CARTA DIRIGIDA A LOS SECRETARIOS NACIONALES QUE INTEGRAN EL G.E.T.
Es muy de agradecer que sin ser miembro del G.E.T. se me haya hecho llegar el número del Boletín correspondiente al mes de marzo de este año 1996, donde se relatan multitud de actividades que mueven a dar muchas gracias a Dios. Si bien entiendo que ello no debe de ser causa que nos eclipse la evidencia de ciertos fallos, bastantes de ellos obviamente evitables, o al menos aminorables, si se profundizara más en el conocimiento de la Mentalidad y el Método de los Cursillos, pero tal cosa es casi imposible, al menos por ahora, porque los libros y las publicaciones donde los que los concibieron y estructuraron los explicitan, por no haberse editado nuevamente, son muy difíciles de encontrar en el mercado, y ello se debe, sin duda alguna, porque el ansia de ir reformando los Cursillos al antojo de cualquiera, ha superado el deseo de estudiar a fondo su Esencia y su Finalidad, lo que ha hecho centrar más el interés en propagar las genialidades introducidas alegremente por algunos, que intentar profundizar en su auténtico conocimiento, prescindiendo de lo que dijo, muy acertadamente, Ellermeyer, que “un fenómeno histórico puede captarse adecuadamente sólo cuando se iluminan sus comienzos”.
Es curioso que desde el Boletín del G.E.T. – esta es la causa que motiva este escrito- donde se reflejan las actividades que se han hecho en distintos lugares de Europa, para poner en marcha o dar más vigor espiritual al Movimiento de Cursillos, sea precisamente España, que es la que debería ser la más fiel guardiana de lo que alguien certeramente llamó “el carisma fundacional”, por haber nacido los Cursillos en su geografía, sea la que ha aportado a dicha publicación una peregrina información desorientadora y reductora de la realidad, titulada “El porqué y el para qué del Cursillo “Mixto”, donde tergiversando y aderezando a su conveniencia elementos diversos como: la verdad histórica, textos de San Pablo y frases que yo dije con una intención completamente opuesta, tratan de defender la manera que menos dificultades ofrece para seguir haciendo y llamando Cursillos a algo que es muy distinto de lo que los iniciadores nos propusimos y que seguimos proponiéndonos desde entonces.
Sé muy bien que a la verdad histórica no hay porqué defenderla, ya que con el paso del tiempo se defiende sola, y menos me siento capacitado para criticar acertadamente el pintoresco uso que se hace en el escrito en cuestión de algunas frases de San Pablo, pero entiendo que sí me concierne y me obliga el ineludible deber de tener que salir en defensa de la verdad, ya que se cita tres veces mi nombre para apoyar ideas que no tan sólo no comparto en absoluto, sino que van contra la idea primigenia y central del Movimiento de Cursillos.
No soy partidario de acudir donde no me llaman, pero si alguien trata de prostituir mi pensamiento, empleando mi nombre para defender ideas diametralmente opuestas a la verdad, dándoles un sentido completamente contrario a lo que yo quise decir al decirlo, entiendo que es de justicia hacer uso de la santa libertad de los hijos de Dios, y por lo menos protestar, aun sabiendo que el derecho al pataleo no suele ser escuchado por quienes provocan la necesidad de ejercerlo.
Ello no obstante, siento que en conciencia tengo la obligación de decir la verdad, aun a riesgo de que al decirla pueda interpretarse como una reacción de mi amor propio, de mi orgullo o de mi ambición, que aunque sé muy bien que a menudo debo de corregirme de cada una de estas tres cosas, o de las tres juntas, sería tonto emplearlas para defender la verdad, ya que la verdad, como dije ya, tarde o temprano, flota siempre por sí misma y no necesita flotadores.
Está muy claro que es más fácil organizar una parodia de Cursillo, un Cursillo light, donde ya la cosa empieza por una motivación que no es normalmente el deseo de contagiar la fe que se vive, que se quiere vivir o que le duele a uno no vivir, sino que sobre todo si se trata de jóvenes, la motivación es mucho más simple y hasta se pueden hacer sin duda muchos más Cursillos, pues se cuenta con el vigente y visceral reclamo de que vayan ellos porque van ellas, y que vayan ellas porque van ellos. Claro que esto es mucho más fácil que lo otro y es claro también que puede ser eficaz, pero no tan decisivo ni eficaz como lo otro, pues no es lo mismo apuntar y dar en lo más personal de la persona, en el vacío más vacío de su ser, para que lo ocupe Cristo y que con Él en su interior por la Gracia, se sienta singular, original y creativo, a que alguien le presente manidas pistas de ser cristiano en las relaciones que le impone su rol social, condicionado a supuestos que siempre se suponen y que no siempre son verdad, sobre todo sí los candidatos se buscan entre los alejados, que tienen que ser, diga lo que se diga, el objetivo primordial de los Cursillos, que es éste, y no el mayor confort de los buenos.
A mí me parece bien que, si así se quiere, se vayan haciendo en España “Cursillos Mixtos”, por comodidad, porque es más fácil, porque no se tiene arrestos para hacerlos como se debe, según se colige por el citado escrito. Lo que no me parece tan bien es que se aprovechen de mi nombre y de la circunstancia del Boletín, para intentar universalizar una manera de hacer Cursillos, con menor esfuerzo y que no van directamente a la persona, para que ésta se encuentre con ella misma y con Dios, olvidando lo más humano de ella que es su ser, su ser de persona y no su “rol”, ya que así se pospone su suprema grandeza, que no estriba en función alguna, sino en ser enteramente persona.
En concreto y puntualizando trataré de responder a algunos apartados que en dicho documento se citan:
Desde el principio del principio la petición de que se hicieran Cursillos también para mujeres, fue rechazada de plano. Y por más que porfiábamos en nuestro constante empeño de conseguirlo, a nuestra reiterada petición seguía siempre la más rotunda negativa.
Es más, alguien de cuyo nombre no quiero acordarme, hasta llegó a decirme a mí, que era el que más insistía, que “las mujeres estaban radicalmente incapacitadas para hacer Reunión de Grupo”.
A fuerza de seguir pidiendo y ante el hecho de que cada día más, se iban repitiendo los conflictos en las parejas de novios, lo único que se pudo lograr, fueron unas charlas para las chicas, dónde el énfasis solía ponerse en que ellas no tenían que ser obstáculo para que los jóvenes dedicaran algo de su tiempo al apostolado, sino que debían animarlos a hacerlo.
Fue porque aquellos jóvenes íbamos creciendo en edad y también porque el Dr. Hervás vio en ello un poderoso instrumento para los hombres, que manifestó, no tan solo públicamente, sino específicamente a los Hombres de Acción Católica citándolos exprofeso en el Palacio Episcopal, instándoles a que vivieran también ellos la experiencia de un Cursillo.
En honor a la verdad, entiendo debo decir que aquella indicación episcopal, al menos al principio, no fue llevada a cabo con el interés que cabía esperar de los que habían recibido el encargo de realizarla, sobre todo viniendo de quien venía la indicación.
Quien hubiera pensado entonces - humor de la historia – que los Cursillos pasaran en muchos lugares a ser patrimonio exclusivo de los hombres y hasta en algunos, se decretara que para vivir la experiencia de un Cursillo, habían de ser hombres casados, en otros, que había que tener por lo menos el candidato 25 años, y hasta lugares donde se exigía, no hace mucho, tener 40.
En cuanto a lograr, por fin, que se hicieran Cursillos para mujeres, no hubo ninguna discusión, sino mucha incomprensión, porque la gente que nos llegaba del mundo, nos decía que las mujeres habían de vivir lo mismo que vivían los hombres, pero no juntos en el mismo Cursillo, ya que sabíamos bien y seguimos sabiendo, que el Cursillo no puede partir ni apoyarse en la realidad externa y social del candidato, sino que todo debe de ser enfocado y dirigido a cada persona en concreto y apuntando precisamente a su realidad interior y personal.
Y si al principio fueron rollistas varones, no fue por ninguna clase de machismo, sino por el deseo que tenían las mujeres de captar bien el mensaje.
Lo de la incomprensión fue tan verdadera y chocante, que hoy hasta nos resulta ridículo. Basta leer algunos apartados del apéndice titulado “Cursillos de Cristiandad para Mujeres” del “Manual de Dirigentes”, para colegir las pintorescas reticencias que retrasaron la decisión:
“Nº 10 – Cenas y comidas – Sirven a la mesa las mujeres dirigentes. Se abstienen de hacerlo los Directores Espirituales, que o bien comerán en habitación aparte o en una mesa reservada a ellos en el mismo comedor, esta norma deberá mantenerse a lo largo de todo el Cursillo”.
“Nº 25 – En la fotografía que se suele hacer al final de cada Cursillo figuraran exclusivamente la Directora (no le llamaban Rectora), las dirigentes seglares y las mujeres cursillistas”.
Sabíamos entonces, y gracias a Dios seguimos sabiéndolo todavía, y esto es lo que nos obliga a insistir y reiterarlo, que lo más importante del Cursillo, lo más esencial, el área donde el Cursillo apunta, actúa y fermenta, no es en el “rol” de la persona, sino en la persona misma, no a su circunstancia, no a que sea hombre o mujer, casado o soltero, joven o viejo, y es en ese sentido que dije, y sigo diciendo ahora “que no hay almos y almas, sólo almas”.
Gandhi decía que “la revolución sin la conversión era hacer hoyos en el agua”. El hombre ha de encontrarse con Cristo en el vacío de su silencio interior, y ésta es la razón de que, desde siempre la diana de nuestros esfuerzos haya sido “LLEGAR DESDE LA PIEL DEL HOMBRE A DENTRO DEL HOMBRE” y ahí está lo novedoso del Movimiento de Cursillos, lo que le distingue de otras cosas que pueden ser muy buenas, pero no son lo mismo, ni consiguen lo mismo y esto es su característica genuina y lo que ha posibilitado que el mensaje de Cristo llegara a los alejados por no informados, por desinformados o por mal informados.
Esto es, supuesta la Gracia de Dios, el medio de que Dios se ha valido para acercar el mundo a la Iglesia y la Iglesia al mundo, y lo que va consiguiendo Cristo es contar con personas que en el ambiente donde viven su vida den testimonio de Él.
Porque en el Cursillo, en la Reunión de Grupo y en las Ultreyas no se debe tener en cuenta más que lo que la persona es ante Dios y ante sí misma. No lo que la persona hace o debe hacer, que esto será decisión suya después, pues toda la estructura social que lo envuelve, si no se apoya en el eje de una actitud interna convencida y traducida por propia voluntad en decisión y constancia, se vuelve campo propicio para simular una convicción que no se tiene, o disimular el fastidio que le produce tener que hacer las cosas tan sólo porque las ve hacer a los demás.
Es curioso observar que hoy se publican multitud de libros enfatizando la autoestima y la necesidad que cada uno tiene antes que todo de encontrarse consigo mismo. La lista sería interminable: “Como ser piloto de tu persona”, “descúbrete a ti mismo”, “Se amigo de ti mismo”, etc.
La psicología y la metodología y la Teología de la conversión tienen aquí una palabra decisiva que decir.
¿Por qué? – Sencillamente, porque fueron ideados, pensados, rezados y estudiados por los jóvenes que en aquellas fechas ocupaban los puestos dirigentes en lo que se llamaba Rama de los Jóvenes de A.C. y era este y no otro sector y el lugar donde precisamente estaban llamados a ejercer sus actividades apostólicas y por lo tanto quienes, por ser dirigentes, tenían que planear y orientar sus actividades.
Este escrito no tiene por finalidad entablar ninguna discusión, sino simplemente decir, lo que el Cursillo es en sí, esto es un encuentro personal, hondo y radical de cada uno consigo mismo, a partir del cual será posible el encuentro con los hermanos y con Cristo, de lo que deduce que queda fuera de área cualquier circunstancia que no ayude a concentrarse y a dirigir la mirada interior de sí mismo.
Con un saludo afectuoso a todos los que integran el G.E.T. y a todos los que se preocupan por la vitalidad de los Cursillos, queremos manifestarles que estamos disponibles para cualquier contacto o diálogo que sirva para beneficiarnos recíprocamente.
Un abrazo y hasta todos los días y siempre.
Palma de Mallorca, 15 de agosto de 1996
Eduardo Bonnín