El Movimiento de Cursillos de Cristiandad es un instrumento que, mediante un método propio intenta y por la gracia de Dios consigue, que las realidades esenciales de lo cristiano, se hagan vida en la singularidad, en la originalidad y en la creatividad de cada persona; para que descubriendo sus cualidades y aceptando sus limitaciones, vaya tomando interés en emplear su libertad para hacerlas convicción, su voluntad para hacerlas decisión y firmeza para realizarlas con naturalidad en su cotidiano vivir personal y comunitario.
En el mundo de hoy, se puede detectar con toda evidencia que existe mucha religiosidad sin fe, mucha moral sin convicción y mucha política sin auténtica preocupación por los demás.
Por eso es más que nunca necesario subrayar, poner de relieve y en primera línea, unas verdades que, al correr del tiempo, han ido llegando a la gente normal y corriente, de manera difuminada, desleída y no pocas veces tergiversada y sin la energía precisa, para convencer y menos entusiasmar; razón por la que muchos bautizados, en lugar de vivir su fe, están aparcados en su ignorancia y en unos criterios que distan mucho de la verdad.
Por la vía de la costumbre y de la rutina, han llegado a creer:
Que la Iglesia la integran solamente los obispos, los sacerdotes, los religiosos y las religiosas.
Que el llamamiento a la santidad lo tienen en exclusiva tan sólo una determinada clase de cristianos.
Que puntúa más el estar encuadrado en alguna asociación o movimiento, que el hecho de estar bautizado.
Que la conversión, es un salto súbito a la gracia, olvidando que más que otra cosa, es una actitud siempre vigente, vigilante, dinámica y constante en la vida del cristiano consciente.
Estas realidades, y algunas más centradas en su verdad y explicitadas durante los tres días que dura el Cursillo, impactan, convencen y contagian a los que por propia voluntad, han resuelto asistir y participar en el mismo.
Y se les explica, siempre en positivo, lo que el Cursillo intenta conseguir, que:
Queremos ser y sentirnos Iglesia, no para mandar en ella, sino porque sólo a través de ella nos llega la energía espiritual de los sacramentos.
Que el "ser perfectos como nuestro Padre de los cielos", va para todos. Que el título más importante al que se puede aspirar es el de bautizado.
Que al vivir en gracia consciente nos vamos convirtiendo cada día y cada momento.
Cuando estas verdades se presentan en vivo y en directo por cristianos que las evidencian encarnándolas con fe viva y naturalidad humana, estimulan el vivir y contagian alegría, porque el bautizado descubre no tan sólo su función, sino su misión, que al ir realizándola y contagiándola en su normal vivir, descubre el sentido de su vida y el gozo de vivirla a la luz de Dios junto con los hermanos.
El estilo y el talante de los cristianos, si no se les desubica, logra despertar el interés de los que viven en su entorno familiar, y social, siendo en donde viven su vida, fermento vivo y operativo, hasta tal punto que muchos pasan de un cristianismo de comportamiento a ser cristianos con plena convicción. Estos crean y animan en sus respectivos ambientes redes de comunicación personal y solidaria, que les dan conciencia de cohesión amistosa y gratificante. Así, por contagio, hasta muchos cristianos creídos se vuelven cristianos creyentes, y la ola de inquietudes que levantan entre unos y otros, hasta ha conseguido que los escépticos atenuados y los creyentes debilitados, despierten de su letargo.
Nuestro Movimiento, por la gracia de Dios y las oraciones de muchos, intenta conectar, comunicarse y crear amistad, entre unos cristianos que se esfuerzan por vivir su fe evangélica en espíritu y en verdad, con otras personas que viven una vida sin el Cristo vivo que la vivifique, y que vueltos hacia fuera por las exigencias del vivir, o quizá tan sólo de sobrevivir, no tienen tiempo de preocuparse ni de ocuparse de sí mismos ni de los demás.
Para tratar de conseguirlo, el Movimiento de Cursillos propicia, persigue y busca tres encuentros:
Con uno mismo
Con Cristo y
Con los hermanos
Encuentros que, con el interés del interesado van evolucionando, y al transformarse en amistad, le van descubriendo el sentido de la vida, de su vida, lo que le estimula y dinamiza para vivirla y contagiarla con mayor conciencia y plenitud partiendo siempre de sí mismo.
El encuentro con uno mismo. Es el más importante, porque es el que facilita, simplifica, allana y prepara el encuentro con Cristo y el encuentro con los hermanos. Su importancia radica en que, antes que otra cosa, lo que más precisa es que cada uno intente ganar el espacio interior de sí mismo, donde está situado el reino de Dios, que es la potencia del ser para adquirir con ello la dignidad de cristiano desde dentro, pues sin esa dignidad lo demás es inútil, y no puede ser eficaz.
El encuentro con Cristo, es el encuentro con el Cristo del Evangelio que, por la gracia está vivo, real, amigo y cercano en cada uno, y que a medida que se va captando en toda su verdad, se habla de El, porque "de la abundancia del corazón habla la boca". Se habla con EL en la oración, y se llega a dejarle hablar a El; para que oriente nuestra vida, porque vamos notando su presencia, y hasta experimentamos su cercanía. Sobre todo cuando en lugar de hacer las cosas por Dios, llegamos al convencimiento de que las hacemos a Dios.
El encuentro con los hermanos, es el encuentro con los hermanos posibles, concretos, cercanos. Tal vez hoy la noción más actualizada y más simple del amor al prójimo, es la inmediata posibilidad de hacerse amigo del cercano. Hoy la vida es complicada, y el no poder encontrar tiempo ni espacio para lograr tener una comunicación cordial y amistosa, puede ser un obstáculo que le impida a uno poder compartir con otros su ser cristiano, y por tanto a ir creciendo y desarrollándose en el terreno del espíritu.
Hacerse amigo del cercano es la clave para sentirse movido desde dentro a ser transparente y coherente consigo mismo, lo que es muchísimo mejor que si el impulso le tiene que llegar desde fuera, porque la amistad crea cercanía y la cercanía no siempre crea amistad..
El encuentro con los hermanos nos hace más aptos para ir conociéndonos mejor a nosotros mismos y nos abre el camino para también conocer mejor el plan de Dios para cada uno de nosotros y de los demás, activando nuestro ser y nuestro hacer al filo de nuestras posibilidades personales y sociales según las circunstancias concretas de lugar y de tiempo: de nuestro ambiente.
Para que la visión, la óptica, el enfoque y la perspectiva evangélica descubierta o redescubierta en el Cursillo, no se vayan erosionando con el tiempo, y se mantenga viva en su convicción, active su decisión y le afirme en su constancia, el Movimiento de Cursillos ofrece a los que han vivido los tres días que dura el Cursillo, unos medios muy concretos que a lo largo del tiempo han demostrado ser eficaces, estos son la Reunión de Grupo: la vida como realidad compartida en amistad. Y la Reunión de Ultreya: circunstancia periódica que posibilita que lo mejor de cada uno llegue al mayor número posible.
Esto es lo que el Movimiento de Cursillos puede ofrecer al hombre de hoy. No proponemos al hombre de nuestro tiempo riquezas perecederas, sino que queremos poner a su inmediato alcance los bienes de la gracia que elevan al hombre a la dignidad de hijo de Dios y que por eso le sirven de auténtica ayuda para hacer su vida más humana, al mismo tiempo que son la garantía de tal vida.
Este es nuestro mensaje, que cuando es captado por la inteligencia de la persona y acogido en su corazón, le propicia el descubrimiento de que es posible ser cristiano en el lugar y en el ambiente donde Dios la ha plantado, y tener el criterio que se precisa para crecer y desarrollarse en él, sabiendo que el cristiano, esté donde esté, si es cristiano de verdad, por el hecho de serlo, convierte cualquier ruido en armonía.
Soy testigo, desde la primera hora, que cuando el Cursillo se desarrolla así, da siempre resultado en el terreno del espíritu.
Eduardo Bonnín