¿PROVIDENCIAL?
En algunas diócesis suele existir, o está planeado en el papel, lo que se llama el Plan Pastoral, -la Pastoral de Conjunto- este plan suele siempre trazarse pensando en la colaboración conjunta de todos los Movimientos existentes en la Diócesis, aportando cada uno al todo planeado, su carisma propio.
Es una pena que desconociendo precisamente lo esencial y característico del Movimiento de Cursillos de Cristiandad, y por tanto lo que puede aportar a la colectividad, de acercamiento de la Iglesia al mundo y del mundo a la Iglesia, se le vaya empleando para finalidades ajenas al mismo, con detrimento de su eficacia.
La causa histórica de ello la motiva, la experiencia que se tiene de la tantas veces desbordada generosidad que al final de su Cursillo tienen normalmente los Cursillistas.
Efectivamente, el que ha vivido la experiencia de un Cursillo y ha puesto los medios adecuados, suele estar en una abierta disposición de servicio, y esta disposición, tan conocida en los medios eclesiales, ha hecho que bastantes veces se sirvieran de algunos, para cubrir muchos cargos dirigentes, pero esto no significa que por este servicio que se ha hecho a la Iglesia, tengan que emplearse los Cursillos exclusivamente para eso.
También, por la gracia de Dios, de los Cursillos de Cristiandad han surgido muchas vocaciones al sacerdocio, al diaconado, a ministros de la Eucaristía, cosa que tampoco quiere decir que esta sea la finalidad de los Cursillos.
Todo esto que sin duda hemos de agradecer a Dios, no nos tiene que hacer olvidar el primordial objetivo que los Cursillos persiguen, esto que es la diana, la meta a la que hemos de apuntar si queremos lograr la finalidad, el porqué y el para que, fueron pensados y estructurados.
Los Cursillos de Cristiandad quieren lograr y por la gracia de Dios van logrando, lo que con más urgencia hace falta conseguir: que la Buena Nueva del Evangelio, buena para todos y siempre nueva porque nos renueva, llegue a los más posibles, y sobre todo llegue al hombre de hoy, al hombre corriente, normal, cotidiano, el que en su menguado descanso, porque tiene que trabajar y mucho para poder vivir y hasta algunas veces para solamente sobrevivir, el que no tiene más entretenimiento que leer deprisa el periódico, oír algún espacio radiofónico y acabar rendido y dormido ante el televisor, sin que nada de lo que le llega sea respuesta a los problemas vitales de su vivir.
Ante un hecho insólito, si reflexiona siente a Dios, pero un Dios difuminado, abstracto y lejano, pero que tal vez gracias al Cursillo puede ser que esté tan sólo a tres días de EL.
Es el hombre (o la mujer) que, al conocer y reconocer a Dios en el Cristo, vivo, actual y humano que en el Cursillo se vive y se convive, se asombra al descubrir que, sin salir de sí mismo, es posible su amistad y su cercanía.
Cuando a este mismo hombre se le va esclareciendo el panorama recién descubierto a la luz del que es la luz, y al impulso de su gracia, va dándose cuenta de que el Evangelio puede potenciarle todo lo que tiene de humano para hacerlo campo de aterrizaje de su presencia, de su espíritu y de su verdad.
A este hombre hay que ir, a este hombre hay que seguir yendo, porque si no vamos, lo más probable es que no venga, y que nunca nos lo encontremos en nuestro camino.
Sacar a estas personas del anonimato, y tratar de lograr antes que otra cosa, que vayan descubriendo por sí mismas que son personas, es el objetivo y la meta de los Cursillos de Cristiandad. Ellas son el blanco de nuestras inquietudes desde que los Cursillos se iniciaron.