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31/MAR/2026
Mentalidad y método
Distingue entre mentalidad y método en los Cursillos: la mentalidad da sentido y fidelidad al carisma, mientras el método es solo instrumento. Defiende una fe viva, en evolución, centrada en la conversión interior y en madurar convicciones, no imponer decisiones.

Publicado en “Los iniciadores opinan”. Febrero 1990

A los que, porque así lo quiso Dios, y sin ningún mérito por nuestra parte, fuimos los iniciadores del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, nos duele comprobar que casi siempre las faltas de fidelidad al Movimiento, sean normalmente debidas a no tener clara su finalidad. Para que ésta esté centrada y se mantenga siempre viva, activa y operante, es preciso conocer LA MENTALIDAD que la explicita y esclarece, y EL METODO que la orienta y encauza.

LA MENTALIDAD

La Mentalidad puede proceder de una opción cristalizada o de una cristalización optada, y en estos casos es estática; puede ser buena, hacer el bien y estar desfasada en el modo, en la manera o en el objetivo, o sea en la misma mentalidad.

No podemos domar las verdaderas, ni que las ideas (verdad concretada y por ello recortada) nos domen… mejor debemos vivir la aventura de caminar en un sentido, y con sentido, hacia donde la vida y la historia reclaman; una fe ilumina, una esperanza indica y un amor dinamiza.

Hay que ir respondiendo a las circunstancias históricas, con responsabilidades y preocupaciones intrahistóricas, bajo la visibilidad meta-histórica y todo con personas concretas y para personas inconcretables.

Las mentalidades pueden ser pluralistas, pero para ser válidas no pueden ser opuestas al soplo del Evangelio.

EL MÉTODO

El Método, a pesar de haberse demostrado eficaz, no puede sustituir a la reflexión. Todo lo que tiene un éxito sonado, resonante, parece que obliga a entregarse en manos de una fórmula para repetir el éxito.

El Método de Cursillos de Cristiandad, no es para arrancar decisiones, sino para madurar convicciones.

El hombre descubre la Verdad en la medida en que se empeña personalmente en buscarla, en combatir por ella, en defenderla.

La fe obliga a una profunda exigencia de sinceridad que reclama y requiere un continuo y desvelado avizorar lo mejor.

El Movimiento de Cursillos, no tan sólo no tiene que dispensar de todo esto, sino que tiene por objetivo darle una vigencia y una constancia viva y apasionada, ya que implica un interrogante a la luz de la Gracia sobre el momento del mundo y el hacer llegar hasta lo más hondo de cada uno, las exigencias de una fe vivida a partir de la dignidad humana, que abraza por igual a todos los hombres.

Eduardo Bonnín

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Eduardo confeccionó muchas fichas para su uso personal, que frecuentemente utilizaba como guion cuando hablaba. Algunas de ellas contienen un solo pensamiento, pero hay otras que constituyen verdaderos esquemas, más o menos complicados, de difícil interpretación para el que no sea el propio autor. Como en dichas fichas se expone una parte importantes de su pensamiento, se pensó que se podían volver a escribir en una versión que fuera fácilmente asequible para todos, intentando en todo momento reproducir sus ideas con la máxima fidelidad, aunque era inevitable que se perdiera, al menos en parte, su peculiar y muy personal manera de expresarse. La dificultad aumentaba por el hecho de las fichas fueron redactadas, como se ha dicho ya, con el propósito de que sirvieran de ayuda en las intervenciones orales y nunca pensando en su publicación escrita. Este trabajo de adaptación fue iniciado por Guillermo Bibiloni, buen conocedor del tema y autor de una “Historia de Cursillos”, pero quedó incompleto, seguramente por la muerte de Guillermo, quedando olvidado entre los innumerables papeles de Eduardo, hasta que recientemente, se encontró el manuscrito, considerándolo un gran hallazgo. Esta parte, adaptada por Guillermo Bibiloni, es la que se publica ahora, dejando para más tarde la del resto de fichas, que siguen siendo objeto del trabajo de adecuación necesario para una lectura cómoda. Hace unos años se publicó un librito con este mismo título, escrito por Eduardo. Aunque es posible alguna coincidencia, el contenido de estas primeras “Reflexiones” y el de “Reflexiones II” es distinto, ya que entonces, al parecer, el autor no recurrió a las fichas que conocemos, sino a otras fuentes de su copioso archivo.
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