
A la gente de hoy podríamos dividirla en tres grupos: unos que presumen, otros que consumen y otros que asumen.
Presumen, unos cuantos que pueden hacerlo.
Consumimos casi todos, porque nos encontramos, las más de las veces, ante la necesidad de tener que hacerlo.
Y, pocos hay que sepan asumir.
Y precisamente eso, asumir, es una de las tareas más acuciantes y hasta fascinantes del mundo de hoy. Asumir lo mucho de bueno que hay entre las muchas circunstancias que llamamos malas, sin más, porque no sabemos aprovechar (hacer que cuaje de ellas), la enseñanza, la experiencia y el mensaje que en el fondo sin duda contienen.
Se diría que en estos tiempos Cristo, aún más que hombres de Iglesia, necesita una Iglesia de hombres. De hombres que, sintiéndose Iglesia y unidos a ella por la intención de su voluntad, y por la fuerza de la gracia, sepan asumir lo bueno que hay en lo malo, en la realidad más real de cada persona, de cada acontecimiento y de cada situación.
Cuando el Movimiento de Cursillos se va moviendo por la fuerza y el impulso de lo fundamental cristiano, vivido por los que lo integran, difícilmente crea gente profesionalizada que se dedica a lo que podríamos llamar “urbanismo apostólico”, organizando cosas para mandar a los demás. Sabemos bien que la enseñanza, la formación y la orientación que no es testimoniado con la vida, en la misma vida donde se vive la vida, afortunadamente, no vale para el hombre de hoy.
A veces puede haberse dado el caso sin duda por ignorar o no practicar la mentalidad de Cursillos, que en lugar de orientarlos hacia su incidencia en el mundo, para que vuelvan a él después del Cursillo a vivir su misma vida, pero con otro afán, se haya preferido desnatarlos de su realidad y “domesticarlos” lo conveniente para poderlos emplear, sin que chistaran, en los cuadros directivos de las asociaciones dedicadas a “hacer-el-bien-de-siempre-como-siempre”.
Otros, han buscado la gente para Cursillos, solamente en el área de lo pío, para lograr la misma finalidad que los primeros, pero con menos conflictos. Haciéndolo así, muy pronto se ha agotado la cantera, lo que no pocas veces ha hecho bajar la diana, buscando incentivos de segunda categoría para poder cubrir las plazas disponibles.
Cuando estas situaciones se han hecho crónicas, a veces se ha recurrido a los sucedáneos de los genuinos Cursillos, y de entre ellos, a los Cursillos Mixtos – mixtura de cursillos- que, si en algunas ocasiones han podido ser buenos, han servido no pocas, para patentizar también la mucha diferencia que existe entre lo bueno y lo mejor.
El Cursillo más que otra cosa, y sin duda la más importante, es un encuentro a nivel profundo de cada uno consigo mismo, con los hermanos y con Cristo. Tal vez extrañe el orden de esta relación de encuentros, que no es de prelacía, por supuesto, sino el deseo y la intención de destacar el primero de todos, por ser éste la estructura y el espacio donde únicamente pueden realizarse los otros dos encuentros.
El encuentro con los hermanos, sin haberse encontrado consigo mismo, produce un activismo extenuante que, pronto o tarde, llega a su techo.
El encuentro con Cristo, sin haberse encontrado consigo mismo, conduce a unos “arrobos místicos” destemplados y “destemplantes” que dificultan la llana comunicación con los demás.
En una palabra, en el Cursillo todo converge hacia la conversión personal, que es una polarización de toda la vida hacia los verdaderos valores.
Encontrarse consigo mismo, requiere necesariamente un provisional desasimiento de las personas y ambientes en que nos movemos a diario.
Ahora bien, cuando asisten al mismo Cursillo chicos y chicas, hombres y mujeres, matrimonios o parejas de novios, solteras y solteros, la atención es absorbida preferentemente por el interés con que se quiere seguir la reacción del otro, o de algún otro, cuya vida interesa sobre todas las demás, y es muy natural que sea así, por lo que difícilmente se produce el imprescindible encuentro consigo mismo, que es lo que ha de dar eficacia a lo otro.
Todo lo que viene después, Ultreyas, Escuelas de Dirigentes, Cursillos de Cursillos, etc., mejor que se hagan en plan mixto, porque mixta es la vida.
Quede claro que lo que va contra la esencia de los Cursillos, no es la circunstancia de que sean mixtos o no, sino que no se produzca al serlo, ese encuentro de cada uno mismo con sí mismo, que es el pivote donde converge y arranca todo lo que el Cursillo pretende conseguir y la manera de conseguir lo que se consigue, ya que se trata de que tenga lugar en la persona, su conversión, esto es: que la libertad del hombre, se encuentre con el Espíritu Santo.
El no haber podido contar todavía, a pesar de los largos años transcurridos desde su iniciación, con un Secretariado Mundial que a ese nivel explicitara y difundiera lo que los Cursillos son y pretenden, y, más que todo, su mentalidad, ha hecho que en muchos sitios y con la mejor intención, estos proliferaran de manera anárquica, suscitando en muchos lugares gente apasionada y sacrificada en la aplicación del método, pero ignorando su mentalidad. Este hecho ha sido la causa que en muchas partes se hayan inventado mil modos y maneras de hacer Cursillos, y lo más penoso de todo, es que, sin serlo, los han llamado así.
Cursillos de un mes, cursillos de quince días, de cinco, añadiendo y quitando cosas al Cursillo por la sola razón de ser aquellas cosas las preferidas o no, de los pretendidos innovadores, que a toda costa han tratado de aderezarlos a su gusto, quitándoles toda la garra y logrando a veces que lleguen a ser una cosa más a qué atender entre las ya muchas obras apostólicas existentes.
Por esto, remendando la frase del Cardenal Suenens, y aplicándola a nivel del Movimiento de Cursillos, he querido referirme más que a otra cosa, a su mentalidad, toda vez que ésta, es el aspecto en que el Movimiento de Cursillos ha sido más veces “olvidado o difuminado”.
Es fácil poder encontrar numerosa bibliografía que hable de su método, pero son muy pocos los libros que expliciten y den a conocer su mentalidad. Doy gracias a Dios y a los dirigentes de “PASTORAL RENEWAL”, porque me han deparado la ocasión de poderla dar a conocer, en los trazos que juzgo más característicos y que más pueden poner el Movimiento al servicio y al nivel de la compresión y del interés del hombre de hoy.
Eduardo Bonnín