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23/MAR/2026
El mundo interior de las personas
La plenitud humana nace del encuentro interior con Cristo, que da sentido, verdad y gozo a la vida. Desde ahí, la persona aprende a ver con una mirada nueva, no dominada por las circunstancias, sino guiada por una libertad consciente y una fe viva.

La persona humana fundamentada en lo fundamental cristiano desde lo humano está en la mejor posición para ir consiguiendo su plenitud.

La persona cuando emprende el rumbo hacia su interior va dándose cuenta que allí se encuentra el valor que más vale. No hay nada más grande que experimentar el amor de Dios, desde la realidad en uno mismo, y esto es encontrarse con Cristo.

Entonces va descubriendo uno progresivamente que Cristo es la verdad que da sentido a la vida.

El bien, que le da gozo

La Amistad que le da aliento

La persona unida a Cristo, por la Gracia, acrecentándola con los medios precisos para irlo consiguiendo, al reflexionar, no puede menos de sentir agradecimiento porque se halla situada en el lugar en la disposición desde donde la vida se puede ver mejor.

Ver con ojos nuevos las cosas de siempre es ir aprendiendo a verlas como las ve Dios.

Cuando Dios creó el mundo y vio que era bueno sin duda lo miraría desde este ángulo, o mejor dicho desde este centro que es el modo y la manera de que todo quede centrado y pueda orbitarse (todo) en su mejor camino hacia su finalidad.

Las personas

Los acontecimientos

Las cosas

Cuando la verdad de uno es conectada con la verdad del uno, que es Cristo, que es la misma verdad, se va alcanzando el impulso, el gusto, el gesto y el talante de lo verdadero.

Cuando el hombre se afinca en la verdad, desde su realidad, todo

se esclarece

se ilumina

se abrillanta

Es necesario mantener un constante empeño en ir acrecentando el mundo interior que afirme nuestra identidad, pues el hombre siempre se da circunstanciado.

Ortega habla del hombre y su circunstancia, pero el hombre desde que ha aprendido tanto a manipular circunstancias, ha conseguido no pocas veces que pesen más las circunstancias que el hombre.

Los espacios de libertad hacia fuera son reducidos un poco cada día, por lo que cuadra ahora más con la realidad, decir la circunstancia y el hombre que no el hombre y su circunstancia, pues se desvaloriza de cada día el hombre y se da valor excesivo y desproporcionado a su circunstancia, a la circunstancia de lo que tiene, de lo que puede, de lo que sabe…

Del sesgo de estas cosas, se puede sacar bien, ya que puede ser aprovechado para recorrer la poca explorada distancia que hay de la piel del hombre al núcleo del hombre, para conocerse mejor.

El hombre de convicción, de convicción anclada en la verdad jamás es arrastrado por las circunstancias.

El mundo interior no es un mundo para encerrarse.

El hombre tan sólo ejerce de hombre -de persona-  cuando tiene consciencia de su libertad y cuando ésta es siempre empleada para ser aún más libre.

En el interior de las personas que saben vivir estas realidades por ir aprendiendo a interiorizarlas, conforme las van viviendo, van adquiriendo mayor conciencia de la perenne novedad de la fe y del gozo que produce el eco de lo cierto.

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