COMO ES: A mi entender resume y sintetiza todo el estado de la cuestión la cita de Teodoro Llorente, hace Severo Catalina en su libro “La mujer” —“El amor -dice- es un pozo de agua cristalina, pero la humanidad se da tal maña, que lo revuelve y lo revuelve y saca sólo el cieno del fondo”.
COMO DEBE SER: En la biografía de Manolo Llanos y sacada de su diario y de sus apuntes, se perfila la silueta exacta centrada toda en lo que él llama “el dulce singular”. Es la única manera de enfocar la cuestión si no se quiere salir por la borda del compromiso de Ejemplaridad.
En “El Ángel del Alcázar” ocurre lo propio.
Me parece que lo interpretan con toda exactitud algunos versos de Pemán:
Primera canción de su libro “Las Musas y las Horas” pág. 249.
Y más todavía en su otro libro “Las flores del Bien” pág. 126 y 127.
Gabriel y Galán no ha pasado de moda. Me consta que gusta a muchos jóvenes y que algunos lo leen de Matute porque no se les llame románticos trasnochados.
El ideal que estos señores han cantado entiendo que es el que debe perfilar el Consiliario en el corazón y en la mente del joven, si no quiere que el diablo, valiéndose de quien sea, le ponga otra cosa en sustitución.
Ardor viene de arder y siempre se arde por algo. Lo que no se da a Dios lo toma el diablo. A cierta edad no basta ocuparse en algo. El Espíritu quiere preocuparse por algo, y por algo que valga la pena, que cueste la pena. Si no damos a los jóvenes preocupaciones serias, se las buscarán ellos absurdas. Si logramos inocularles el santo bacilo apostólico, lo hemos conseguido todo. Sabrán centrar el amor en su eje sobrenatural y el cristiano y no a pesar del amor sino sostenidos por él cotizarán las almas y se sacrificarán por ellas con gusto y entusiasmo.
Creo que esto puede conseguirse infundiendo y fortificando en el joven una virtud honda, ilustrada, radiante, valiente, sacrificada y entusiasmada, sin rigorismos externos exagerados que, en vez de mover a la virtud, fomentan la hipocresía.
El objetivo es que el que tenga talentos para ello, (y son más de los que pensamos) ha de llegar a la conclusión reflexiva de que en el terreno del amor, como en todos los terrenos, si la formación es integral, el joven ha de ver que Cristo es el Alfa y el Omega y su Iglesia, que es El mismo vivido y propagado, la columna en que descansa todo lo que en el mundo lo entusiasma y el fundamento que sostiene todo aquello en que está él de acuerdo cuando está cuerdo.