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4/MAR/2026
Vivir la verdad y de la verdad 1
Las verdades teológicas cobran vida cuando se encarnan en la experiencia cotidiana. Creer que Dios nos ama en Cristo permite reconciliar el pasado, agradecer el presente y confiar en el futuro. La fe da sentido a lo vivido y abre el corazón a la esperanza.

Las verdades teológicas tan sólo tienen contenido vital para el hombre, no cuando se mantienen puras e incontaminadas en las abstractas definiciones de los teólogos, sino cuando son guía, sostén, impulso y meta de la persona en la dimensión de su vida práctica, concreta. visible y encarnada detalle a detalle, que es donde la rectitud de la consciente atención e intención, dirigen su vivir, que a medida que va discurriendo por la vía del amor a Dios, y al prójimo, va comprobando con alegría que ello conlleva una renovación constante de la visión, de la perspectiva y de la valoración de las personas, de los acontecimientos y de las cosas.

Entonces es cuando va experimentando que cualquier reacción ante el cotidiano fluir de la vida, le impulsa a la reflexión disyuntiva de saberlo agradecer a Dios si le gusta, o sabérselo ofrecer si le disgusta.

Cuando el hombre cree de verdad y activa sus cualidades para experimentarlo en su realidad, que Dios le ama en Cristo:

  • encaja su pasado.
  • agradece su presente 
  • confía en su futuro

Porque Cristo ama al hombre:
y sufren y se mueren los niños_ 
y sufren y se mueren las madres
y hay subnormales
y maniáticos 
y locos
y a pesar de ello,
Dios en Cristo nos ama

Creer en su amor a pesar de todo esto y mucho más, que tal vez nos toque de más cerca, es confiar en EL. Un confiar que es un fiarse de EL muy por encima de todo lo que parece que induce a lo contrario

La fe no es solamente creer lo que no vemos sino saber dar sentido de fe, a lo que vemos, vivimos y experimentamos.

Saber creer es la mejor manera de emplear nuestra capacidad de saber. Si queremos ser cristianos en ejercicio, tan sólo estamos obligados a creer lo que no podemos saber. E1 saber creer conduce al saber más, mientras no se tuerza el camino hacia el creer saber. Cuando alguien se cree saber, se cierra y cambia la fascinante facultad de vivir abierto al asombro, por la aburrida actitud de cerrarse en la angustia.

La dimensión de la fe en el tiempo es la esperanza. 

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