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16/MAR/2026
Esta es la manera
Reflexión sobre el sentido de los Cursillos: han de mantenerse fieles a su finalidad original, provocar el encuentro personal con Cristo y llegar al núcleo de la persona. Desde esa experiencia nace la fe viva, la decisión de seguir a Cristo y el deseo de comunicarlo a los demás.

Esta es la manera de realizar los cursillos hoy, con lo que se ha venido consiguiendo, por la gracia de Dios y las oraciones de los hermanos, que un sin número de personas se encontraran con Cristo y se decidieran a seguirle. 

Ignoro cómo tendrán que realizarse los cursillos en el futuro. 

Empezamos en un local donde no había luz eléctrica y hoy damos la lista de los asistentes al cursillo hecha por ordenador. 

Lo único que sé es que, si los cursillos han de ser fieles al motivo por el que fueron pensados, rezados y agradecidos, no han de bajar la diana y han de servir para dar a los que asistan a ellos una vivencia lo más viva, sencilla, simple, clara y auténtica del Cristo del Evangelio que, con su resurrección, se hace por su gracia vivo, normal y cercano en cada uno.

Esto requiere y precisa que haya un encuentro de cada persona con Cristo.

Evidentemente el mal del mundo es el mal de la persona humana, que lo que más necesita es encontrarse consigo misma para después poder estar en disposición de captar con alegría, y hasta con perplejidad, la invitación que le hace Cristo para que, en contacto con ÉL por la gracia, pueda entender que esta misma gracia le concientiza del gozo que supone contagiarla a los demás.

Los cursillos, por su misma naturaleza, han de ir al fondo de la persona, a lo más interior e íntimo de sí misma, no a sus circunstancias concretas que le envuelven, si es casado, soltero, practicante o indiferente etc... No tiene que haber nada que le desvíe de la diana a que se debe apuntar. El encuentro tiene que ser con Cristo y la persona, cara a cara, de tú a tú y a eso tiene que ir enfocado todo; la existencia insoslayable de un magnetismo de género o la presencia condicionante de algún testigo cualificado por relación profesional, familiar o de pareja, lo imposibilita. La reacción tiene que ser personal, radical y auténtica. No tiene que haber nada que impida o dificulte esta radicalidad, perplejidad y entusiasmo, que causa en la persona el CREER de verdad y en serio que Cristo le ama. Como en el cursillo se descubre una nueva dimensión mucho más profunda que la fe normal, no es la misma cuando la persona es observada por otra que está pendiente de su reacción. Por esta razón los cursillos no deben ser mixtos, así como tampoco no es de ninguna manera conveniente que vayan a un mismo cursillo juntos padre e hijo, o dos hermanos o hermanas, o jefes y subordinados o un matrimonio. Si van mujeres y hombres juntos, ninguno se porta como se portaría si fueran por separado. Cristo busca a la persona, no a lo que le envuelve. 

El cursillo no da por supuesto ningún supuesto. 

La persona que quiere ser de verdad cristiana, se da cuenta de la distancia que hay que recorrer para serlo de verdad, distancia que hay que intentar acortar en cada instante de su vivir, sabiendo que Cristo nos tiene en cuenta y que cada acontecimiento que sucede al cristiano, que ha despertado a las posibilidades de querer serlo de verdad, su vivir en cristiano consciente le propicia saber dar gracias por cada suceso agradable que le acontece en su vivir y saber ofrecerle los tragos amargos, que hasta a veces amargamos más, por ignorar que lo que con ellos Cristo quiere es templarnos... y hacernos más cristianos.

En el cursillo, si se hace como se debe, al final todo el mundo es veraz.

Eduardo Bonnin

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