El bautismo compromete a la santidad, a la proclamación de Jesucristo y a la ordenación cristiana de la sociedad. Si fuera todo esto verdad de manera automática en cada bautizado, no habría necesidad de mover ni un dedo. El bautismo no da más - nada menos - que la potencia para que la persona ejecute con la ayuda de Dios y su esfuerzo, todo lo que puede ser planificado en su vida para vivir en plenitud. Concienciarse del germen bautismal y propiciar su crecimiento y desarrollo, teniendo por meta en clave de horizonte móvil, la vivencia teologal del Abba, ha de ser la trayectoria vital del bautizado, pero todo esto requiere un personal despertar a unos valores que le tienen que ser más que comunicados, contagiados por quienes los viven, no por mandato, ni por la inercia de la tradición, ni argumentándoles con responsabilidades, compromisos y obligaciones que, cuando no son fruto maduro de una convicción vitalmente experimentada y voluntariamente profundizada, se convierten en un supuesto, supuesto que raras veces está en su puesto apoyando la acción externa y dándole empuje y consistencia de autenticidad, sino que se convierte en rampa o pista de miméticos cumplimientos rutinarios e hipócritas, incapaces de convencer a nadie y menos a los listos.
La pena es que donde lo cristiano está sin ser —sin ser vida en las personas que lo viven en sus vidas— lo cristiano viene servido, incluido y diluido en el menú del rutinario vivir cristiano, mezclado con él, de manera tan poco relevante, que la realidad de Cristo vivo y avivador de todo, no figura por ninguna parte, por cuya razón, todo resulta prosaico y poco atractivo, y ello es sin duda porque es imposible descubrir en él, este Cristo vivo, normal y cercano que es —gracias a Dios— lo único que es capaz de entusiasmar al hombre de hoy, que si se encuentra de verdad con EL, experimenta en directo y sin retóricas pías, que cuando se le ama porque se le conoce, y va conociéndole todo el que de verdad le ama, se hace luz y claridad en su vivir, y se aprende a verlo todo desde una perspectiva siempre nueva, interesante. alegre y gratificante.
Sabemos bien que el Movimiento de Cursillos es uno entre muchos otros, pero tal vez no muchos tengan por meta acercarse a los alejados, no ofreciéndoles una religiosidad impuesta que tan sólo aspira a ser correspondida por una reacción previamente acuñada gregaria e impersonal, sino que es otra cosa más interesante y distinta.
Es una lástima que para muchos lo cristiano les sea presentada de manera tan poco creativa y original, y lo peor del caso es que para muchos sea éste el único apeadero a su alcance para poder tomar el tren de la fe, donde normalmente puede y suele tener acceso a ella, exigiéndole tan sólo el importe de la tarifa barata de un escueto cumplimiento, que a veces se reduce tan sólo al cumplir por cumplir, a tal vez al siempre incómodo cumplo y miento.
El Movimiento de Cursillos desde sus inicios ha intentado sobrepasar la línea de este triste esquema y la realidad nos ha demostrado que esto es posible, porque cuando el hombre toma conciencia que es dentro de sí mismo donde se encuentra; el reino de Díos, al reflexionarlo desde su vida en gracia, no puede menos de entusiasmarse, sobre todo al sentirlo reflejado dentro de su conciencia por medio de su paz, su alegría y su bienestar consigo mismo, que es lo único que puede proporcionarle la felicidad alcanzable en este mundo y la que le va a producir el gozo de contagiarla a los demás.