I Ultreya Mundial
Roma del 27 al 29 de mayo de 1966
GUIÓN
I.- Los Cursillos de Cristiandad
II.- Los fines determinan el valor y explican el hecho
III.- Finalidad del Movimiento de Cursillos
IV.- Relación entre ambos fines
V.- Realización de la finalidad de los Cursillos
El Precursillo
El Cursillo
El Poscursillo
La Escuela de Dirigentes
El Secretariado de Cursillos
VI.-Lo que no es finalidad de los Cursillos
VII.- Epílogo
DESARROLLO
I. Los Cursillos de Cristiandad.
Los Cursillos de Cristiandad son la vivencia de lo fundamental cristiano, en orden a la vertebración de la Cristiandad.
Los Cursillos de Cristiandad son un método para posibilitar al hombre la vivencia de lo fundamental cristiano a fin de que las almas por su propio “peso” (por el peso de la gravedad del espíritu) vayan estructurando cristiandad, con lozanía y vigor de cristianismo primitivo, construida y modelada en la perspectiva más pura y actual del Magisterio de la Iglesia, según las líneas nítidas del Evangelio.
En resumen, se podría dar la siguiente definición: Los Cursillos de Cristiandad son un método para posibilitar la vivencia de lo fundamental cristiano a los bautizados, que engendra un Movimiento tendente a vertebrar cristiandad.
Son un método y una vida: como método están al servicio de la verdad; como vida engendran un movimiento, que, cuando no se desvía de su órbita vital que arranca del impulso de su motivación (encuentro con Cristo), y discurre hacia su finalidad (amistad con Cristo), va vertebrando ideas, vidas y estructuras, desencadenando un proceso progresivo, capaz de engendrar un orden nuevo con el sello de lo divino.
El Movimiento de Cursillos de Cristiandad pretende, de cara a los que viven un Cursillo, posibilitarles la vivencia de lo fundamental cristiano, de forma que el mundo llegue a ser una cristiandad viva, activa y vertebrada: un mundo vertebrado en cristiano.
Cada una de sus piezas (Precursillo, Cursillo y Poscursillo) responde a la finalidad que se persigue: el Precursillo, al facilitar la búsqueda (individual y colectiva) más activa y efectiva de lo fundamental cristiano; el Cursillo, al proporcionar el encuentro pleno, actual y comunitario de cada persona con lo fundamental cristiano, y el Poscurisllo, al dar la vivencia perenne, eclesial y creciente de lo fundamental cristiano, durante toda la vida.
Para garantizar que cada una de las piezas mencionadas cumpla su función precisa, y que todas se hallen dispuestas y a punto en todo momento, están la Escuela de Dirigentes y el Secretariado de Cursillos.
II. Los fines determinan el valor y explican el hecho.
La finalidad de los Cursillos explica el hecho de los Cursillos.
Bases de esa finalidad son:
a) OBSERVACIÓN DE LA REALIDAD
Si observamos con un poco de atención nuestro mundo cristiano, caemos en la cuenta de que hay una inapetencia radical por las cosas del espíritu. Tal vez el más grave problema sea la falta de hambre de Dios.
Problema que se patentiza aún más, cuando uno piensa que casi todo lo religioso vigente está dispuesto a saciarlo.
Se diría que la multitud de obras y asociaciones existentes en la iglesia suponen que la gente tiene apetito de los alimentos espirituales que cada una de las organizaciones tiene por norma servir. Esto produce un fenómeno tan corriente como paradójico: hay una escasez de hambre y superabundancia extraordinaria de medios para saciarla; una inapetencia radical de lo religioso por parte del mundo, y unas ganas enormes de “despachar y colocar el producto religioso” por parte de los que, por haber permanecido siempre en el área de “lo bueno”, se sienten y están autorizados para ir propagando en el mundo lo religioso.
El “quid” está en ir sembrando y extendiendo el hambre de Dios en el mundo, aunque sin proponer ningún medio determinado para saciarlo, ya que, de hacerlo así, se infundiría la muy razonable sospecha de que fomentamos el hambre no para su bien, sino para que consuman algún determinado producto.
Una serena observación de la realidad lleva a la conclusión de que muchas veces se atiende a lo adjetivo del cristianismo más que a lo nuclear, a lo central, a lo substancial.
Puede ser que haya algún tiempo en la historia, que haya reclamado poner el acento en otra parte. Los esfuerzos parecían dirigirse hacia la consecución de médicos cumplidores, de buenos obreros, de oficinistas devotos. Pero sin duda, hoy los tiempos reclaman cargar “la suerte” en el ser cristiano, ya que la máxima dignidad a que puede aspirar toda persona es la conferida por el Bautismo.
Cuando se parte “desde” la línea de valoración bautismal y se sigue en la misma, la existencia cobra una luz nueva y una claridad, que todo lo ilumina y esclarece.
Para el cristiano consciente, existe tan sólo una cuestión, un solo problema: el saber aceptar, el de ir asimilando, a lo largo de su vida -con júbilo esclarecido y sereno, sin atolondrarse- la admirable grandeza de ser tanto.
Sin duda, la mayor dificultad están el que muchos bautizados no viven su Bautismo. Por eso, el Movimiento de Cursillos, al dar lo fundamental cristiano en limpio y en directo, ayuda a resolver este grave problema.
Certeramente se ha dicho que la “religión cristiana, en su esencia más profunda, es que la persona y el destino de Cristo, con toda su potencia y plenitud, se inserta en todo creyente, y tiende a crecer y desarrollarse en la existencia personal de cada uno, a fin de realizar progresivamente la totalidad de posibilidades de aquella”.
En esta gozosa, admirable y misteriosa realidad tiene sus raíces toda la dinámica del cristianismo consciente, que, por ser consciente, va siendo también creciente, y se esparce y se comunica al mundo.
Cuando no se olvida esto -que es lo medular del cristianismo: su QUE y su POR QUE- toda la vida se halla como bañada en una dilatante luz de una significación evidente. Cuando no se tiene en cuenta, se pormenoriza el COMO sin tener bien asentado y fundamentado el siempre vivo y vivificante POR QUE. Muchos cristianos se enredan en las ramas de los múltiples COMOS, sin ahondar en el tronco del único POR QUE, que es LO ÚNICO NECESARIO del Evangelio, sin reparar en que tan sólo por la viva compresión de ese POR QUE puede ser vigorizado todo el frondoso árbol de lo cristiano.
El concepto que tenemos de cristiandad debe ser el de las primitivas cristiandades que, aunque pequeñas en número, según se desprende de los “Hechos de los Apóstoles”, poseían un acento triunfal, y estaban respirando ampliamente la dicha de ser cristianos, y de ir conquistando todo el mundo para Dios.
El concepto de cristiandad tiene que ser el de ahora, el actual, el que conviene a nuestro tiempo, pero con el mismo espíritu apostólico de siempre: teniendo en cuenta la realidad viva de Cristo, presente y vivo en la comunidad cristiana de hoy.
Hay que plasmar la realidad humana, según la ilusión de Dios. No creemos en la desconexión entre creación y redención, aunque, por creer en la autonomía de la naturaleza humana, tampoco lo identificamos.
Queremos un mundo lleno de Cristo, y sabemos que en la medida que Cristo penetre en el mundo, éste será humanamente más denso.
La cristiandad debe surgir de las raíces de todas las inquietudes humanas de orden temporal, que vienen condicionadas por cualquier circunstancia social, política, religiosa o familiar.
La santidad –“heroísmo de amor”- debe descender a todas las cosas del mundo profano con esta condición: que permanezca siendo santidad; que no se pierda en el camino.
En la cristiandad medieval, parece que todo estaba orientado cara a que las cosas humanas debían emplearse para proteger a las divinas. Y si bien es verdad que nunca debemos olvidar la importancia de los medios en la propagación del Evangelio y en la expansión del reino de Dios, no podemos dejar de ver que hoy es inverso el orden a seguir; lo que se precisa es que las cosas divinas protejan y vivifiquen las humanas por el descenso de Dios a los hombres y a las cosas, que tendrá por resultando la respuesta actual del mundo a ese descenso de Dios.
Hay que luchar y trabajar para que el Evangelio marque con su sello a los hombres y estas cosas, marcadas por el Evangelio, serán la cristiandad que Dios nos pide hoy.
El cristianismo -Verdad y Vida- es eterno, y, por tanto, de todos los tiempos. La Cristiandad se hace en el tiempo: por eso tendrá en cada época su fisonomía distinta, no tanto por ser los hombres distintos, cuando porque son otras las cosas de los hombres.
b) PSICOLOGÍA Y TEOLOGÍA.
Las mayores realidades de Dios colman las mejores aspiraciones del hombre.
La Teología y la Psicología son auténticamente paralelas. Las ansias de las almas únicamente pueden colmarse en la realización de los designios que el Señor tiene sobre todas y cada una de ellas.
Cada hombre, en su radical autenticidad, es lo que Dios piensa de él. Lo demás no es la verdad de sí mismo, antes bien, suele ser engaño, mentira, tapujo, tinieblas…, añadidos, que lo falsean o desvirtúan.
Certeramente ha dicho Guardini: “Mi singularidad se encuentra en Dios, no en mí mismo”.
La manera de entregarse a los demás están en proporción directa de la personalización que hace el apóstol de Cristo.
En el Movimiento de Cursillos de Cristiandad se conjugan realidades que suponen y exigen creer en Dios y creer en el hombre: Teología y Psicología. Creer en Dios y en los hombres de Dios. En lo que pueden hacer los hombres que creen en Dios, y en la vigencia perenne y operante de su realidad y de sus promesas.
Cristo es Dios que se encarna en el tiempo. Cristo se perenniza en la Iglesia. El individuo se hace plenamente presente en el ámbito salvífico de la Iglesia por la Gracia. Solamente en la Gracia es posible el encuentro con Cristo.
La aventura cristiana consiste en hacer presente en la Historia del Misterio de Cristo.
La Comunión de los Santos es el mejor camino para realizar la aventura cristiana.
Hacer presente en la Historia -en nuestra realidad histórica- el Misterio de la Comunión de los Santos, es realizar la convivencia de los santos: que los que quieren vivir en cristiano, compartan entre sí sus vidas, para que su cristianismo sea genuino (de Cristo), auténtico (de ellos) a fin de conseguir su vigencia efectiva en ellos y en los demás.
Hay que huir del ANGELISMO y del ENCARNACIONISMO.
El Angelismo supone no creer que las inquietudes de los hombres puedan bautizarse: es no creer en el poder de las promesas de Cristo sobre la humanidad.
El Encarnacionismo es creer “demasiado” en el hombre: es juzgar que las realidades humanas son de por sí “suficientes”, y no necesitan de los sobrenatural.
Lo primero crea personas sin problemas; lo segundo crea problemas a las personas.
Se trata de potenciar en cristiano las inquietudes que ya existen, y de orbitar las vidas, fundamentándolas en cristiano. Todo se vigoriza cuando se fundamenta en cristiano. Todo se halla en la órbita de su sentido auténtico, pleno y verdadero.
Debemos tener fe en que el hombre, enfrentado con la Verdad y convencido de ella, la sigue. Cuando dudamos de esto, es porque no creemos lo suficiente en la Verdad que propagamos, o no creemos en el hombre que la recibe.
A veces se olvida que el hecho cristiano, por sí mismo, sin necesidad de impulsos ordenadores o falsillas, tiene una dinámica propia, suficiente para engendrar un orden nuevo con la impronta de lo divino.
Al abrirse a la Verdad, los hombres se sienten vigorizados desde dentro, luego, es más fácil creer en el hombre, que sólo entonces es capaz de cristianizar lo vertebrado. Si se vive en plenitud, cada uno ocupa su lugar.
Interesa que vivan el cristianismo los que mueven las personas, no las obras ni las cosas. Cristianizando las vértebras de la realidad, que son los que vertebran, aplomándolas constantemente en una genuina valoración bautismal de sus vidas, la realidad queda impregnada, por su peso específico, de verdadera eficacia apostólica.
La posibilidad de milagro está en conexión con la fe de los hombres. Cuando el hombre cree, el poder de Dios entra en acción. La fe auténtica es ya milagro, es la transmutación de lo vacilante a lo seguro. Se diría que todo creyente tiene un soplo de fuerza milagrosa en sí, no mágica ni fantástica, sino basada en la realidad. La fe viva es una irradiación de energía transformadora hacia el mundo. Hay que ir hacia los demás partiendo de la Verdad que creemos, viendo en los demás la Verdad que creemos, viviendo en los demás.
La perfección del hombre y el Reino de Dios prácticamente coinciden y constituyen, en el mundo, una sola cosa. La intimidad humana es el santuario de la intimidad divina: menospreciar la dignidad de aquella es sustraerse a la difusión de ésta.
c) CRITERIO DE EFICACIA
Aplicar el criterio de eficacia a las cosas de Dios, es un criterio que apunta a las almas, no a las cosas. Por eso el esfuerzo ha de orientarse, no de cara a los actos, sino de cara a las vidas. No trabajamos por el cobro al contado de una Clausura, sino para el plazo, un poco más lento, de vidas que se van centrando en cristiano.
El Cursillo -como un punto- no tiene dimensión. Lo que señala la trayectoria es el Precursillo y el Poscursillo: lo que se pretende y lo que se consigue. Cuando se tiene el acierto de pretender lo eficaz, se experimenta la pena de no conseguir lo que se pretende o el asombro de conseguir más de lo pretendido.
Empleando la comparación evangélica, se trata de pescar hombres, pero hombres que tienen que entrar en el área de lo cristiano sin perder ninguna de sus cualidades. Siguiendo el símil de pescar, se diría que hay que pescar los peces con sus agallas y con sus espinas. El Dios que ha hecho a los hombres como son, los ha redimido y quiere que se santifiquen precisamente como son. Todo lo que es bautizable, es redimible y santificante. Y es tan sólo partiendo del hombre como es, que se puede ir llegando, cada día un poco, hacia lo que Dios quiere que sea.
En muchas ciudades importantes, suele haber un Parque Zoológico, donde se suelen tener, enjaulados, algunos animales feroces o salvajes. Normalmente estos animales, en su forzada reclusión, han ido perdiendo todas sus características peculiares. Y lo que se ve allí, es un león que ya no es león, y un tigre que ya no es tigre. Él fue león o lo que fue su abuelo; pero en la actualidad ha perdido gran parte de su fiereza y arrogancia.
A muchas almas que entran en el área de lo religioso, puede pasarles lo mismo, al quererlos mantener en la inflexibilidad de unos cuadros, que “encuadran” con demasiada rigidez a las personas. Valiéndonos del mismo ejemplo, podríamos decir que lo que el Movimiento de Cursillos persigue no es enjaular a nadie sino bautizar la selva.
Existe el peligro de atender a los métodos más que a los fines. Nunca la mística de los fines nos debe hacer olvidar el realismo de los medios. El fin no justifica los medios, pero los determina, lo encuadra y los valora. Sólo conociendo la meta, se puede trazar el camino preciso y exacto para llegar a ella.
III. Finalidad del Movimiento de Cursillos de Cristiandad.
La finalidad del Movimiento de Cursillos de Cristiandad es posibilitar lo cristiano en la vía de la normalidad, que es donde normalmente se vive la vida, para que todo el mundo pueda ser cristiano con normalidad.
La finalidad última de los Cursillos de Cristiandad es el día del Juicio Final haya más gente a la derecha que a la izquierda.
La finalidad inmediata es dar conocimiento, convencimiento, vivencia y convivencia de lo fundamental cristiano.
Ya hemos dicho que el Movimiento de Cursillos de Cristiandad es un método de formación cristiana al situar, de una manera consciente, maravillada y dinámica, a quienes lo viven, en la pista de lo fundamental cristiano.
a) LO FUNDAMENTAL CRISTIANO
Lo fundamental cristiano es algo común a todos los cristianos, y que todos tenemos que vivir si no queremos dejar de serlo.
Es algo que, por definición, obliga e interesa a todos.
Es algo tan simple, o aún más, que el tenerse que lavar cada mañana la cara. Pues si bien cara tenemos todos, podríamos encontrar algunos -o muchos- que nos dijeran que no tienen agua.
Tampoco podría servir para todos el aviso que dijera: “cada mañana, lo primero que se tiene que hacer es sacar el coche del garaje”. Porque son muchos los que no tienen coche y más los que, teniéndolo, no tienen garaje.
Lo fundamental es algo tan sencillo y tan fácil que por su sencillez y facilidad alcanza a los más posibles, o, mejor dicho, a todos. Algo así como decir. “cada mañana lo primero que tenéis que hacer, al levantaros, es dar cuatro pasos. Si no podéis darlos en vuestra habitación, los dais en otra o en la calle”. ¿Verdad que a esto sería más difícil ponerle pegas, precisamente porque serían más difíciles de encontrar, y alcanzaríamos por tanto a más gente?
Sin lo fundamental cristiano, todo lo religioso se derrumba. Supongamos que, en una nación imaginaria, los gobernantes tuvieran una honda preocupación intelectual, que plasmasen dotando al país de una modélica ciudad universitaria, donde se pudiera cursar cualquier carrera y cualquier especialidad. Pero imaginemos también que, en este lugar imaginario, donde está tan perfectamente organizado todo, apareciera una nueva enfermedad, una especie de amnesia rara. Que la gente se olvidara de saber leer y escribir. Nos podríamos preguntar: ¿de qué le van a servir las aulas a esta nación imaginaria, si, quienes las frecuentas, se quedan paulatinamente convertidos en analfabetos?
Tal vez al cristianismo de muchos le pasa lo mismo. Se habla de toda una serie de cosas que están muy bien, pero carecen de sentido si no se conoce y se vive el abecedario de lo cristiano, que es vivir en Gracia, amar a Dios y amar al prójimo.
Lo fundamental cristiano es Cristo vivo en el cristiano por la Gracia, que se expresa en amor a Dios y en amor al prójimo. Es volver a la simplicidad de los sustancial, siempre igual y siempre nuevo y diferente. Es el germen de todo lo posible.
El vivir en Gracia, amando a Dios y amando al prójimo, es el cimiento, la raíz y el origen de todo el ser y el hacer cristiano.
Cuando no se parte de esta realidad, que es la razón principal y el motivo único que puede dar fuerza y solidez a lo cristiano, todo se vuelve inconsistente y artificial.
Cuando las raíces de lo cristiano no se afincan en la profundidad de lo fundamental, para extraer de él el empuje y el vigor en orden a acrecentar la vida cristiana, ésta no tan sólo se destruye y deslustra, sino que queda radicalmente incapacitada para contener y expresar su propia esencia.
Lo fundamental cristiano es la iluminación bautismal hecha consciente y creciente.
Lo fundamental cristiano es común a todos y válido para todos, pero es concreto y específico para cada uno, ya que centra, impulsa y vigoriza la vocación personal de cada cristiano en particular.
La línea de crecimiento de lo cristiano en el individuo radica en el desarrollo de lo fundamental en su alma ya que todo lo que no avance en armonía con él, es siempre una mentira latente.
Lo fundamental cristiano es aquello que fundamenta toda realidad y todo sentido cristiano.
Hay que admitir que el cristiano, consciente de su Bautismo y como exigencia normal del mismo, siempre tiene la posibilidad y la fuerza de lo nuevo, y hace con mayor facilidad lo exacto.
Es la expresión siempre nueva de Cristo en cada creyente.
Lo fundamental cristiano no tiene en su santa simplicidad toda la fuerza comprometedora de lo simple.
Lo fundamental cristiano compromete precisamente por su santa simplicidad en la que radica toda su competencia.
Es algo parecido a si, de pronto, se llegara al descubrimiento de que el cáncer se cura si los remedios que se empleen son previamente sumergidos en el mar. Todos los que, desde siempre, dedicaron su vida a la delicada tarea de llegar a una solución satisfactoria, se sentirían asombrados al comprobar la desconcertante facilidad con que se potenciaba su remedio.
Y es que el Evangelio es el mundo divino en movimiento, es la recreación de todo el universo en Cristo, que pasa, muere y resucita en nosotros siempre y cada día, para alcanzar a los demás y convertirlos.
La diafanidad de las soluciones evangélicas esclarece las situaciones con tan rotunda claridad que el obligan a uno a salirse de sí mismo y a ser un poco más cristiano, centrándose mejor en lo único que importa.
Lo fundamental cristiano lo fundamenta todo: los hombres, los hechos, las ideas y las estructuras.
b) VERTEBRAR CRISTIANDAD
El proceso de estructuración de lo cristiano únicamente puede extenderse y propagarse contando y partiendo de lo fundamental cristiano de cada alma y de cada grupo de almas: Cristo vivo en el alma de cada uno, y Cristo viviente en el alma de los hermanos en Cristo, cuya presencia espiritual es siempre avivada por el contacto personal de quienes lo viven más intensamente.
En la Persona de Cristo lo “cristiano” pasa a ser algo concreto, personal, vivo y entrañable para cada uno. Sólo así se puede comunicar y difundir lo que Cristo es para nosotros.
La cristiandad se va vertebrando a medida que el hombre no tan solo va comprendiendo y asimilando el Evangelio, sino a medida que aprende a amasarlo con su vida, iluminándola y caldeándola hasta tal punto, que llegue a ser convicción e impulso de su misma personalidad.
Lo fundamental cristiano, al vivirse en toda su plenitud, provoca y propaga una conspiración de aprecio y amistad, que despierta en cada cual idéntica realidad, realizable por múltiples caminos. Es que el Señor hace luminosa toda verdad en la que tiene luz toda cosa.
IV. Relación entre ambos fines.
El primer aspecto —que llegue lo fundamental cristiano a los que practican los Cursillos—, suele cumplirse en el primer tiempo (Cursillo).
El segundo aspecto —dar lo fundamental cristiano a los hombres en orden a la vertebración de la cristiandad— se vincula principalmente a tres piezas: el Precursillo que suscita y selecciona a los más aptos; la Escuela de Dirigentes, que promociona a los más útiles, y el Secretariado que vela para que no se desvíen los fines ni se despunten los medios.
Existe una relación perfecta y complementaria entre lo fundamental cristiano y la vertebración de la cristiandad. Es más, el vivir consecuentemente lo fundamental cristiano, ya lleva en sí la fuerza necesaria para comunicarlo. La conexión normal entre los cristianos que viven lo fundamental, implica, con los actos corrientes y cotidianos que constituyen la trama de la vida diaria, el ir vertebrando la cristiandad, a medida que cada cual va contribuyendo, desde su área personal, al avance de lo cristiano.
En resumen: al vivir lo fundamental cristiano, se vertebra la cristiandad, y el ir vertebrando cristiandad es ir posibilitando a la gente lo fundamental cristiano.
El Movimiento de Cursillos no aspira a dar tan sólo una inyección de vigor y entusiasmo a la actitud cristiana de cada uno; ni quiere ser tan sólo un empujón al “ir tirando” de los “hijos fieles”, ni una cómoda manera de ir a la busca de los pródigos, ni siquiera para hacer lo de siempre un poco mejor.
Sin embargo, cuando los cristianos están centrados y orientados en su plena línea de eficacia, rebasan en mucho esos objetivos, y mucho más allá de ellos nos sitúan e impulsan hacia el cristianismo del milagro, donde todo es posible y diferente.
Realización de esta finalidad.
CAMINO PARA ALCANZARLA
El Precursillo. - El mismo Movimiento de Cursillos ya es de por sí y hasta constituye un medio normal para ir descubriendo a los hombres que sabrán ir realizándolo en la vida. Sin embargo, se impone tener los criterios claros para lograr una acertada selección.
Todos los nombres tienen derecho a salvarse. Los Cursillos no son la salvación, pero sí un modo específico de conseguirla, que importa unas exigencias determinadas, y requiere unas condiciones concretas.
Podríamos distinguir cinco clases de individuos.
Podemos descartar, de entrada, a los del primero y segundo grupo, ya que solo los tres últimos pueden ser objeto de nuestra actuación en el Precursillo.
Los hombres, como los peces, van por grupos. Hay quienes son locomotoras, quienes son vagones, y quienes son vía. A veces, para que una locomotora pueda seguir siéndolo, será necesario admitir, con ella o después de ella, a algunos de sus vagones ya que, de lo contrario, se corre el peligro de que no dé todo el rendimiento esperado, al entrar en un ambiente del que no se siente eje.
Estas personas no son precisamente los que ocupan los altos cargos, “los mejor situados”, sino los que, en cualquier estrato de la sociedad, son cabeza de puente: sus decisiones deciden, sus opiniones mueven y sus actividades conmueven.
Un criterio desviado en la selección de los candidatos para un Cursillo será querer meter en él a algunas personas de prestigio para que ellas prestigien el Movimiento. Conviene no olvidar que a los Cursillos quien los prestigia es Cristo, y que los hombres sólo hemos de procurar no desprestigiarlos.
Hay que servir a los Cursillos y no hemos de servirnos de ellos para lograr otros fines distintos de los que persiguen los mismos Cursillos.
El Cursillo. - El Cursillo es un triple encuentro con Cristo, con los hermanos y con la cristiandad.
El Cursillo desvela en el alma su dignidad bautismal. El Cursillo es encuentro con Cristo, es descubrimiento asombroso, en el que las inquietudes se transforman en evidencias.
Es la oración de muchos, utilizada por la actuación de unos cuantos que, fiados en Dios, y apoyados en la “intendencia” de los hermanos, se lanzan al ruedo de una nueva aventura apostólica.
Se diría que es la energía espiritual acumulada, que se vuelve sobre los que aportan su ilusión, su entrega y su espíritu de caridad.
Un Cursillo es un Vía Crucis, que nunca se sabe exactamente cuántas estaciones va a tener. Lo que sí se sabe, porque se pide a Dios, es que el tercer día resucitarán todos a la Gracia. Y en esa inquietante esperanza se llega a la alegría pascual del tercer día, cuando unidos a Cristo por la Gracia, una nueva fuerza empieza a obrar. Se trasluce un nuevo sentido, una nueva mentalidad. En el corazón despierta una nueva región cuya existencia no se conocía. Se abre una nueva oportunidad a la vida, a su desarrollo, a su perfeccionamiento. Sobre esto no se puede decir nada teóricamente. Es una realidad que no se puede imaginar; hay que toparse con ella. Entonces es cuando se sabe.
Todo en el Cursillo exige, por parte de los que lo manejan, un tacto agudo y desvelado, y una despierta voluntad de equilibrio para que en ningún momento se aparte de su verdad.
Como en todo, se puede pecar por exceso o por defecto. Sería curioso coleccionar las “Vegetaciones” que podríamos llamar de la derecha y de la izquierda. Las que se dan por exceso y las que se dan por defecto. Las producidas por el nerviosismo de una excesiva y desequilibrada preocupación, y las que provienen de una lamentable superficialidad o un olímpico desinterés.
Hay que ordenar las cosas (poner en orden) de tal manera que no sea necesario ordenarlas (dar órdenes).
El punto de mira tiene que ser la naturalidad, la espontaneidad, la autenticidad; y estas tres cosas han de fluir del ambiente y de las personas que lo integran y posibilitan, de una manera casi alada, como fluyen la belleza, la educación o la elegancia.
El Cursillo es encuentro con Cristo Amigo y Hermano. Divino y Humano. Es encuentro con Cristo Eucaristía, en la Misa, en la Comunión, en el Sagrario, en el Sacerdote. Es encuentro con Cristo, porque lo esencial de lo “cristiano” es Cristo precisamente. El cristianismo es la única religión que da al hombre una realidad sobrenatural y no un simple ideario o un programa moral. Una vez que se ha experimentado el encuentro con Cristo, si uno falla, es siempre dentro de un cosmos, cuyo mismo orden obliga al arrepentimiento. Cuando se ha vivido un Cursillo, se siente o el gozo de hacer lo que se debe o, por lo menos, la pena de no ser como se debe.
El Cursillo es también encuentro con los hermanos, porque es descubrimiento gozoso de una unión fraterna. Entonces se comprende algo de la inquebrantable solidaridad que vincula las almas entre sí, y cómo se transmite una oculta acción mutua, desde cada una de ellas a todas las demás, y desde las demás a cada una. Se siente la experiencia viva de que todos somos hermanos, de todos vamos hablando de una misma Verdad y viviendo una misma Vida.
Y es finalmente encuentro con la Cristiandad, con las Asamblea cristiana, porque por la Gracia uno se siente conectado, ensamblado y unido con la Cristiandad, aprendiendo a sentir y a vivir al ritmo universal de la Iglesia, sintiendo su cálida fraternidad en la oración, en la plegaria.
El Poscursillo. - Del Poscursillo no vamos a decir nada porque van a hablar de él nuestros hermanos mejicanos en la Ponencia de mañana (véase folleto nº3). De él diremos tan sólo que es lo que trueca el triple encuentro provocado por el Cursillo en una amistad que viene a ser la prolongación dilatada, en el tiempo y en el espacio, de este mismo encuentro: amistad con Cristo, amistad con los hermanos y amistad con la cristiandad.
La Escuela de Dirigentes. - La Escuela de Dirigentes es al Poscursillo lo que el cuadro de Dirigentes es al Cursillo, y tiene que estar integrada por un núcleo de cristianos que, con sinceridad y amistad cumplan su misión de comprometerse, centrarse y juntarse, para que todos los que asistan a la Ultreya, estén cada día más comprometidos, más centrados y más conjuntados en la aventura de querer ser ellos santos y de conseguir que otros muchos lo sean.
Su función externa es conjuntar, avivar y potenciar la actuación de los ejes vivos de una cristiandad, y su función interna es proporcionar una vista apta para el completo desarrollo, en espíritu y en criterios, de las posibilidades de los que ofrecen mayores posibilidades, y dar un conocimiento vivo y amplio del Movimiento de Cursillos a quienes más y mejor pueden moverlo.
El Secretariado. - Es una Reunión de Grupo especial, compuesta por sacerdotes y seglares, a la que la Jerarquía encomienda, como plan apostólico permanentes, el montaje, encauzamiento y promoción del Movimiento de Cursillos.
Es una unidad de servicio a fin de ofrecer a los Cursillistas las posibilidades apostólicas que precisen, para rendir el máximo, de cara a la eficacia en almas.
CRITERIOS PARA NO DESVIAR LA FINALIDAD DE LOS CURSILLOS
Al tratarse de cosas del espíritu, toda comparación es siempre pálida. Pero un encuentro con Cristo, tal como deviene en el Cursillo, podría compararse a un hombre que tuviera ya resuelto, mediante el ejercicio de su profesión, el problema de ganarse el sustento diario. Si de buenas a primeras saca una importante cantidad en la lotería —pongámoslo en quince millones de pesetas— podemos imaginar fácilmente algo de lo que con toda seguridad ocurriría. Lo más normal sería que este hombre, al ensancharse su zona de posibilidades, cambiara de vida, de casa, de medio de locomoción, de manera de vivir y de comer.
A un hombre que se encuentra con Cristo le sucede algo parecido en el terreno del espíritu: se le cambia el panorama; el capital adquirido le produce un interés de alegría, de serenidad, de optimismo cristiano, que le hace percibir el eco de los cierto.
Cuando el Cursillo no es lo que debe ser, a ese hombre se le deja de dar lo que le corresponde. Entonces, en lugar de conseguir hombres que han encontrado a Cristo, se consiguen, a lo más, hombres encariñados por una determinada parcela de su vida, no dejándoles ver su plantación favorita las anchas posibilidades de todo lo demás.
A veces el Cursillo se da bien —al Cursillista no se le merman los quince millones— pero el fallo viene en el Poscursillo. El hombre se ha encontrado con Cristo, y su mayor preocupación y anhelo consiste en perennizar este encuentro. Todo su ser se siente como inmerso en el mundo radiante que acaba de descubrir o reencontrar. Su disposición es dinámica, y su apertura generosa parece reclamarle “un hacer” por el que pueda expresar su adhesión a la Verdad y sus fervientes deseos de propagarla.
Para que toda su personalidad quede concentrada en su órbita precisa, es necesario no forzar su decisión, ni acelerar su marcha. En estas ocasiones, cuando los Dirigentes no tienen el criterio exacto de lo preciso, se suele exigir al Cursillista más de lo debido y de manera contraproducente. Y eso hace que rinda menos, en razón siempre a lo que se complica de más.
Cuando la finalidad de los Cursillos es reemplazada o desviada hacia otras finalidades, los resultados disminuyen considerablemente, y el Movimiento pierde filo y mordiente.
Sería difícil hacer un inventario completo de las deviaciones posibles, pero, como orientación, podemos señalar las más destacadas.
Desplazar la diana de lo fundamental cristiano a
1) Lo espectacular cristiano. – Evidentemente, no es lo mismo lo fundamental cristiano que lo espectacular cristiano.
Lo espectacular cristiano puede ser de provecho espiritual cuando es la expresión y la culminación de algo que, por su desmedida amplitud, no puede ser contenido en los estrechos límites de la corriente y en el habitual margen de lo cotidiano. Hay gente que tan sólo mira al cielo cuando se hacen fuegos artificiales. Sin querer decir con ello que haya el menor artificio. Por eso puede ser conveniente hacerlos de tarde en tarde, porque siempre es bueno levantar la vista por encima de lo corriente y elevar el pensamiento a más altura.
Pero querer que el Movimiento de Cursillos se apoye exclusivamente en las vivencias de unas ocasiones excepcionales, en el entusiasmo colectivo de las Clausuras o en la asistencia en bloque a Ultreyas extraordinarias, que reúnen y agrupan a una gran cantidad de gente, es querer vivir en banquetes, en lugar de alimentarse del habitual pan nuestro de cada semana, que es la Reunión de Grupo en la Ultreya.
2) Inflación. - Cuando el número de Cursillos que se celebra en una Diócesis no viene dado por el número de Cursillistas que la cristiandad puede asimilar, se corre el peligro de que se produzca una inflación.
No se debe salir a pescar sin tener preparados los cestos donde colocar los peces. De lo contrario “pescas milagrosas” no hacen más que crear extraños conflictos.
Cuando hacen muchos Cursillos y no se piensa en el Poscursillo, es imposible que cada uno encuentre su camino, y, por tanto, que se encuentre a gusto. Y al no poder vivir, en la vida real, la vida que conoció en el Cursillo, fácilmente se desanima, y fundadamente piensa que fue víctima de un engaño.
3) Especialización. - Otra tentación en la que se puede caer con mucha facilidad es la especialización.
Cuando se proyectan Cursillos para médicos o para soldados o para oficinistas, se está a muchas millas de entender lo que con los Cursillos se pretende.
Los Cursillos no sirven para que cada uno riegue su huerto o su maceta con los frutos del Cursillo, sino para dar a los cristianos conciencia y vivencia de su Bautismo. De esta forma se fertilizan todos los huertos, sin reducir las dimensiones de la eficacia del Cursillo.
4) Anquilosamiento. – Una obsesiva y ciega fidelidad al núcleo del método puede conducirnos a una rigurosa y excesiva preocupación accidental.
La intercomunicación entre las Diócesis y la conexión viva con los Organismos Nacionales, así como el intercambio de publicaciones y revistas, son un medio muy eficaz para mantener en todo momento el Movimiento de Cursillos a punto y en su punto.
5) Organización. - Otra desviación peligrosa es pensar y entender que el Movimiento de Cursillos es una Organización, disponiendo las cosas como si de una organización se tratara. De ahí que evitemos hablar de normas, de reglamentos, de cuotas, de distintivos, de la obligación de asistir a determinados actos.
El Movimiento de Cursillos cuenta tan sólo con un mínimo de organización para que, precisamente, no sea organización. Mínimo de organización que asegura y facilita la permanencia y la continuidad de lo experimentado en los Cursillos, para que las verdades allí vividas puedan ser en la vida siempre verdad. Se diría que es el mínimo de orden necesario para asegurar la plena libertad de cada uno. Algo así como la disposición de seguir la derecha de las carreteras, que asegura la libertad de poder transitar por ellas; algo así como las elementales normas de circulación en una población de gran afluencia de vehículos, que ordenan el correcto discurrir de todos y evitan los enojosos embotellamientos. Todo esto no es complicación, sino descongestión.
6) Cursillismo. - No es extraño que los que hayan sido introducidos, por medio de los Cursillos, en las verdades cristianas, o al menos en un conocimiento consciente de las mismas, tengan al instrumento de Cursillos un descentrado cariño, que le haga valorar desmedidamente y hasta con comprensible exclusividad el método. A este propósito dice el Dr. Hervás en su libro “Interrogantes y problemas sobre los Cursillos de Cristiandad”: “¿Podrá extrañarnos que el que ha hecho un Cursillo de Cristiandad sienta un entusiasmo desbordado por él, y que formule expresiones exageradas, sobre todo en su primera época, cuando todavía no han madurado totalmente sus frutos, ni su fervor ha sido aún analizado inteligentemente por quien debe hacerlo, por los cauces normales de la vida de la Iglesia de Cristo?” (Pág378).
No hemos de perder de vista que el título de Cursillista queda muy pálido ante el título de cristiano. Y lo que de verdad importa es ser cristiano más que Cursillista. La palabra “Cursillismo” no significa nada; lo que interesa es el cristianismo. No hemos de tener espíritu de cuerpo, sino espíritu de Cuerpo Místico.
7) Parroquialismo. - Los Cursillos no están hechos tan sólo para que la gente vaya a la Parroquia, sino para que sirvan al Señor en el lugar en que el Señor coloca a cada uno.
Karl Rahner dice que “el dar una importancia exagerada a la influencia de la Parroquia y de otras corporaciones, atenta contra la justificada libertad del cristianismo en su vida religiosa. (“Iglesia y Hombre”, pág. 114)
Las Parroquias tienen su función. Su papel providencial. Muchos Cursillistas trabajan en ellas. Pero no se puede exigir a todos que se encuadren inevitablemente en alguna de sus instituciones. No es honrado mandar gentes a Cursillos con el propósito deliberado de aprovecharse después de su postura generosa, empleándola para cambiar los bancos de lugar o para tocar las campanas.
La dinámica de los tiempos presentes exige una mayor amplitud de miras.
VI. Lo que no es finalidad de los Cursillos.
No es finalidad de los Cursillos llegar al Cursillo X, que puede ser el 25, el 50, el 75, el 100 o el 200.
Ni llegar al número X de Cursillistas, acelerando desmedidamente el ritmo de los Cursillos, para llegar a tener mil o dos mil.
Ni tener Cursillistas en todas partes, en todos los sectores o barrios de la ciudad, en todas las parroquias, en todos los ambientes.
Ni tenerlos “en las alturas” o tenerlos en “los bajos fondos”.
Cuando todo esto ocurre, se despunta la finalidad del Movimiento de Cursillos, en perjuicio de la eficacia, y se corre el peligro de salirse de la autopista de lo fundamental cristiano.
Sin duda hay algo más lamentable que desviarse de la pista de lo auténtico: el querer justificar el despiste, apuntalándolo con una improvisada teoría, con la que se quiere amparar una finalidad secundaria. En lugar de reconocer clara y sinceramente el error, se pretende elevarlo a la categoría de norma, como aquel que quería que sus faltas de gramática se convirtieran en reglas de ortografía.
Los que alegremente emprenden este camino, convendría que meditaran un poco en lo peligroso que resulta pues además de alejarles a ellos de la meta, dificultan la llegada de todos a la ansiada unidad del mensaje, a todas luces tan necesaria y conveniente para la mayor expansión y eficacia del Movimiento de Cursillos.
VII. Epílogo.
Pedimos al Señor, por mediación de la Virgen, Madre de la Iglesia y Causa de nuestra Alegría que, en cada cristiandad del mundo, haya un grupo de Dirigentes, que formando una unidad viva de pensamiento, de voluntad y de acción, con la vista puesta en la finalidad de los Cursillos, con mucha fe en Dios, vaya aplicando con amor y temblor el método en toda su pureza, para lograr que cada día seamos más los que peregrinemos por Cristo hacia el Padre con la ayuda de María y de los Santos, llevando con nosotros a todos nuestros hermanos.
Eduardo Bonnín Aguiló