Desde que iniciamos los Cursillos de Cristiandad, hemos venido pensando que, si teníamos que definirlos por su finalidad, tendríamos que decir que todo en ellos está orientado de cara a lograr que cada persona se encuentre consigo misma, y que, partiendo de ahí, se vaya encontrando con los hermanos en Cristo, y con Cristo vivo en los hermanos.
El que cada uno, al sentirse en su singularidad de su ser individual, tienda a irse realizando como persona, y por tanto sujeto con capacidad de convicción, de decisión y de constancia, y así vaya descubriendo su identidad.
El Cursillo ante todo pretende que cada una se acepte como es, comprenda que puede ser mejor, y se resuelva a tener el buen gusto de hacer en camino en compañía.
El encuentro con Cristo es un encuentro con Cristo interiorizado, vivenciado y encarnado de manera humana, normal. natural, de tal forma que propicia, facilita y conduce al encuentro con los hermanos. Pero con unos hermanos concretos, próximos y amigos.
Las tres vertientes de estos tres encuentros, cuando no son manipuladas, aderezadas o distorsionadas, pretendiendo ofrecerles prioridades que enredan y generosidades, que, por no ser fruto maduro de su convicción, en manera alguna lo son de su decisión y muchos menos de su constancia.
Desde el inicio de los Cursillos, la gente "de Iglesia" no ha podido menos de asombrarse ante la desbordante y no pocas veces desbordada generosidad que los Cursillos provocan, suscitan y van consiguiendo.
Nuestra preocupación constante ha venido siendo la de no distanciarnos de los hombres con quienes nos vamos encontrando a lo largo del camino corriente de nuestro cotidiano vivir,
Desde las altas cumbres científicas hasta la vasta llanura del pensamiento popular, nos han interesado siempre las corrientes de pensamiento cristiano que han ido recorriendo la Historia, produciendo luz para esclarecer situaciones dadas, y calor, clima y aliento para fermentarlas evangélicamente.
En "Vertebración de Ideas" y en el "Como y por qué", ya mencionábamos algunos autores que en aquellos tiempos estaban en lo que suele llamarse la cresta de la ola.
Romano Guardini "La Esencia del Cristianismo", 1945. Karl Adam "Cristo Nuestro Hermano", 1939. Alceo Amoroso Lima, Tristán de Athaide "Los Mitos de Nuestro Tiempo", 1944. Pedro Bayard "La Acción Católica Especializada", 1944. Cardenal Manuel González Cerejeira "La Iglesia y el Pensamiento Contemporáneo", 1945. Manuel García Morente "Ideas para una Filosofía de la Historia de España", 1943.
"Devorábamos" prácticamente todos estos autores, como hemos seguido y seguimos devorando los de después. Porque ayer como hoy y como siempre nos ha interesado estar al corriente de todas las corrientes que corren, de las que circulan, de las que no se estancan y aíslan, de las que impregnan el vivir porque del vivir parten y al vivir se dirigen.
Desde siempre y aun ahora, nos sigue interesando más la aventura que la seguridad. Hemos ido prefiriendo la fidelidad a la verdad que el domesticarla, amasarla y hacerla roma.
Nos hemos sentido fieles hijos de la Iglesia, y por eso de las grandes alegrías que el Señor nos ha proporcionado, que son muchas y profundas, a lo largo y a lo ancho de toda la geografía del mundo, en nuestro gozoso servicio a Cristo, en el Movimiento de Cursillos, destacaríamos el día y la hora en que pudimos oír de labios de., Paulo VI, aquellas palabras rotundas, cálidas y emocionadas que nos dirigió con motivo de Ultreya Mundial en Roma. - Todo esto nos animó, nos reconfortó y nos dio nuevo empuje para seguir y proseguir
con más entusiasmo y más firme tesón en el camino de todas las horas y de todos los días. Donde el mensaje se ha adulterado, donde los que han hecho Cursillos, no han sido manipulados para convertirlos en agentes o animadores de tinglados, que suelen ser siempre buenos, pero que les quitan la punta, el empuje y la garra que les hace incidir en el mundo, en su mundo, donde están, de manera convincente, activa y operativa.
La esencia del Cursillo, el triple encuentro convergente: con uno mismo, con Cristo y con los hermanos, no puede actualizarse por decreto y los efectos que produce en la persona, siempre son algo radicalmente original, que no admite manipulación ninguna.
Nadie enseña tanto como la vida misma, pero es de hombres intentar ir descubriendo las razones, las causas y los motivos que iluminan y esclarecen nuestro vivir. Las ideas realizadas y los hechos estudiados y reflexionados desde sus razones y motivaciones abrillantan el proyecto personal de cada persona y de cada colectividad, y le van conduciendo a la posesión de una teoría para la práctica y una realización práctica de la teoría.
Ello, desde los inicios de los Cursillos, nos ha hecho estar atentos hacia quienes mejor han expresado la inquietud cristiana de cada momento, en el terreno de la teoría, y en el área de la realidad cotidiana en que los hombres intentan realizar lo cristiano y lo humano. No siempre nos hemos encontrado con trigo limpio, algo ha chocado a veces con nuestra convicción, pero hemos tratado de aprovechar la circunstancia, para afirmarnos en lo absoluto.
Siempre nos hemos complacido escuchando a todos, y nos ha llamado la atención la desgana y el poco interés y la incomprensible apatía de los cristianos de siempre.
Hurgando en esta cuestión no es difícil comprender su actitud que no deja de ser, hasta en cierta manera lógica. Por exigirles decisiones forzadas, en manera alguna han podido ser fruto de su convicción.
E1 escuchar a los profetas ha sido siempre el mejor medio de mantener y acrecentar el espíritu para avizorar el futuro e ir entendiendo mejor las vicisitudes del presente.
Ello nos ha llevado al conocimiento de los autores más significados de cada época y de cada etapa de ella, con el fin de conocer lo más exactamente posible las ideas, las actitudes, los anhelos, los sentimientos y los acontecimientos que van debatiéndose en la vida.
Hemos podido ir comprobando que la verdad deviene, mana, se sucede y lo que hoy es oportuno, mañana deja de serlo. Sabemos la verdad de aquello que nadie se baña dos veces en un mismo río, pero lo fundamental cristiano, no está fundamentado en los acontecimientos en los que vive el hombre, sino en la idéntica resonancia que van teniendo en él los acontecimientos vitales, humanos por el hecho de ser vitales, manifestación viva de que se vive, y por el hecho de ser humanos, esto es común a la generalidad de los hombres.
El hambre de trascendencia, de finalidad, de sentido, es carencia que puede experimentar cualquier persona capaz de pensar en profundidad; cuando lo hace, y se va concienciándose de ello, no encerrándose en sí mismo, sino en contacto con otros, va descubriendo que su situación es común a todos.
El hambre de trascendencia unifica, hermana, iguala, crea fraternidad, que se produce siempre entre personas que se sienten viviendo una misma circunstancia.
Hay un dilema que nos sale al paso del diario vivir, por poco que reflexionemos las personas ¿Nos amamos porque nos conocemos o porque nos desconocemos? Amar a alguien de quien conocemos tan sólo las virtudes, amar por..., o amar para…, es relativamente fácil. Las dificultades empiezan cuando nos sentimos impulsados a tener que amar a pesar de.... o precisamente por.
Hay quien es feliz cuando puede ir dándose cuenta de lo que sucede, y hay quien sólo lo es, cuando puede inhibirse de su entorno, unos son felices en la medida que piensan en todo y otros lo son en la medida en que dejan de pensar en algo.
Los hombres son todos diferentes, distintos, diversos, pero esto sólo en su fachada, en lo que se ve; en lo hondo, en lo fundamental humano, los hombres todos reaccionan de la misma manera, aunque matizada por pormenores que en nada modifican la visión de fondo.
Ir trenzando el hilo de los acontecimientos que nos suceden en el plano horizontal del tiempo presente, con los hilos verticales que van desde la realidad que vivimos hacia Dios, por el cual, sabiéndolo a no, nos desvivimos, exige estar atentos, despiertos, dinámicos y activos.
Tratar de conocer al nivel de lo posible, la "rosa de los vientos" de las ideas que circulan por el universo mundo, es algo enormemente fascinante. Siempre hemos intentado estar al filo de los sucesos y de las diferentes interpretaciones que han sabido darles los pensadores adelantados, inquietos y constantes, en el acerado empeño de buscar la verdad. Sentirlos cerca, intentar comprenderlos y hasta admirarlos, no es lanzarnos sin más por los ventanales que nos van abriendo sus ideas, sino aprovechándonos de la luz que saben filtrar para poderlas contrastar, afirmar y potenciar, ofreciéndonos la ocasión de experimentar, al vivo y de inmediato aquella verdad del Señor que el Evangelio nos recuerda: "quien no es contrario vuestro, de vuestro partido es ".
Los profetas siguen siendo incómodos porque abren los ojos a la realidad y desinstalan los biombos de convencionalismos que no dejan ver el atractivo perfil de lo real y verdadero, cuando la persona lo vive en plenitud y se esfuerza con fidelidad a mantenerlo y acrecentarlo.
Los profetas de la vertiente de Dios y de la vertiente de los hombres, han sido siempre para nosotros algo de gran ayuda y no poco estímulo. Los primeros para matizarnos de manera certera las realidades de Dios vivo, hecho presente en la vida y en la Historia por experiencias, ideas, conceptos, actitudes y vivencias escritas y expresadas con convicción y contagiadas por el espíritu que se manifiesta en sus escritos.
Los profetas de la vertiente de los hombres nos han hecho fijar en pormenores que jamás hubiéramos notado nosotros solos.
Conocer lo mejor posible "las corrientes que corren", sensibiliza para darse más cabal cuenta de lo que dichas corrientes mueven y remueven; ellas suelen ser portadoras de los deseos, las inquietudes, y las preocupaciones que se suscitan en el interior de los hombres de hoy y de siempre. Quienes por haber sido pensados y creado para ser amados y para amar, se pierden y pierden facultades, cuando pretenden conseguir finalidades fugaces, que no le aclaran las radicales contradicciones que está llamado a superar para encontrarse a sí mismo y en el fondo de sí mismo, encontrarse con Dios.