LA MUJER QUIERE AL MARIDO lo suficientemente religioso para que no se vaya con otra y lo suficientemente no religioso para que no la incordie demasiado.
EL MARIDO QUIERE A LA MUJER lo suficientemente religiosa para que esté entretenida y lo suficientemente no religiosa porque resulta más cómodo y práctico que se entretenga con las cosas no esenciales de la religión a que lo espolee para que sea más Santo.
LOS PADRES QUIEREN A SUS HIJOS lo suficientemente religiosos para que les obedezcan “manteniéndose a raya” y los suficientemente no religiosos para que no les dé por meterse a curas.
LOS HIJOS QUIEREN A SUS PADRES lo suficientemente religiosos para estar bien conceptuados y lo suficientemente no religiosos para que no les lleguen a “cargar”.
EL NOVIO QUIERE A LA NOVIA lo suficientemente religiosa para que sea una niña seria, y lo suficientemente no tan “seria” en algunos momentos.
LA NOVIA QUIERE AL NOVIO lo suficientemente religioso para que no vaya con “extranjeras” y lo suficientemente no religioso “para que le demuestre” que le ama.
LOS SACERDOTES QUIEREN A LOS SEGLARES lo suficientemente religiosos para tenerles a su servicio y lo suficientemente no religiosos para no sentirse “handicapados”.
LOS SEGLARES QUIEREN A LOS SACERDOTES lo suficientemente “buenos” para que les aguanten sin chistar y lo suficientemente no religiosos para que no les impulsen a comprometerse demasiado.
LOS JEFES QUIEREN A SUS SUBORDINADOS lo suficientemente religiosos para que no les compliquen y lo suficientemente no religiosos para que no les molesten.
LOS SUBORDINADOS QUIEREN A SUS JEFES lo suficientemente religiosos para que les paguen “religiosamente” y lo suficientemente no religiosos para que no les apostolicen.
Evidentemente, todas estas caricaturas de cristianismo adoptadas tal vez porque parecen cómodas, nada resuelven porque tan solo el cristianismo que compromete el ser del hombre es el que libera.
El cristianismo libera al hombre en la medida en que éste va comprometiéndose, pero para cada uno el compromiso tiene su ecuador que estará en el cumplimiento alegre de su vocación de cristiano.