Volver atrás
23/MAR/2026
La verdad y la sinceridad
La verdad puede mostrarse desnuda, pero la sinceridad necesita cuidado y medida. La auténtica comunicación exige respeto, sensibilidad y amor, para no herir ni deformar los sentimientos, que solo florecen plenamente en un clima de verdadera amistad.

La verdad es la única que puede circular por la vida desnuda.

La sinceridad, que es lo que suscita la verdad en ti, lo que captas de ella, tiene que expresarse vestida, con el ropaje que la circunstancia precisa y concreta aconseja en cada caso.

A veces se cree uno que habla con sinceridad porque verbaliza, expresa con palabras, el proceso de gestación de su postura, de su actitud o de su decisión, o sea: la lucha interior que ha tenido que librar consigo mismo, para ser sí mismo, para seguir siéndolo, para no perder el sentido que va dando sentido a su vida.

La estela que marca en la vida la ruta de su vivir es la dirección real que lleva.

La lucha íntima que ha tenido lugar en las bodegas de su persona, no hay para que revelarla a nadie, pues si el que lo escucha es (una persona) superficial no profundo, lejos de valorar la confidencia, sacará un concepto desfavorable, en perjuicio de la admiración que fue sin duda lo que hizo prender la chispa y proporcionó el combustible que posibilitó – al menos inicialmente- la amistad.

La sinceridad, cuando en lugar de ser psicológica es fisiológica suprime el margen de respeto y la distancia necesaria para ver y enjuiciar las personas, los acontecimientos y las cosas desde la perspectiva propia para verlo todo situado en su más auténtica realidad.

La verdad es la que da sentido, orientación e impulso a la realidad, haciendo al que la practica libre, fuerte y al mismo tiempo adaptable cuando el guion de la película de su vivir lo exige.

Una cosa es ser entendido y otra cosa es ser comprendido. Se entiende con la inteligencia y se comprende con el corazón.

Cuando alguien dice. “a este no lo entiendo”, puede ser que ese alguien se exprese mal; cuando alguien dice “a este no le comprendo”, suele ser que todavía no ha sabido o no ha aprendido a amarle.

Los sentimientos son como las algas y plantas marinas que aparecen en toda su lozana exuberancia, cuando están en el agua, al sacarlas o al secarlas pierden su bello perfil, se arrugan, se contraen y desaparece de ellas el vigor y el verdor que las hace hermosas. Es una maravilla verlos mover al compás de las vicisitudes que acaecen, ahora bien, cuando el mar de la amistad no lo cubre, los sentimientos sacados del fondo marino de su intimidad se agarrotan, pierden toda flexibilidad y se convierten en resentimientos.

Los resentimientos barren la admiración, nublan la visión de lo bello y tuercen la intención, en una palabra, los resentimientos quitan las ganas de vivir y hacen infeliz al que los causa y al que les da cobijo.

Sin embargo, no es este ni mucho menos el fin que espera a todos los sentimientos. Lo que pasa con ellos es que no pueden ser percibidos ni captados, desde fuera, tan sólo la auténtica amistad hace posible que el amigo pueda contemplarlos si el otro le deja asomar al balcón de su intimidad y el otro corresponde asomándose, con respeto, con unción, con asombro y con ilusión agradecida.

Los sentimientos, los propios y los ajenos, deben respetarse, jugar con ellos, además de ser de muy mal gusto, es algo que produce siempre heridas hondas difíciles de curar y siempre dolorosas.

El hombre tiene necesidad de que le llegue el agua clara de la verdad, pero también tiene que contar con un lugar para verter los residuos.

Compartir
Regístrate
Disfruta de todo el contenido.
Accede a este contenido completo y descubre en profundidad el legado de Eduardo Bonnín. El registro es gratuito y solo te tomará un momento.
Contenido relacionado
Ir al legado
Sobre la
Fundación
Nuestro fin es preservar y difundir el legado que Eduardo Bonnín Aguiló, fundador de los Cursillos de Cristiandad, dejó al mundo.
Hazte socio
de la fundación
Tu apoyo es clave para continuar difundiendo el legado de Eduardo Bonnín. Al hacerte socio, contribuyes al desarrollo de proyectos que mantienen vivo su mensaje y permiten que más personas descubran la riqueza del carisma de los Cursillos de Cristiandad.
Suscríbete al boletín de la Fundación
Nombre
Email
Regístrate
Disfruta de todo el contenido.
Accede a este contenido completo y descubre en profundidad el legado de Eduardo Bonnín. El registro es gratuito y solo te tomará un momento.
Has tu aporte.
Puedes colaborar con un aporte único o periódico, por el monto que tú decidas. Tu ayuda contribuye con el mantenimiento de la Fundación. ¡Estamos agradecidos!
Email
Monto (EUR)
Gracias por tu mensaje.
Ha sido recibido por la Fundación y estamos trabajando para responderte lo antes posible.
Si tienes alguna otra consulta o necesitas más información, no dudes en contactarnos.
¡Te deseamos un gran día!
Gracias por tu suscribirte.
Muy pronto comenzarás a recibir el Boletín de la Fundación Eduardo Bonnín Aguiló en tu casilla de correo.
¡Te deseamos un gran día!