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9/ABR/2026
La vivencia de lo fundamental cristiano
Explica la vivencia de lo fundamental cristiano como un triple encuentro: con uno mismo, con Cristo y con los demás. Destaca la fe como experiencia viva que se comunica por amistad, orientada a transformar la vida cotidiana desde la convicción, decisión y constancia.

La vivencia, es la experimentación personal de una realidad. Cuando esta realidad es tan concreta, viva y dinámica como lo es “Lo Fundamental Cristiano”: lo que fundamenta la fe de los cristianos, esto es: Cristo, el Señor, la vivencia se presenta y se presiente como una totalidad, como la síntesis instantánea de la expresión de una persona. Aquello que un sujeto experimenta como el contenido más nuclear de su existencia personal.

Es que cuando uno va descubriendo que lo cristiano no es sólo la posesión de una doctrina, ni sólo la práctica de una moral o de una liturgia, sino que es el hecho y el resultado de un triple encuentro de la persona consigo misma y, que partiendo desde sí misma, por la dinámica de dicho encuentro, va descubriendo y tomando contacto con Cristo y con los hermanos, al mismo tiempo que experimenta con asombro que el Cristo del Evangelio puede sentirse vivo, actual y actuante en uno mismo, siempre que la persona que es ya cristiana por su Bautismo, intente ejercer de cristiano en espíritu y en verdad, esto: con esclarecida convicción, con firme decisión y con probada constancia.

La novedad perenne de los Cursillos de Cristiandad, la nota que más les caracteriza, es que intentan -y por la Gracia de Dios y las oraciones de muchos, van consiguiendo- ser instrumento y vehículo eficiente, todo él ordenado y dirigido hacia el empeño, constantemente mantenido, de que cada uno tenga muy claro y muy presente que cualquiera ansia de evangelización -palabra hoy tan de moda- debe empezar y partir desde dentro de uno mismo, con un honrado esfuerzo, profundizado, reflexionado y rezado, para captar las oportunidades latentes de Evangelio que se van presentando en el camino de su cotidiano vivir, con el fin de ir logrando, mediante su actitud radicalmente positiva frente a las personas, los acontecimientos y las cosas, que sin motivaciones culpabilizadoras, siempre muy poco verdaderas y siempre discutibles, vaya cambiando o mejor dicho madurando y evolucionando su horizonte mental, desde el saber que un día deberá de “dar cuenta” de su vida, hacia la gran ventura que es siempre también la gran aventura de saber “darse cuenta” de que vive, porque sabe valorar su vida y sabe al mismo tiempo agradecer a Dios con alegría, el gozo consciente y gratificante de su existir.

Y lo mejor de todo esto es, que si no se interrumpe el proceso, ésta actitud, pasa a ser norte de la vida de los que con ilusión, entrega y espíritu fraterno, han vivido la experiencia de un genuino Cursillo de Cristiandad; porque lo allí vivido no se acaba una vez concluído el Cursillo, sino que al que ha tomado parte activa en él, se le explican y se le ofrecen al final del mismo, los medios adecuados para ir logrando llevar al mismísimo ruedo de su vivir, lo allí vivido, que consiste en realizar con la periodicidad que se precisa, lo que llamamos “REUNIÓN DE GRUPO” -la vida como realidad compartida en amistad, y la “ULTREYA”- circunstancia que posibilita que lo mejor de cada uno, llegue a los más posibles.

Todo esto, no son fantasías teóricas, pero lo serán si después del Cursillo se le aturde con compromisos y responsabilidades hacia otras áreas que no son las suyas, las de su normal vivir, con el propósito, sin duda ninguna bien intencionado, de que dilapide el capital de generosidad, descubierto en el Cursillo, gastándolo en “ofertas apostólicas” que tanto abundan y atosigan hoy en el concurrido mercado de lo pío, donde todos buscan adeptos para todo. Pero si sigue fiel a la trayectoria real y práctica que al final de los tres días se le da a conocer, lo Fundamental Cristiano que en un principio fue solo triple encuentro, se irá transformando y personalizando en cada uno en amistad cálida, viva y concreta, primero consigo mismo; aceptándose como uno es, pero al mismo tiempo tratando de hacer converger sus efectivos hacia la potenciación de sus virtudes y la posibilidad de ir venciendo sus defectos, para que, desde esta actitud querida, mantenida, acrecentada y centrada en lo humano, se vaya abriendo al amor del Cristo vivo, normal y cercano, y al de los hermanos concretos, aceptados y comprendidos.

En resumen, el Movimiento de Cursillos de Cristiandad se propone que el mensaje, vivo, actual y operante del Evangelio, pueda llegar al hombre de hoy, que tal vez ignora la potencia de lo cristiano y su efectiva eficacia, pero que le llegue de tal manera, que acierte a comprender que es simple, aunque no fácil, pero sí concreto y atractivo, aunque no sin esfuerzo.

Se puede decir con verdad, que el Movimiento de Cursillos consiste en la comunicación de la mejor noticia: que Dios en Cristo nos ama, comunicada por el mejor medio, que es la amistad, hacia lo mejor de cada uno, que es su ser de persona, esto es: su capacidad de convicción, de decisión y de constancia.

La doctrina, la ética y el rito enriquecen y expresan sin duda el gozo del encuentro y el disfrute de la amistad, pero no son lo fundamental.

Los métodos de comunicación de lo cristiano y los movimientos en la Iglesia han pretendido casi siempre en la historia profundizar en uno o varios aspectos o potencialidades concretas de lo cristiano. Los Cursillos, no; lo que pretenden o deben pretender, si quieren ser fieles a su idea germinal, es facilitar la vivencia de todo lo que es fundamental y sólo de lo que es fundamental en el cristianismo. De ahí que propicien la proyección cristiana en cada uno de los ambientes que ya le eran propios antes de sus encuentros -antes de vivir el Cursillo- y diseñen la realidad perenne del poscursillo sobre la base de compartir en amistad y no sobre vínculos propios de una estructura asociativa.

Cuando el mensaje de lo realmente fundamental es captado con ilusión por todos, al menos por los que están en búsqueda, no nos complica en la multitud de elementos accesorios que la historia ha acumulado sobre lo cristiano y sí nos potencia en la creativa libertad de lo específico de cada persona.

Eduardo Bonnín

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