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1/OCT/1990
Puntualización sobre el método de Cursillos
Crítica al “Proyecto de Actualización de Ideas Fundamentales”, defendiendo la fidelidad al carisma fundacional de Cursillos. El texto advierte que algunos cambios diluyen su esencia, olvidando el protagonismo de la persona, la amistad y el encuentro con Cristo en los ambientes.

1. Los que estuvimos en los inicios del MCC, por razones obvias, no podemos eludir el deber de profundizar en los contenidos fundacionales de Cursillos y poner de manifiesto en cada ocasión en que se ponen en riesgo. 

Asumimos el hecho de haberlo hecho así tan sólo tímidamente en el pasado, pero tampoco hay que olvidar que no nos dieron “cancha” para ello.

2. Desde esta convicción, no abrigamos ningún temor a que en el método se introduzcan cambios que sean coherentes con el núcleo de lo que por ser esencial no es negociable; y en esta línea comenzaríamos por proponer el cambio del propio nombre del Movimiento, para que se denominara en lo sucesivo Cursillos de Cristianía.

3. Leído el “Proyecto de Actualización” desde esta óptica, nos duele ver que no contiene una verdadera actualización del mensaje, sino que lo diluye en las modas y los modos eclesiásticos al uso, despuntando su voluntad primigenia de incidir en el mundo real, con lo que el Movimiento podría alumbrar cada vez a más personas de iglesia, pero no una iglesia de personas ni unos ambientes vertebrados en la amistad con Cristo y con los demás sin perder su naturalidad seglar. 

4. Especialmente graves y significativos son los cambios regresivos que se proponen para el Cursillo, y la evidente presunción que establece el Proyecto de las distintas piezas del post-cursillo, Reunión de Grupo, Ultreya y Escuela de dirigentes- carecen de métodos o mecanismos propios y específicos de validez general.

5. En cuanto a las propuestas de cambios en el Cursillo propiamente dicho:

a) El Proyecto parece ignorar que al inicio del primer día del Cursillo se intenta mostrar a la persona lo más esencial que le ha dado Dios: su libertad-que le permite tener un ideal propio y su gracia; y que ambas cosas exigen que el tercer rollo o tema sea la explicación de lo que sucede cuando libertad y gracia convergen: que será lo seglar. Secular.

Por tanto, es el seglar y la secularidad, y no la iglesia, lo que siempre se ha tratado en ese momento del Método (al principio, en la perspectiva vigente en los años cuarenta, en la Acción Católica, y con mayor universalidad después). La Iglesia, en el Cursillo, se da a conocer por impregnación se transpira.

Como el poeta pudo decir a la dama de sus sueños “Poesía eres tú”, el cursillista percibe con claridad “Iglesia es esto”, lo que ha vivido en el Cursillo, o lo que debería ser. 

Es a este respecto curioso comprobar la enorme cantidad de veces que en el “Proyecto de Actualización” en su conjunto, se menciona la Iglesia y lo eclesial, y que poco se habla de Cristo y de la amistad. Justo al revés que en los auténticos textos fundacionales. ¿Somos conscientes de que la Persona de Cristo tiene un enorme atractivo para el hombre normal de fines del siglo XX que, en cambio no tiene ningún entusiasmo y sí algún rechazo por la institución eclesiástica?

b) Si se quiere compendiar en un solo rollo los temas de gracia, el segundo “rollo místico” nunca debería ser sobre la fe, como ya pretendieron hace años los extintos Cursillos de Militantes de la JACE la fe es en el Cursillo una respuesta, nunca una pregunta. Toda la metodología apunta a aprovechar la poca o mucha fe que tiene ya el Cursillista y cuestionársela es absolutamente contraproducente.

En el caso indicado de no mantener los rollos de gracia, éste podría versar sobre lo fundamental cristiano, por supuesto que, desde una perspectiva de proclamación, y no de mera disertación.

c) La pretensión de cambiar el rollo de Estudio por un rollo de Formación, es especialmente reveladora de falta de la mentalidad fundacional, que parte del protagonismo de la persona.

Estudio es algo que la persona hace (si quiere); Formación es algo que la persona recibe.

El Estudio puede llevar al hombre “a cualquier parte”, es creativo; la Formación quiere llevarle a un modelo preestablecido, es imitativa.

Cristo posibilita y exige a todos la reflexión, pero el aprendizaje tiene un transfondo elitista contrario a la misma esencia de Cursillos.

d) Pretender cambiar Estudio del Ambiente-que es el rollo que contiene la síntesis de todo el Movimiento cuando es auténtico-por otro sobre Estudio y Animación de los Ambientes resulta igualmente penoso.

Los Cursillos quieren aportar a la persona un porqué y ayudarle a descubrir el qué de su realidad, pero huyen de imponerle o siquiera sugerirle el “cómo” tiene que encararla, puesto que nadie descubrirá mejor ese cómo que cada uno vive en Reunión de Grupo.

En el Cursillo debe ayudársele a conocer sus ambientes y explicarle los engranajes vivos y personales que existen en ellos mismos y en su ambiente para transformarlos. Pero es el Cursillista quién sabrá mejor que nadie cómo debe incidir después en ese ambiente.

No deja de ser cómico que se hable de animadores turísticos en los hoteles masificados, o como si nuestra misión fuera asimilable a la de unas majorettes en un partido de baloncesto de la NBA.

e) El rollo seglar que sigue a Estudio del Ambiente (y que se imparte al iniciar la tarde del tercer día) debe ser un exponente claro y vivencial de cómo es un ambiente humano cuando ya está impregnado de Cristo y vertebrado por seglares auténticos. Este rollo puede denominarse Cristiandad o de otra forma, pero su contenido ha de ser éste.

Querer alterar esta lógica, e introducir en este punto un rollo sobre “comunidad cristiana” indica indubitablemente que de manera previa se ha desechado mantener la finalidad del Movimiento y que se apunta a una incardinación del cursillista en ambientes o estructuras eclesiásticos antes-o en vez- de promoverle hacia sus propios ambientes seglares

f) Observamos también que, pese a nuestras reiteradas peticiones en contrario, sigue manteniéndose la absurda supresión del rollo El Cursillista más allá del Cursillo, que es precisamente el más en punta y el más seglar del conjunto y que cubre el imprescindible fin de centrar los encuentros el Cursillo en la persona, antes de plantearle su dimensión colectiva de Grupo y Ultreya.

Nunca hemos oído ni una sola razón que avale esta mutilación del Método, si no es una vaga apelación a lo apretado del horario que desde luego no es de recibo cuando se cumplen los tiempos acordados.

g) Proponer que los dirigentes pasen a denominarse “responsables” es igualmente deplorable desde la mentalidad fundacional.

Dirigentes son, por la gracia del Señor, algunos, y responsables somos todos.

Si a alguien se le designa dirigente, se le está sugiriendo algo que puede ser y algo que puede hacer; si se le nombra responsable, se le sugiere lo que le puede pasar si no lo hace.

“Dirigente” se refiere a la capacidad de dirigir, que es algo dinamizante y motivador; “responsable” alude a la obligación de responder.

El rector se denomina así en el Cursillo dentro del estilo de ironía propio del Método.

Quien no sabe apreciar la ironía, no sabrá tampoco humanizar el mensaje.

6. En lo que se refiere al postcursillo y a sus métodos específicos, en lugar de recobrar la perspectiva inicial y genuina de Cursillos, se avanza en la línea ya iniciada hace años de desvalorizar los medios que tantas cosas han hecho posibles, en lugar de profundizar en su comprensión y actualizar de ellos lo que proceda, si procede.

Desde luego, no son esenciales en el cristianismo, pero sí lo son en el Método el esquema de Reunión de Grupo definido en Cuento Contigo y el proceso de la Ultreya netamente vivencial, centrado en Reuniones de Grupo de participantes no habituales, y seguida de la exposición vivencial de la experiencia de alguien y de breves intervenciones o comentarios a la misma, para terminar ante el Sagrario.

Por el contrario, si pretendemos entrelazar la Ultreya y la Eucaristía, estamos confundiendo los planos, y alterando sustancialmente, aun sin querer, el papel de los sacerdotes en la Ultreya.

En la Ultreya se comparte lo que se vive; en la Eucaristía se participa en lo que Cristo y la Iglesia son.

En la Ultreya el sacerdote asiste como el cristiano que sigue siendo; en la Eucaristía asume su función de Cristo entre nosotros. Parafraseando a san Agustín, podría decirse: “Con vosotros (en la Ultreya) soy cristiano, para vosotros (en la Eucaristía) soy obispo (o sacerdote)”. A veces mezclar varias cosas enriquece el conjunto, pero otras veces y desde luego en esta ocasión confunde, si no marea.

Por otra parte, hemos sentido siempre una gran simpatía hacia la misa luba, la misa criolla, etc. que son expresión de la singularidad de determinadas culturas hoy en minoría; pero por ello mismo teniendo la Ultreya vocación mayoritaria, hemos rechazado desde siempre la existencia de misas cursillistas, que empañarían nuestro verdadero perfil.

Aparte de alterar el papel del sacerdote en la Ultreya, incluir la Eucaristía en ella, haría sin duda aflorar curiosos papeles de seglar a menudo poco seglares, como los del coro, el lector, el acólito, el del cepillo o la colecta, etc.

Otra dimensión tiene en cambio las Ultreyas extraordinarias que se celebren con carácter diocesano, nacional o internacional, donde sí cabe claramente, y aun es aconsejable, la inmediatez de la celebración eucarística.

7. En resumen y sintetizando, los textos del “Proyecto de Actualización de Ideas Fundamentales” están orientados desde una óptica cristiana que nos parece infantil, que trata a los dirigentes como a servidores serviles de los demás, y a los cursillistas como si fueran tontos.

Aunque se alude reiteradamente a respetar la vocación de cada uno, se omite que en la práctica totalidad de los casos, ésta está ya en avanzado desarrollo cuando se asiste al Cursillo, y consiste en su realización como persona dentro de los ambientes del mundo en que viene desarrollando su vida.

La ambigüedad existente en todo el “Proyecto” en este punto entendemos tiende a fomentar el hacer de los de siempre, para poder ellos librarse de tener que ser.

En ningún momento observamos ningún esfuerzo serio para que los Cursillos sean realmente más ilusionantes para los que vienen “de fuera,” o para mantenerles en creciente ebullición cristiana tras haber vivido la experiencia del Cursillo.

A veces se critica los Cursillos de Cristiandad y no se critica la idea originaria, sino una parodia de estos que ha hecho a fuerza de desaguisados algún Secretariado Nacional, donde más que estudiar y comprender su esencia, que ésta es la razón de su creación y de su actividad, se ha intentado cambiar las cosas al ritmo y al talante de los que, sin entenderlos, han querido meter baza.

Lo que evidencia que no se tiene clara la idea originaria, o que se pretende desviar el Movimiento hacia otras metas. Son las “actualizaciones” que modifican o prescinden de elementos del Cursillo, manipulándolos de tal forma que difícilmente pueden servir a su genuino fin.

Por ejemplo:

El precursillo no puede hacerse en serie, por unas personas que enseñan y otros que aprenden.

El precursillo es simplemente el inicio de una amistad que generan, cuando no se distorsionan, la Reunión de Grupo y la Ultreya.

La disposición con que asisten los cursillistas hoy es más humana y más sincera que antes, pero sólo en pequeños matices.

La óptica religiosa siempre fastidia, hay que hablar a los que van a un Cursillo desde la óptica de la fe cristiana 

El retiro introductorio no pretende ser una exposición básica de la fe cristiana.

La primera meditación es un paro en el vivir de uno, para que reflexione y se encuentre consigo mismo.

En la segunda meditación se trata de intentar reunir los haces dispersos que el que acude a un Cursillo pueda tener de lo transcendente, y polarizarlos hacia la imagen del Padre, que sabe fundir en un abrazo de comprensión, de perdón y de ternura todo un distanciamiento, algunas veces culpable, y otro fruto de superficialidades ejecutadas más por distracción y despiste que por maldad.

La palabra “acogida”, además de paternal, es tremendamente cursi; el que acoge al cursillista es Cristo, el que se deja acoger por otros, evidentemente, no suele ser el más apto para ir a un Cursillo.

Ciertas presentaciones que, además del nombre y los apellidos, añaden profesiones o títulos producen cierta incomodidad a los que a lo mejor no tienen ni lo uno ni lo otro.

El rollo de ideal, más que abrir el camino a lo Transcendente, tiene que abrirlo a lo que transciende.

Es una falta de sentido común y de caridad avasallar el primer día al cursillista con cuatro rollos píos; sobre todo hemos visto algunos que a lo mejor estarían bien para un retiro de novicias atolondradas, pero no para unos hombres que, por vivir su vida de otro modo, tienen unos conceptos y unos valores, que tamizan las verdades a su manera, siempre muy distanciada del mundo clerical.

Si se pesca en el mar de la vida, de la vida que viven los más, los “peces” que acuden a la cita de un Cursillo, a no ser que el reclutamiento haya apuntado hacia “personas de Iglesia”, acuden con sus agallas y con sus espinas, y si de entrada se les procura una circunstancia donde cada uno pueda manifestar a su modo estas agallas y estas espinas, se sueltan dudas y se cuentan hazañas, lo que crea un clima incomodo, por haber pensado que la libertad de decir lo que se piensa favorece el clima que se pretende crear en el Cursillo.

El Cursillo, hoy más que nunca, tiene que estar firmemente asentado en la fe que viven, quieren vivir o les duele enormemente no vivir a los dirigentes, que tienen que dirigir necesariamente el Cursillo hacia su finalidad. Dirigidos a la vez éstos por un rector que, en todo momento, en unión estrecha, cordial y amistosa con todos, pero principalmente con los directores espirituales y los demás dirigentes-, ha de orientar, sin “mandonismo” ninguno, con unción, con santo real miedo, con asombro continuado, con la sobrenatural naturalidad, no de creer saber, sino de saber creer.

Los dirigentes no han de dedicarse a aclarar y disipar dudas, es muy corriente en la clausura oír decir a más de un cursillista: “Vine cargado de problemas, de dudas, de dificultades; aquí he eliminado bastantes, y me voy con una confianza enorme para irlas superando”.

El encuentro de los que no tienen fe, o no saben ver la que tienen, al contacto y al contagio de unas personas que la viven y la encarnan, que les sirven sin servilismos, que les atienden con entusiasmo, no solo con desinterés, sino siendo para ellos un gusto, que se portan en todo momento como amigos, y que quieren serlo de verdad, y no sólo los tres días de Cursillos, es el estímulo más acuciante, atractivo e interesante que podemos brindarles.

La proyección en el mundo de la fe que Dios nos regala en cada Cursillo no puede ser manipulada, ni teledirigida por ningún dirigente de este. Hemos de creer de una vez que la gracia es creativa, y como hemos comprobado mil veces, cuando la libertad del hombre se encuentra con el Espíritu de Dios, siempre se produce algo maravilloso, inédito e insólito.

Es del todo necesario que el cursillista sepa que todos en la Iglesia nos vamos convirtiendo.

Es una verdad básica que nos hermana a todos por la base.

Llamar a los dirigentes “responsables” es una expresión además de poco afortunada, inexacta, porque responsables lo somos todos en la Iglesia.

Resulta muy cristiano que un hombre de humilde profesión pueda en el Cursillo ser jefe de uno que siempre lo ha sido y lo es en su vida profesional. Más que una cura de humildad es una cura de verdad que necesitamos todos.

No rellenar las hojas de aficiones y suprimir los periódicos murales es echar por la borda dos maneras muy eficaces para conocer mucho mejor “a Juan”.

La palabra compromiso es palabra incómoda. Alguien ha dicho que “creer es comprometerse”, y no tan sólo creer, sino aun el hecho de vivir es ya comprometerse. Y para que a un hombre hecho y derecho le dé la realísima gana de comprometerse, ha de saber bien por qué.

Hay palabras en lo que hoy llamamos comportamiento cristiano que por los méritos contraídos en sentido contrario de lo que significan, suelen despistar y confundir, ya que el diccionario nos dice lo que la palabra significa, y la vida nos muestra, en vivo y en directo, lo que la cosa o el acontecimiento es.

Un hombre normal, desde su acera, ve al “comprometido”-siempre entre comillas-, como el hombre agobiado por compromisos secundarios que siempre lo tienen enredado, y al que le queda muy poco tiempo para estar con su familia, salir con la esposa, hablar con los hijos o jugar con los niños, porque tiene siempre una multitud de actividades que solicitan su presencia y su dedicación.

Es inadecuado dar el segundo día la meditación del “Sembrador”. El Evangelio es siempre oportuno, pero en este momento del Cursillo no conviene enfatizar que existen multitud de alternativas, mejor hacer converger todos los rayos de la atención de los cursillistas hacia la figura de Cristo.

Llamar “formación” al rollo de Estudio es despuntar su finalidad, no se trata de ningún tipo de lo que entendemos por formación, sino la simple aplicación de la inteligencia para captar de la manera más sencilla posible el don de Dios y su proyección en su entorno.

La celebración comunitaria de la penitencia es un acto cien por cien clerical, que no haría más que estorbar el proceso del Cursillo. Hay mucha gente que lleva mucho tiempo en la Iglesia y sigue siendo alérgica al folclore de las celebraciones de esta clase. Pretender que lo entiendan los novatos es tan arcangélico como creer que con la exposición fríamente ordenada de unas verdades se va a conseguir que ordenen su vida con ellas al momento.

Una conversión creciente no se puede enseñar ni realizar.

Ni el segundo ni el tercer día es oportuno avasallarles con expresiones triunfales sobre la Iglesia. La amamos demasiado para pensar que sea tan fácil asimilar unos conceptos que tan sólo la fe, la esperanza y la caridad en acto, vivida, encarnada y expresada pueden contagiar.

La historia de los Cursillos nos ha venido demostrando que la auténtica disposición de conversión, que siempre suele ser la actitud de conversión, que ha de ser perenne y continua en todo cristiano, no necesita ni de tres días, ya que, con medio segundo, tiene Dios más que bastante.

La gracia no actúa más allá de todo proyecto, sino que, como es algo vital, da nervadura y calibración evangélica al proyecto.

El seglar en la Iglesia se ha quitado; precisamente el rollo clave que mejor aclara que el seglar no es para hacer cosas, asistir a actos, hacer asistir a actos, sino para que creciéndose y desarrollándose donde Dios le ha plantado, con fe, con esperanza y con caridad, hecha vida por su conexión con Cristo, puedan ser manantial inagotable de sentido, emisores de autenticidad, e impulsores de energía y alegría evangélica en su familia, en su trabajo y en su diversión.

Esta es la aportación germinal, radical, básica, esencial y vital que el hombre seglar ha de aportar al mundo. Únicamente desde esta raíz que debe ser el indispensable punto de partida, puede llegarse a todo lo demás.

Precisamente el Cursillo no es ni puede ser en manera alguna una “comunidad fugaz”, pues de serlo, todo lo descubierto en el Cursillo sería mentira. Los Cursillos no han sido jamás individualistas, ni han estado jamás a la defensiva.

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