Este Secretariado Diocesano de Mallorca, sin pretensión de entrar en polémica alguna, se cree en el deber de expresar su pensamiento sobre los llamados Cursillos Mixtos, toda vez que se han citado fuera de contexto algunas expresiones de Eduardo Bonnín por las que se quiere dar a entender que él afirmaba al decir “no hay almos sino almas”, que los Cursillos tenían que ser mixtos.
Como estas ideas fueron expresadas y difundidas en el informe que el Secretariado Nacional de España presentó a la reunión del G.E.T., y publicadas en su Boletín correspondiente al mes de marzo de 1996, este Secretariado ha creído conveniente que debíamos remitiros este documento en el que instamos exponer nuestro pensamiento, para que nadie se llame a engaño a propósito del escrito en cuestión, en el que parece que los iniciadores apoyan los cursillos mixtos. Y no tan sólo esto, sino que además en el mismo escrito hasta se llega a afirmar que esta clase de cursillos es el último y más actual eslabón de su desarrollo en su trayectoria natural y normal hacia la madurez de los mismos.
La frase “no hay almos sino almas”, fue dicha para expresar la necesidad de hacer también Cursillos para mujeres cuando todavía existía la prohibición de hacerlos, pero desde luego y rotundamente separados de los de los hombres, pues no hay duda ninguna que la masculinidad y femineidad de los Cursillos se debe a razones psicológicas que imponen como consecuencia las metodológicas.
Distinta psicología y sensibilidad en el hombre y en la mujer, son un obstáculo para el cursillo mixto. Diferente manera de ver los problemas, y diferente manera de reaccionar ante los mismos.
Por todo ello, y por todo lo que se pormenoriza en el escrito adjunto, este Secretariado cree que en conciencia debe hacer constar que los cursillos mixtos son contrarios a la misma esencia, finalidad y método de Cursillos de Cristiandad, y que en ellos se reduce, cuando no se diluye la energía espiritual que suscitan cuando se realizan con fidelidad al carisma fundacional.
Afectuosamente,
El Delegado Episcopal: Francisco Suárez Yúfera
El Presidente Diocesano: Juan Moncadas Noguera