Mañana será como hoy. Ya no hay salida. Lo irreparable germina en ti como un cáncer. Saborea la impotencia del esfuerzo, y la impotencia aún más amarga y más secretamente desesperante de tu oración. Es el momento de pedir: pide ahora, porque tu súplica ha dejado de ser astucia y concentración humana, previsión, cálculo de probabilidades y es, por el contrario, auténtica oración. Ora con los pies hundidos en el peligro. Ora con la cabeza baja, ora cuando te encuentres acorralado contra la pared o herido de muerte. Ora cuando sientas la rebeldía en tus labios o el soplo de los demonios en tus oídos, ora en el silencio de la desesperación. Elevar una oración desde el seno de lo irreparable, esperar de Dios el aliento a través de las ramas enmarañadas de lo imposible. ¿Hay cosa más divinamente humana?
HOY QUE TE SIENTES ALICAIDO Y FASTIDIADO, es el día que Dios quiere que sea para ti el día de la valentía. Vete ante el Sagrario, y hazle saber a EL, tu fastidio, tu aburrimiento. Si parece que no te escucha, es que te quiere tanto, que quiere que redobles tu fe, para poderte redoblar tu mérito.
Es maravilloso que Cristo nos haya redimido, pero tal vez el formidable acontecimiento de la Redención nos eclipse una realidad que parece no percibimos.
Cristo encarnándose en nuestro vivir, nos dio la motivación, la orientación y la meta, para poder vivir sacando el mayor jugo posible a la vida.
Desde la rosa de los vientos de cualquier situación, conflictiva o no, EL es siempre el camino, la verdad y la vida. No tan sólo para solucionar cualquier caso que se puede presentar a la persona, sino para que, de cualquier asunto, por enredado que sea, y por complicado que esté, se pueda sacar algo bueno y positivo.
Al ser camino, es orientación, al ser verdad es esclarecimiento, y al ser vida es dinamismo, energía, vitalidad, fuerza para no desmayar hasta llegar a la solución más plena, satisfactoria y eficaz.