Que la mejor manera de cargarse los Cursillos es olvidar su simplicidad, que es, después de Dios y la oración, a lo que se debe el éxito indiscriminado que el Cursillo consigue con toda clase de personas y mentalidades.
Este es el servicio que han prestado y siguen prestando al mundo, y por tanto a la Iglesia, los Cursillos de Cristiandad.
Desde su iniciación, y dado el éxito que han tenido y tienen en los 5 Continentes, ha surgido en diversas ocasiones la tentación de canalizar dicho éxito para promocionar otras obras y finalidades, aprovechándose de la simplicidad del encuentro con la Persona de Cristo y con los hermanos los hombres.
El Episcopado Mexicano fue el primero que en una Asamblea plenaria escuchó, de los labios del M. I. Sr. Don Francisco Suárez, una exposición de lo que eran, lo que son y lo que nunca han dejado de pretender ser, los Cursillos de Cristiandad y crearon el 1er. Secretariado Nacional del mundo. Estamos convencidos de que el Episcopado Mexicano actual, lo sigue mirando con interés y no querrá que se desvíe de su esencia y su finalidad.
Creemos que el Movimiento no ha dejado de ser de avanzada, porque los jóvenes de hoy responden con más ilusión si cabe, que la que quienes los iniciamos cuando también éramos jóvenes.
No comprendemos que para ser avanzados tengamos que incorporar a los contenidos y actitudes del Cursillo la problemática pluriforme y coyuntural de cada época y lugar, olvidando lo que el hombre de todos los tiempos busca, para dar sentido y plenitud a su vida, y que sabemos bien que tan sólo lo va hallando, antes, ahora y siempre, en la medida en que, con honradez, va tratando de vivir el Evangelio en espíritu y en verdad.
En resumen, el Cursillo como es cosa de Dios que va en busca del hombre, aunque a mucha distancia, es en cierta manera como es EL: sorpresivo, novedoso, creativo. El Cursillo entre otras muchas cosas, es principalmente un encuentro con uno mismo, esto es, un vehículo apropiado para una experiencia de identidad. Un canto a la vida, un homenaje a la amistad y todo esto, no es ni puede ser matemático ni mecánico, sino evangélico. Lo que tratamos de conseguir es que la siembra sea generosa, el crecimiento, que es lo que depende del hombre, no sabemos si va a producir el 30, el 60 o el 100. Lo que si sabemos es que nunca se puede ser urbanistas de lo apostólico ni aplicar las matemáticas humanas para calcular la eficacia de la Gracia de Dios en el hombre, y en un grupo de hombres que se saben queridos por Dios, y que creen en el Espíritu Santo.
Eduardo Bonnín.