Medio sigo y un poco más que, después de pensar, rezar, reflexionar y volver a rezar, el Señor quiso que, por fin, dispusiéramos de un medio adecuado para acercar la gente a Cristo.
Nos dolía que como se presentaba el cristianismo fuera muy poco atractivo, por haber llegado a ser, sino exclusivamente, si casi mayormente un severo código de prohibiciones incapaz de suscitar entusiasmo sobre todo a los que vivían alejados de la Iglesia, aunque fueran bautizados.
Y pensábamos, esa gente tan poco creyente y tan poco practicante, es de esta manera porque le pesa la ley, o porque ignora la Verdad.
Y sacamos la acuciante conclusión de que era porque ignoraban la Verdad, les pasaba como aquellos de los Hechos de los Apóstoles, que no conocían el Espíritu Santo porque nadie les había hablado de Él.
Había que hacer algo, pero algo vivo, concreto y atractivo para lograr que se interesan los que más interés teníamos en que se interesaran y a tal fin seleccionamos las realidades más vivas de nuestra fe, y sin quitarles nada su autenticidad, las pusimos en orden y en punta para que se clavaran en la mente y en el corazón de los que tanto necesitaban oírlas y sobre todo practicarlas.
Para ello había que reunirlos en un lugar determinado y aislado para propiciar el que las verdades que se expusieran pudieran ser reflexionadas, con las menores distracciones posibles.
Con mucho temor y mucho temblor y muy adentro metida aquella verdad de que “antes de hablar a los hombres de Dios hay que hablar de Dios de los hombres” …
Empezamos ahora hace 60 años la andadura del primer Cursillo de Cristiandad de la Historia.
Lo primero que se me ocurre al pensar en lo ocurrido después, es darle muchas gracias a Dios, por todas las innumerables gracias que se ha servido derramar sobre el mundo gracias a los cursillos, por todas las personas que a lo largo de aquella fecha se han desvivido para que los cursillos vivieran, por los movimientos que de su tronco han salido, por los que con sus oraciones y sacrificios han sido la salvia que continuamente ha hecho que estuvieran al día y a punto.
Todo esto y mucho más se me viene a la memoria a los 60 años de aquel importante suceso y ello hace que esté contento, pero no satisfecho porque todavía sigo pensando que hay demasiado Evangelio para tan poco mundo.