La actitud:
ante todo, lo humano, es la que marca la incidencia del cristiano en su ambiente, en la sociedad y en el mundo, sobretodo cuando con la permanencia y la progresividad de estas actitudes, evidencia que no son super-puestas, ni superficiales, ni mandadas, sino que son impulsadas, desde su raíz por la savia cristiana que riega y vigoriza su ser de persona y le da coherencia. El área de lo seglar es el cuadrilátero donde tiene lugar la constante lucha y el denodado esfuerzo que supone – si se tienen nervio y casta- el ser cristiano.
Ser cristiano sin ser primero persona, tiene el gran peligro de encontrarse personaje de las cosas pías sin base humana ninguna, y entonces la religiosidad que pretenden promover con sus numerosas y continuas actividades, resultan chatas, grises y aburridas, sin punta que incida, avance y consiga algo en la vida de los demás.
Cuando lo apostólico no sale de dentro, insensiblemente a veces, y por el deseo de mandar y protagonizar casi siempre, se lanza uno a obedecer, sin pensar, sin chistar, sin reflexionar, y se vuelven impermeables a la percepción de las ideas y los sentimientos de los demás y hasta atropellándoles por algún apartado de la ley de la cual ellos se creen los defensores titulados.
Para huir de si mismos se dedican también a enseñar, cuando alguien enseña algo vital que él no vive vitalmente casi siempre se consigue lo contrario de lo que se persigue.
Practicar por evasión, practicar por no afrontar la vida, practicar porque lo pasa uno mejor dedicándose a sus devociones que a sus obligaciones, practicar de tal manera que más que comunicación con Dios es incomunicación con los hombres, no conduce a la realización de lo cristiano en la vida de uno y en la vida de los que viven en su entorno, sino que al darse a sí mismo y a los demás una caricatura de lo cristiano, logran desvalorarlo y desacreditarlo a fuerza de deformar continuamente su imagen.
Desde que la pureza ha sido sustituida por la pobreza y desde que ha subido el nivel económico de los que trabajan y tienen un empleo fijo, ha ido aumentando en muchos el nivel de generosidad. Sin duda son más que antes los que pueden y saben tener una disposición generosa frente a los imperiosos llamamientos a la caridad económica. Es bueno dar al que no tiene, lo malo es cuando el que ha dado, se siente ya blindado por ello y creyéndose de manera obstinada y hasta un poco insolente, que el dar le exime de darse, es más, llega a creerse que no hay para que darse habiendo dado y se siente dispensado de otras muchas cosas más importantes como ser más sensible acerca de las ilusiones y los deseos de los más cercanos, no seguir hermético y poco comunicativo con las personas de su entorno, ni cerrar al diálogo y a la conversación, no teniendo para nada en cuenta a los demás, etc., olvidando aquello de que la caridad es amor, vive del pormenor y tiene que proceder microscópicamente de detalle en detalle.