Tan sólo aguantan en la Ultreya los que saben lo que la Ultreya aguanta. Los que saben que necesitan de la Ultreya. Los que (son tan tontos que) se creen que la Ultreya les necesita a ellos, los que van por figurar, para “hacer” cosas, son los que suelen llamar “trabajo” a su que hacer cristiano. Unos trabajan con los obreros, otros con los catecúmenos, otros con los marginados, a los que “trabajan” les es difícil captar el concepto exacto y la significación precisa de aquella profunda expresión del Padre Damián “nosotros los leprosos”. Se diría que no se sienten viajeros en el tren de la vida sino más bien jefes de tráfico o por lo menos jefes de estación. Suelen dirigir las maniobras desde fuera y esto crea una distancia que les hacer ver el mundo del prójimo, desde una perspectiva paternalista y un tanto ausente y lejana.
Lamente acordarse de Santa Bárbara, cuando truena. Cuantas veces el Señor podría decirnos aquellos versos de Ricardo León:
“Nunca en hora serena
pones tu sien sobre mi pecho amigo
sólo en trances de pena
si el dolor te echa al cuello la cadena
temblando, vienes a llorar conmigo”
Sabemos guardar muy bien la calle de la tristeza, pero no sabemos circular con garbo por la avenida de la alegría.
Un contingente muy grande de gente, tal vez el más grande es el que circula por las vías de lo normal, lo natural y lo humano. En la normalidad, la naturalidad y la humanidad, allí hay que plantar la tienda.