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1/MAY/1966
I Ultreya mundial en Roma
Relato de la I Ultreya Mundial en Roma que resalta la unidad universal de los cristianos y la centralidad de lo fundamental: amar a Dios y al prójimo. Advierte contra el triunfalismo y propone vivir la fe en lo cotidiano mediante la amistad, la Reunión de Grupo y la Ultreya.

Ante el Papa, ante el Vicario de Cristo, ante el Sucesor de Pedro fuimos convocados y acudimos a la cita, varios miles de Cursillistas de todo el mundo y allí estuvimos en contacto cálido y vivo con personas de las más diversas procedencias, razas y países.

Allí vivimos ampliamente —palpablemente— la universalidad del ser cristiano, la gran verdad de que todos los bautizados formamos una unidad viva en Cristo, capaz de avivarlo todo.

Allí experimentamos una vez más, en toda su hondura, la enorme potencia de lo fundamental cristiano, que es amar a Dios y al prójimo y fin y esencia del Movimiento de Cursillos de Cristiandad.

Allí nos gozamos en la alegría de saber la plena vigencia conciliar de los Cursillos de Cristiandad, que no son una especie de retiro choc de tres días, sino un Movimiento de retorno a la santa simplicidad de los sustancial cristiano, para que todos podamos con más facilidad y normalidad, sentirnos Pueblo de Dios encarnado en el ambiente, sin dejar de sentir el escozor y la esperanza de saber que hay un mundo que busca a Dios, aun sin saberlo, que es estímulo y espuela para peregrinar con más fe, abriéndole camino.

Todo esto nos vigorizó la idea de siempre. De que es posible vertebrar en cristiano la vida y que nuestro concepto de cristiandad no puede ser el medieval, son el de ahora, el actual, el que conviene a nuestro tiempo, pero con el mismo espíritu apostólico de siempre, teniendo en cuenta la realidad viva de Cristo presente y vivo en la comunidad cristiana de hoy, para poder plasmar la realidad humana según la ilusión de Dios.

Lo humano puede ser exponente vivo de lo teológico, cuando es vivido por hombres que saben intuir lo profundo y son capaces de abrirse a la realidad de los valores de sus almas en gracia.

El armazón ideológico de estas jornadas vividas en Roma radicó en unas sesiones de estudio que tuvieron lugar en el Aula Magna del Palazzo dei Congressi.

La primera, a cargo de España, versó sobre la finalidad y la estructura fundamental del Movimiento de Cursillos.

Hace falta explicitar lo esencial para tener criterios claros y firmes. Interesa precisar la finalidad que se persigue, porque es un riesgo habitual el querer llevar las aguas al cauce de cada uno. Por ser mucho el caudal de inquietudes que el Movimiento de Cursillos despierta y desvela, es grande también el peligro de querer emplearlo para regar una parcela determinada y concreta con perjuicio de todo lo demás. Siempre existe la posibilidad de que alguien quiera convertir la viña del Señor, en la viña de los señores.

La segunda Ponencia, que fue presentada por nuestros hermanos de Méjico, que fue sobre el Postcursillo, en sus dos piezas claves: La Reunión de Grupo y la Ultreya. Ya que si es importante que las almas se encuentren con Cristo, lo es más todavía aún que le sigan. Y esto es lo que se consigue por la gracia de Dios cuando se entienden bien y se practican con fidelidad, la Reunión de Grupo y la Ultreya.

En la Reunión de Grupo, se convive a la escala del “tu” personal y amigo todo  el cristianismo vivido durante la semana, para aprender a vivirlo mejor a la escala del “nosotros” plural y unitario, en la Ultreya.

También vivimos en Roma unas hondas vivencias de Iglesia en sus dos dimensiones: Jerárquica y carismática.

Jerárquica, con el discurso de Paulo VI. Punto central de nuestra peregrinación, hacia el cual apuntaron todos nuestros deseos desde que tuvimos noticia de que nos iba a hablar.

Palabras certeras, precisas, vivas que iban dando un nuevo vigor a nuestras expresiones de siempre, al oírlas hechas comprensión paternal en boca del Papa, al hablarnos de Cristo, de la Iglesia del Concilio.

Cuando le oímos decir que los Cursillos de Cristiandad “van recorriendo con carta de ciudadanía los caminos del mundo” y que “la tarea permanente del laico seguirá siendo la inserción del cristianismo en la vida, mediante el encuentro y amistad personal con Dios y en la comunión con los hermanos” y que “un enfoque demasiado sentimental y casi exclusivamente piadoso y devocional en los métodos pastorales, el no dar siempre la importancia debida al núcleo esencial y a lo fundamental cristiano, entre otros factores que sería largo examinar, han hecho que no pocas de nuestras estadísticas y dentro de nuestros templos, aparezca acusador el desigual porcentaje de práctica religiosa entre el hombre y la mujer, entre el niño y el adulto” y “al veros el alma se abre a la esperanza, la religión con sus valores, si es presentada rectamente conserva todavía su poder de atracción, su interés en los hombres, en los jóvenes que, según vuestro lenguaje “pisan fuerte”, tienen estilo con puesto en las profesiones, con influjo en la vida”.

“Habéis querido venir aquí, centro y corazón de la Iglesia, para sentir más cerca sus palpitaciones, para acrecentar vuestro ya grande amor hacia ella, para tomar conciencia más viva de vuestra pertenencia al Reino de Dios sobre la tierra, para afianzarnos en los deberes y exigencias apostólicas que de ello derivan” “Sabemos que en vuestra palestra de espiritualidad y apostolado en el Movimiento de Cursillos, el “sensus Ecclesiae” es norte que orienta, palanca que mueve, luz y manantial que  inspira y vitaliza”.

Y el Santo Padre siguió diciéndonos entre otras muchas cosas: “Cursillistas de Cristiandad, Cristo, la Iglesia, el Papa cuentan con vosotros” y terminó con aquellas tres preguntas que fueron unánimemente contestadas con un categórico y rotundo “si” salido de lo más hondo del alma de cada uno.

¿Seréis siempre apóstoles?

¿Trataréis con vuestro testimonio de que la Iglesia aparezca al mundo bella como Cristo la vió, la quiso, la amó?

¿Estáis listos para realizar el programa del Concilio?

Y después la bendición, aquel extender los brazos como si quisiera abarcar toda la redondez de la tierra, y aquella mirada clavada en lo alto. Así debió mirar Cristo al dirigirse al Padre antes de la resurrección de Lázaro. Cuando hubo trazado sobre nosotros la señal de la Cruz, los ojos estaban húmedos y las gargantas roncas y los corazones ardientes.

La vivencia de Iglesia en su dimensión carismática, la tuvimos la misma tarde en el gran salón de la EUR, al celebrar la Ultreya Mundial con una múltiple diversidad de testimonios de todos los asistentes, expresada en las muchas vivencias que se contaron de todas las latitudes del mundo, manifestadas en distintos idiomas, que iban siendo traducidos al inglés, al alemán, al italiano, al portugués y al español, para que pudieran ser comprendidos por los más posibles.

Intervinieron hombres y mujeres. Unos de naciones poderosas y grandes y otros de países subdesarrollados donde el cristianismo dinámico y activo conocido a través del Movimiento de Cursillos, va abriendo gozosamente insospechados caminos a la esperanza. Gentes de naciones en que ha pasado por los Cursillos de Presidente de la República y gran parte de sus Ministros y gentes que tienen que vivir en el exilio porque en su Patria no se la deja vivir. Personas de todas las geografías, de todos los estamentos, de todas las razas, iban dando su nota característica peculiar, pero era una sola la realidad testificada: Cristo. Cristo hecho gesto vivo en la vida de cada uno.

Después de este singular acontecimiento de Roma, tal vez sea oportuno señalar, entre otros, dos peligros que pueden fácilmente presentarse, y en los que hemos de procurar no caer: el triunfalismo y el “monumentalismo”.

El triunfalismo. Creernos que, con las Jornadas vividas en Roma, los Cursillos de Cristiandad “ya” han realizado su peregrinar. Pensar que porque los aplaude el Papa, ya están realizando en pleno sus propósitos, olvidando  que lo que se precisa es seguir trabajando y luchando siempre para que de cada día sean más los hombres que conozcan a Cristo y le sigan en espíritu y en verdad.

El otro peligro es el “monumentalismo”. Vivir de acontecimientos extraordinarios, de grandes manifestaciones religiosas, de banquetes espirituales, y no del Pan nuestro de cada “semana” de nuestros medios normales de vivir en cristiano la vida, que para los que hemos vivido un Cursillo de Cristiandad, sabemos bien que son: la Reunión de Grupo y la Ultreya.

Sería a todas luces una dificultad, buscar tan sólo volver a tener pronto otra Ultreya Mundial y que esto llegara a interesarnos más que universalizar al máximo nuestras Ultreyas.

Para ello existe el remedio de siempre: ser santos, en clima de Reunión de Grupo, viviendo en Ultreya.

Santos. Valorar por encima de todo la santidad, ya que intentar ser santo es el intento más noble y más de hombre que se puede intentar en la vida, pero santos profundamente humanos, como los necesita el mundo de hoy, con una valoración bautismal de nuestras vidas y de las de los demás, pues al hombre de hoy, le sobra un exceso de poder sobre lo superficial y le falta un conocimiento comprometido de lo profundo que tan sólo los que viven a Cristo le pueden dar a comprender y a amar.

En Reunión de Grupo, donde se vive en amistad, llevada al terreno de lo sobrenatural que crea una circunstancia que va posibilitando en la vida la vivencia auténtica, continúa y progresiva de lo fundamental cristiano. Donde Cristo está entre todos hecho afecto, apoyo y compañía en “el otro” que es yo mismo. Donde se experimenta en toda su gozosa verdad aquello del Evangelio “Donde dos o tres se hallen congregados en Mi Nombre allí me hallo Yo en medio de ellos”.

Viviendo en Ultreya, que es la Reunión de Reuniones de Grupo (no su mera yuxtaposición) que se tiene en una localidad determinada. El lugar donde se vive lo que en el Cursillo se dijo y donde todos pueden ver desviviéndose a los que lo dijeron. Método para proporcionar a los cristianos cauce normal para compartir su cristianismo a ritmo de Iglesia viva y universal. Actualización entre nosotros de los “Hechos de los Apóstoles”, que “se reunían todos en un mismo lugar”. Encuentro semanal para que los que en la localidad viven, quieren vivir, o sienten no vivir lo fundamental cristiano, puedan compartir de todos a todos, lo que viven o intentan vivir, para revertir con más brío sobre los que no lo viven.

El ir logrando todo esto en el mundo depende principalmente de que en cada Diócesis haya dirigentes, que hayan personalizado el ideario y lo vivan.

El Movimiento de Cursillos vive y lo aviva todo, donde hay un grupo de Sacerdotes y seglares dispuestos a desvivirse para que viva. Sin paternalismos, pero sin olvidos. Sin apropiarse de los Cursillos, ni alterarlos, ni emplearlos para finalidades secundarias, que pueden ser muy buenas en sí, pero que jamás pueden lograr el empuje y la fuerza que se experimenta cuando el Movimiento de Cursillos se mueve en su área propia, que es lo fundamental cristiano.

Tengamos mucha confianza en Dios y en los hombres de Dios, para que este poderoso instrumento de los Cursillos, sea siempre empleado de cara a las almas y pueda segur dando los frutos que según nos dijo Paulo VI en Roma, Cristo, la Iglesia y él, esperan.

Eduardo Bonnín

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