SUPUESTA LA GRACIA DE DIOS:
UNA FE PERSONALIZADA Y LA DISPOSICIÓN DE UNOS MEDIOS:
Concretos
Dinámicos
Continuados
UNA FE COLECTIVA Y EL OFRECIMIENTO DE PODER EXPRESARLA DE MANERA
Convencida
Decidida
Constante
QUE ES UN CARISMA
Según el Diccionario de Pastoral, (Editorial Verbo Divino 1988), el término griego “carisma” significa “don”, “regalo”, equivale a “gracia”, a “dádiva” y a “llamamiento”, “vocación”. Prácticamente es sinónimo de “funciones” y “actividades”.
Los carismas son, por consiguiente, los efectos de Espíritu de Dios en el creyente singular, que nunca pueden ser exigidos por el hombre, ni pueden ser previstos por los órganos oficiales de la Iglesia, ni pueden alcanzarse por la recepción de los sacramentos.
“En su sentido más propio, el carisma se puede definir como la continua vocación concreta (abraza tiempo y eternidad) que se actúa en la comunidad cristiana, la constituye y edifica de manera permanente y está al servicio del prójimo en el amor”: y continúa el Diccionario: “Siendo imprevisibles sus formas, el carisma debe ser descubierto y aceptado, una y otra vez, siempre de nuevo, lo cual requiere una delicada acción de discernimiento y escucha del Espíritu en la comunidad eclesial”.
Dice la Teología que “un carisma” es “un don que da Dios a quien quiere, pero no para él mismo destinatario que lo recibe, sino para que de él se beneficie toda la comunidad y la Iglesia”
HAY DISTINTOS CARISMAS
A lo largo de la historia, el Espíritu Santo ha venido suscitando en la Iglesia según han ido demandando los tiempos, ideas, iniciativas, obras, organizaciones, movimientos, etc. para mantener y acrecentar la aplicación de las verdades del Evangelio a los hombres de cada época.
Dios, como nos dice en el relato evangélico, va sacando cosas nuevas y cosas viejas según conviene.
Por esta razón existen en la Iglesia multitud de organizaciones que pretenden, de manera diversa, llegar a la misma meta: al contacto del hombre con Dios, por su gracia.
EL CARISMA ESPECIFICO DEL MOVIMIENTO DE CURSILLOS DE CRISTIANDAD
El Cursillo de Cristiandad es un Movimiento que, mediante un método propio, intenta y, por la Gracia de Dios va consiguiendo, que las realidades esenciales de lo cristiano se hagan vida en la singularidad, en la originalidad y en la creatividad de la persona, para que ésta, descubriendo sus potencialidades y aceptando sus limitaciones, vaya tomando interés en emplear su libertad para hacerlas convicción, voluntad para hacerlas decisión y firmeza para realizarlas con constancia en su cotidiano vivir personal y comunitario.
Por esto decimos que el Cursillo de Cristiandad, es la mejor noticia, no hay ni puede haber otra mejor: que Dios, por Cristo, nos ama.
Comunicada por el mejor medio: que es la amistad.
Hacia lo mejor de cada uno, que es la capacidad que cada uno tiene de ser persona, esto es, de ser capaz de convencerse, de decidirse y de ser constante en su convicción y en su decisión.
Los Cursillos de Cristiandad no fueron pensado, estructurados y rezados para evangelizar el mundo sino el hombre.
El Movimiento de Cursillos de Cristiandad no nació como una respuesta de la Iglesia al mundo, sino como una manera de comunicar al hombre que Dios le ama.
El Movimiento de Cursillos, cuando no se aparta de su “carisma fundacional”, intenta conectar unos cristianos que se esfuerzan por vivir su fe evangélica en espíritu y en verdad, con otros hombres que viven una vida sin el Cristo vivo que la vivifique, y que, vueltos hacia fuera por las exigencias de la vida, no tienen tiempo de preocuparse, ni de ocuparse de sí mismos, ni de los demás.
QUE CONSIGUE NORMALMENTE EN LA IGLESIA EL MOVIMIENTO DE CURSILLOS.
El Movimiento de Cursillos, cuando no se desvirtúa, es un espacio y un instrumento para que los hombres se encuentren consigo mismos, se den cuenta de que existen, y de que existen también los demás, y se acerquen a ellos con ilusión, y mutuamente se comuniquen, se escuchen, dialoguen, se conozcan, se comprendan, se valoren, se respeten, y vayan aprendiendo a amarse; al mismo tiempo que el Cursillo va logrando esto de manera normal y natural, les ofrece también los medios concretos para que los tres encuentros que en el Cursillo experimentaron: consigo mismo, con Cristo y con los hermanos, se vayan transformando en amistad.
Esto es lo que la Iglesia, por medio del Movimiento de Cursillos, puede ofrecerle al hombre de hoy, y que por ello descubra que su vida tiene sentido.
EN EL MUNDO DE HOY
Cuando hablamos del mundo queremos referirnos al mundo de los hombres en el cual existimos y nos movemos.
El mundo de hoy, que como el de ayer y el de siempre, plantea al hombre dificultades, y le pone en su camino multitud de obstáculos, para que se aparte de su camino. Y que tal vez hoy más que nunca, por la diversidad de los medios de comunicación, le provoca con huracanes de estímulos inmediatos para eclipsarle lo verdadero.
EN EL PRESENTE TIEMPO
Pero lo que importa —y el Cursillo ayuda a conseguirlo— es no perder el rumbo a seguir, ni perder de vista la meta, porque no es el mundo, al que hay que salvar, sino el hombre, porque en su interior donde quiere estar el Señor, por la gracia, en su inteligencia y en su corazón, para dar sentido a su vivir. Para lograrlo, Dios, no se hizo estructura, se hizo hombre.
SUPUESTA LA GRACIA DE DIOS
El Cursillo propicia
UNA FE PERSONALIZADA
Presentando a Cristo amigo, normal, cercano, vivo que quiere tu bien y es omnipotente.
Tratamos de realizar, según nuestras posibilidades, l que nos recuerda el Santo Padre en la Encíclica “Christifideles laici”: ¡El hombre es amado por Dios! Este es el simplísimo y sorprendente anuncio de que la Iglesia es deudora respecto del hombre. La palabra y la vida de cada cristiano pueden y deben hacer resonar este anuncio: Dios te ama, Cristo ha venido por tí. Para ti Cristo es “el Camino, la Verdad y la Vida” (Jh.14-6)
Y LA DISPOSICIÓN DE UNOS MEDIOS,
concretos, dinámicos y continuados en la Reunión de Grupo semanal.
UNA FE COLECTIVA Y EL OFRECIMIENTO DE PODER EXPRESARLA DE MANERA,
Convencida, decidida y constante, en las reuniones periódicas que llamamos Ultreya.
Eduardo Bonnín