Muy queridos hermanos:
En la imposibilidad de reunirme con vosotros, a pesar de haber sido invitado a esos actos, porque mi edad y mis achaques no me lo han permitido.
Os quiero enviar mi saludo de hermano en Cristo y aprovechar esa circunstancia para animaros a permanecer fieles a los que prometisteis en el Cursillo. Tratad de hacerlo perenne en vuestras vidas, no solamente siendo cristianos, sino ejerciendo de tales en todo tiempo y lugar.
Cristo, la Iglesia, el mundo necesitan personas que, amando a Dios sobre las cosas, le sirvan en espíritu y en verdad. Personas que tengan y sostengan la valentía de irse descubriendo a sí mismas, aceptándose a la luz del Evangelio con la profunda convicción de que, a pesar de todo, Dios en Cristo les ama.
El hombre de hoy sólo es feliz cuando no piensa, olvidando que uno de los mejores dones de Dios les ha dado es la facultad de pensar y se halla desorientado porque no encuentran sentido a su vida, precisamente porque no le ha llegado la Buena Nueva de que Dios en Cristo le ama.
Tratemos de afinar y afilar los medios para que la Buena Noticia de que Dios en Cristo nos ama a todos, pueda llegar a los más posibles. Esta tiene que ser la meta perenne de nuestras inquietudes apostólicas. No cejemos en este empeño. Pensemos en aquello que dice “que no está bien, aquello que estando bien, podría estar mejor”.
Desde Mallorca, cuna de los Cursillos de Cristiandad, os envío un gran abrazo. Hasta todos los días y siempre.
¡DE COLORES!
Eduardo Bonnín