Nota previa. - Estas consideraciones sobre algunos puntos de los Cursillos de Cristiandad, van dirigidas a once años de distancia del primer Cursillo, a un lector muy concreto en el que se dan por supuestos:
a) Una ideología guiada por el núcleo central del pensamiento católico, encaminada siempre a la mayor eficacia de cara a su santificación y a la de los que le rodean o de los que le han sido encomendados. Se le supone un concepto triunfal del cristianismo, una postura dinámica (diaria disposición de mejora) en sí mismo y por ende una visión dinámica del catolicismo militante en la que el apostolado ocupa no unas horas al día sino que es una exigencia de su propia vida cristiana; un conocimiento real de los hombres de hoy, en especial de aquellos a quienes el Señor amaba más (“vine a salvar lo que había perecido”); una ilusión, entrega y espíritu de caridad renovados sin cesar al pie del Sagrario y a los pies del prójimo.
b) Se supone asimismo que ha realizado los Cursillos de Cristiandad, esto es: los tres días del Cursillos más el Cursillo perenne y que los hizo con fruto suficiente para enterarse de cuanto en ellos se dijo y se comunicó. Tiene por tanto presente los quince rollos y el fuego preciso para compartirlos y convivirlos… in eternum. Y lo practica.
c) Ha estudiado y meditado con ahínco los principales documentos episcopales sobre los Cursillos de Cristiandad (Ciudad-Real, Albacete, Vich) y las enseñanzas de la Escuela de Profesores sobre la estructura, la historia, la técnica y el Cursillo perenne, incluso los diferentes trabajos “de laboratorio” más corrientes.
d) Se supone que se ha tomado la molestia de conocerse a sí mismo, ayudándose de quien pueda mejorarle y aún de lo que puede guiarle. Y desde luego en buenas relaciones con Quien le conoce y le ama… de verdad.
Supuesto todo esto y nuestro amor mutuo en Cristo, quedan realmente pocas cosas que decir que no hayan sido dichas. Mera labor de subrayado que emprendo enseguida:
FINALIDAD DE LOS CURSILLOS
En el nº 201 y siguientes de “Proa” y en su sección “El cómo y el porqué de los Cursillos de Cristiandad” quedó claro el objetivo: VERTEBRAR LA CRISTIANDAD y diáfano el peligro: querer emplearlos para otra cosa cualquiera. La meta es “la edificación e incrementación del mismo Cuerpo de Cristo” (Pio XII, Mystici Corporis) encíclica de la cual son hijos los Cursillos.
Pretender que sirvan para formar individuos que sean y vivan como viven y son —o como fueron y vivieron— los de tiempos anteriores es desconocer totalmente el problema, desenfocar la solución e inutilizar los Cursillos por la sencilla razón de que ni es esto lo que el mundo necesita ni lo que el Papa desea y nos propone con urgencia. Ni una sola de las palabras de Pio XII o de Juan XXIII fue escrita para ser admirada sino para ser realizada concretamente. No son piezas literarias, sino órdenes particulares de nuestro Padre. “Y un retraso de un segundo en su realización puede ser fatal” (Pio XII). Por esto los Cursillos son la realización concreta de la ascética emanada de la doctrina del Cuerpo Místico, urgida por S.S. el Papa y dirigida al hombre de hoy, a todos los hombres y mujeres de hoy, NO A UNOS CUANTOS.
Pretendemos formar lo que los cursillistas saben de memoria, según las palabras de Pio XI en “Il fermo propósito” “Católicos macizos, convencidos de su fe, sólidamente instruidos en cosas de la religión, sinceramente adictos a la Iglesia, especialmente a esta cátedra y al Vicario de Cristo en la tierra, personas de piedad genuina, de varoniles virtudes y de vida tan intachable que sean a todos eficaz ejemplo “Un rato de meditación sobre cada uno de estos diez puntos nos dará la idea de la persona resultante para Cursillos y eficaz para la Gloria de Dios”.
LA REUNIÓN DE GRUPO
Al comprenderse los Cursillos de Cristiandad como un método ascético o camino de perfección cristiana, ya se sobreentiende que no se trata solamente del Cursillo propiamente dicho —catapulta de lanzamiento o “muestra gratuita” de lo que es la vida de gracia consciente y creciente— sino el Cursillo perenne cuya manifestación es la Reunión de Grupo, lugar, medio e instrumento donde se perfila y se concreta la verdad viva y palpitante de dicha vida cristiana.
Surgieron los Cursillos de Cristiandad donde de hecho se realizaba la Reunión de Grupo, aunque no estuviese perfilado y definido y saltaron de diócesis en diócesis, gracias a la Reunión de Grupo. Y si se quiere que los Cursillos de Cristiandad cumplan su objetivo de edificación del Cuerpo Místico a través de un fermento, vivo y vivificador, lo que se debe cuidar con especial esmero es la Reunión de Grupo dirigente, así en el plano diocesano como en el local y a través de ella todas las demás.
Y es curioso observar que en aquellos lugares donde la Reunión de Grupo no se ha hecho o se ha hecho mal, o donde algunos de los dirigentes (sacerdotes o seglares) se ha creído exceptuados de realizarla y no han dado y dándose ilusionadamente a Cristo en ella, apechugando con la cruz que representa hacerla bien, se ha llegado tarde o temprano a desvirtuar la esencia o la finalidad de los Cursillos, o se ha sobrevalorado la importancia del impacto de los tres días sobre la ascética del Cursillo perenne, o se han puesto a remover, renovar, rehacer, pulir, evolucionar, etc. hasta acabar con la maravillosa arma que Dios suscitó un día para realizar lo que S.S. el Papa nos decía. Y vinieron los argumentos de derribo, todo ello con perjuicio general.
O se cae en la tentación de fundamentar prácticamente la eficacia en el sistema, la técnica o la estructura por encima de lo único en que debe fundarse: Cristo, con una total entrega a su voluntad. Él puso unas condiciones a los que quieren ser sus discípulos y no es ni eficaz ni práctico sino irrisorio el quererlas sustituir, olvidar o paliar.
Es preciso haber vivido una Reunión de Grupo para comprender su alcance. Es preciso haber vivido en él algún fallo propio o ajeno con toda la vitalidad que la transfusión de sangre de esta vivencia lleva consigo; es preciso haber vivido en comunidad los éxitos y fracasos apostólicos; es preciso haberse asomado a estos “momentos” con que el Señor de vez en cuando obsequia a los que le siguen de cerca; es preciso haber resurgido de la tibieza, de la rutina o del escepticismo gracias a las oraciones y esfuerzos mancomunados de un Grupo de Cristiandad; es preciso haber gustado de ese clima de amor en Cristo que se respira en las Reuniones de Grupo y que hace posible tantas cosas; es preciso todo esto para captar sus posibilidades y lo mucho que Cristo espera de las Reuniones de Grupo.
LA ESCUELA DE PROFESORES
El nombre de profesores podría quizás dar pie a una errónea concepción de su función a la que es necesario salir al paso desde el primer momento.
Profesor no es quien afirma una verdad o una convicción sino más bien quien la confirma con sus palabras o con su silencio (que para el caso es lo mismo) pero que nunca puede hacerse con una ausencia de vida, puesto que esta ha de ser precisamente el punto de referencia con el que puedan fácilmente los cursillistas verificar la verdad de todas las afirmaciones del Cursillo. La misión específica del profesor en el Cursillo es la de TESTIFICAR CON SU PRESENCIA ACTIVA LA VERDAD DEL CURSILLO y vivificar todos los aspectos en la trayectoria de su realización. Fuera del Cursillo el Profesor es el “doble de Cristo”, realizador de todas y cada una de las verdades afirmadas en el Cursillo; es el Cursillo hecho vida en una vida esencialmente dirigida en Cristo, por Cristo y con Cristo a comunicar, compartir, confirmar y convivir las grandes verdades del Cursillo.
En los rollos su palabra debe estar sumergida en su vida y ésta en la de Cristo. La eficacia depende más que de decirlo con elegancia, de sentirlo con profundidad. Por esto cada rollo debe ESTUDIARSE, ASIMILARSE Y HACERSE VIDA y como toda actuación apostólica ha de tener en la oración su principio, su fundamento y su garantía; el orar no dispensa de estudiar y las dos cosas deben hacerse a su hora. Por esto se puede muy bien ser Profesor sin ser rollista, aunque nunca ni de ninguna manera lo segundo sin lo primero. Y de ahí también la clara equivocación y funesto peligro de quienes creen preparar o tener Profesores preparando rollistas.
Por encima de todas las cualidades humanas, aunándolas todas y dando a cada una de ellas su auténtico valor, ha de estar siempre el espíritu sobrenatural de los profesores. El elemento humano, necesario e imprescindible, solo tiene valor en el Cursillo cuando está perfectamente encajado en un eje divino al cual hay que mirar siempre para encontrar la verdadera dimensión de los valores humanos. Apunto lo dicho para resaltar el error funesto de tener en cuenta otras “cosas” a la hora de seleccionar a los profesorables. El fin de la Escuela no es hacer, pues rollistas sino, santos y por serlo o por sus esfuerzos para lograrlo, cristianos auténticos, católicos con visión universal de la extensión del Reino de Dios, con espíritu apostólico durante el Cursillo y fuera de él y que por amor a Cristo sea capaz de captar el ritmo vital, la mentalidad, la circunstancia, las virtudes y los problemas del prójimo, sepa comprenderlos y tenga el criterio suficiente para iniciar oportunamente su solución, todo ello en labor de afiligranada artesanía.
Tanto para el Cursillo propiamente dicho como para lograr estas características y esta postura señaladas como necesarias en los profesores es preciso que estos hagan en la Escuela de la Reunión de Grupo con quienes quieran, pues toda imposición podrá servir a una política o a un individuo, pero no a la eficacia. Una Reunión de Grupo es imposible que se monte o funcione bien si no es elegida o admitida con ilusión para todos sus componentes, sin olvidar nunca la necesidad que tenemos de buscar quien nos compense sicológica, cultural, social y espiritualmente.
Y a propósito de esto merece recordarse que, así como la medida de los componentes de un Cursillo exige precisamente una heterogeneidad de profesiones, ambientes, cultura, etc., así también la condición de un equipo de profesores ha de ser la de una heterogeneidad de valores armónicamente equilibrada. La fisonomía individual, inconfundible de cada Profesor debe armonizar en el conjunto del equipo por el contrapeso o complemento de la fisonomía de los demás de tal manera que esta sensación de equilibrio, de conjunto lo más perfectamente logrado, visto a través de las facetas particulares de cada uno produzca en los cursillistas —durante el Cursillo— la sensación de que la común aspiración a UNA UNIDAD VIVA Y ORGANIZADA PUEDE Y DEBE SER UN HECHO.
EL CURSILLO
Los Cursillos entrañan una técnica depuradísima en la que los más sutiles resortes del espíritu ofrecen una amplia pista de aterrizaje a la gracia que tumba. Y tienen un fondo de verdad inalterable que es de hoy y es de siempre y que no distingue edades, idiosincrasias, sexos ni tiempo pues son una concepción cristiana —y por cristiana apostólica—de la vida. Ahora bien, de la misma manera que dos hombres no tienen la misma cara no hay dos Cursillos iguales y los Profesores saben que su labor es adaptar a cada caso individual aquella verdad que por ser de Dios sirve para todos… Sin embargo, al decir que deben adaptarse no debe entenderse “modificarse” si se quiere tener aquello que llamamos Cursillos de Cristiandad.
Decimos esto para prevenir contra la tentación de quitar, poner, cambiar, etc., desaprovechando experiencias solo porque se desconocen. En general podemos decir: si al montar el reloj te sobran piezas… no es el reloj el que hay que quitar, cambiar, etc. Podríamos decir mucho sobre esto y sobre muchos Cursillos hechos con mejor intención que preparación. Es un hecho que el peor enemigo de los Cursillos no es el “no hacer Cursillos” sino los Cursillos mal hechos. Fue en el año 1954 y en la clausura del 100º Cursillo de Mallorca que el Sr. Hervás afirmó que “a los Cursillos les amenaza un peligro: el exceso de velocidad” y tenía razón, aunque entonces alguno no lo comprendiera.
Junto a esta tentación está la contraria: la de repetir los Cursillos no por sutil, menos peligrosa que la anterior. No se pueden repetir como se repite cada año por Todos los Santos la obra “Don Juan Tenorio”, aunque cambien actores y público. El C. de C. es exposición de una doctrina, sí; pero también comunicación de una vida por unos hombres o mujeres que son “encarnación viva de los valores cristianos” que con su vida de Gracia —consiente y creciente— dan vida a este Movimiento providencial, rindiendo al máximo sus posibilidades. Y todo esto no es posible que se repita porque ni la vida, ni el amor de la que brota, ni el movimiento que produce son máquinas automáticas. Todo lo vivo, crece y se reproduce. Aumenta en calidad y en cantidad. Son más y mejores en su movimiento acelerado acercándose un poquito más a Cristo cada día. Los Cursillos de Cristiandad serían un fracaso, más o menos visible, el día que los instrumentos que lo realicen se estanquen en mesetas espirituales o posiciones inmóviles, no por seguras y cómodas menos peligrosas, pues revelan muchas cosas contenidas entre la falta de humildad y el exceso de pereza.
EL CURSILLO PERENNE
Con lo que llevamos dicho acerca de la escuela de profesores, de la Reunión de Grupo y del Cursillo queda dicho —en unión de todo lo supuesto— la importancia del Cursillo perenne y su solución adecuada. Nos limitaremos a algunas observaciones fruto de la experiencia propia y ajena. No van en orden alguno ni de importancia ni de oportunidad.
RELACIONES CON LA JERARQUIA: El Rector nato, efectivo esencial y total de los Cursillos es el Obispo cuya misión de dirección y control de corrección y comprobación no voy a señalar por improcedente. Lo que si voy a subrayar es la necesidad de mantenerles constantemente informado de la marcha del Cursillo perenne en cada grupo de cursillistas y no de la marcha aparente sino real: presión, termómetro, palpitación, vida, acción, estudio, etc., debe serle comunicado con esa sinceridad que es uno de los hallazgos más afortunados en el clima del cursillista. Y debe serle comunicado, aunque cuesta y duela pues las omisiones en este aspecto podrían tener carácter grave. Si se hace así, por el difícil y estrecho camino del valor humilde, la cosa marcha en línea recta hacia Cristo como un cohete hábilmente dirigido. Sin Obispo no hay Cursillo se ha dicho y sin amor al Obispo no hay cursillista. Idem de los Sacerdotes, Párrocos, etc.
RELACIONES ENTRE LOS CURSILLISTAS: Hay que llevar el amor hasta las consecuencias más penosas, pues así nos lo enseñó Él, aunque esto suponga abandonar algunas costumbres que nos resultaban muy cómodas y que en tiempo de guerra resultan inadecuadas (como el dormir con pijama por ejemplo o con las botas puestas y un fusil en brazos). Hay que crear ambientes de vida en Gracia para cuantos lo necesiten, aunque esto suponga algún sacrificio. Hay que llevar la caridad y el afecto hasta los extremos que nos señaló Cristo, aunque duela. Y sentar a la mesa sin excepción de personas, a aquellos a quienes convenga (y que conste que no me refiero solo a la mesa material, sino a la de la intimidad espiritual que a veces se prepara con aquella).
APADRINAMIENTO: Un Cursillo lleva siempre con efecto otro Cursillo, por causa de la acción apostólica de los cursillistas. Ahora bien la conversión no es nunca, supuesta la causa real que es la Gracia, no es nunca obra instrumental de una sola persona pues interviene además de Cristo que puso el capital íntegro, la Iglesia entera que lo guarda, el padrino que lo moviliza y el hermano que lo emplea. No es muy eficaz mandar a Cursillos, sobre todo en las ciudades a quienes carecen del padrino que le guíe en su “noviciado” de vida en Gracia y que lo haga por amor, como por amor le cuidó y mostró el cariño para conseguirlo. Siempre que sea posible cada cursillista ha de disponer de su “ángel” que esté dispuesto a crucificarse.
SELECCIÓN DE CURSILLISTAS: Los Cursillos no son ni para los tontos, ni para los jaimitos, ni para los amargados ni para solucionar ningún problema “específico” a la gente. A los Cursillos hay que ir para solucionarle los problemas a Cristo (entiéndase, el Cristo total). Y no se olvide de los más fáciles de mover suelen ser los que menos se mueven, precisamente porque solo se mueven si se les empuja. Esto deberá tenerse en cuenta siempre, pero en especial al empezar el movimiento de alguna Parroquia o localidad. Recuérdese el rollo de Dirigentes en la parte que se refiere a cualidades naturales del Dirigente, poniendo infinito cuidado en una cosa tan delicada como esta de canalizar la Gracia… cosa que no es posible con instrumentos de nuestra talla humana. En esto debe procurarse, como en todo, una continua concordancia de ilusiones con las del Padre, lo cual está bastante bien indicado en la parábola del samaritano herido, etc.
ULTREYA. - Es la Reunión de Reuniones de Grupo, contacto semanal con los hermanos que viven en la línea que les marcó el Cursillo, que les va remarcando la Reunión de Grupo y donde se vive lo que en el Cursillo se dijo y donde todos pueden ver desviviéndose a los que se lo dijeron. Su finalidad DAR FORMA CADA VEZ MÁS CRISTIANA A LA VIDA, esto es la formación del cursillista se verá en hoja que se acompaña. Y no se olvide que Cristo hace más música para el pródigo que para el fiel, aunque por fieles nos desagrade.