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1/JUL/2000
Intervención de Eduardo Bonnín en la III Ultreya mundial
Bonnín anima a los cursillistas a vivir su fe desde el encuentro con Cristo, la amistad y la autenticidad. Destaca la vocación laical como fermento en el mundo, manteniendo la sencillez del método y el compromiso de contagiar la alegría del Evangelio.

¡Cursillistas de Cristiandad!

Venimos de muy distintos y muy distantes lugares, pero como los primeros cristianos, nos hermana un mismo corazón y una misma alma, todos hemos vivido la experiencia de un encuentro profundo con Cristo en un Cursillo de Cristiandad, y desde entonces este Cristo vivo del Evangelio, el que nos presenta la Iglesia, ha sido nuestro norte nuestra motivación constante y nuestra guía. Este es el objetivo de nuestro Movimiento, posibilitar a las personas un encuentro con Cristo que crezca y se desarrolle en el cristiano por la gracia vivida de manera consciente, profunda y contagiosa.

Hoy me siento emocionado y agradecido, porque aquella idea que se nos metió en el alma cuando teníamos veinte años, no era una quimera, ni un capricho de juventud, ni una exaltación propia de la edad, sino un plan del Espíritu de Dios.

El hecho de estar aquí reunidos nos invita a reflexionar sobre las raíces del Carisma Fundacional de nuestro Movimiento y recordar que la actitud del hombre o de la mujer ante lo personal y vital, que es el área de influencia del cursillo, es siempre la misma en todas las latitudes, lugares y culturas.

La actitud no ocupa tiempo ni espacio. Es una postura ante el hecho de vivir.

Los Cursillos son un Movimiento que, mediante un método propio, intenta desde la Iglesia, que las realidades del cristiano se hagan vida en la singularidad, en la originalidad y en la creatividad de cada persona, para que descubriendo sus potencialidades y aceptando sus limitaciones, conduzca su libertad desde su convicción, refuerce su voluntad con su decisión y propicie la amistad desde su constancia en su cotidiano vivir personal y comunitario.

Los Cursillos son la mejor noticia, que Dios nos ama, comunicada por el medio más humano, que es la amistad, hacia lo mejor de cada uno que es su ser de persona.

Por eso queríamos, y seguimos queriendo que la gente laica, que forma la mayoría de los hombres y las mujeres corrientes, pueda encontrarse en el lugar donde está y de la manera más simple, con el Cristo vivo del Evangelio, y que al sentirse unido a Él por la gracia, cambie el rumbo de su vida, y aprenda a saborearla y agradecerla, pero sin desubicarse de donde vive, porque el mundo precisa de hombres y mujeres, con clara visión y despierto criterio, que situados en las arterias vivas del humano existir, puedan ser fermento que fermente en cristiano el ambiente y el clima donde le ha tocado vivir.

Pero todo ello, permaneciendo laicos, porque entendemos que lo más laico del laico, lo que constituye la sustancialidad más genuina de su laicidad, es el hecho de tener que vivir a la intemperie en un mundo donde los valores que valen son desconocidos, desvalorados o no valorados. En esta situación tan generalizada Cursillos ofrece unos medios simples y concretos para que cada uno pueda vivir y acrecentar su fe.

Queremos que los que transiten por el mundo, puedan encontrarse con creyentes de verdad, convencidos de su fe, testimonios vivos y entusiastas que, por su actitud ante la vida, contagien la alegría de vivir de cara a Dios ya los hermanos.

Esta es nuestra meta, para esto luchamos y para animarnos en nuestra común fe para ir consiguiéndolo, nos hemos reunido otra vez aquí en Roma, y también para agradecer de todo corazón y de verdad al Santo Padre, la cariñosa acogida que desde siempre ha dispensado a nuestro Movimiento. Y es que a nosotros nos inquietan sus inquietudes y queremos afinarlas compartiéndolas con él.

Pensemos con agradecimiento con todos aquellos que se desvivieron para que Cristo llegara a los más posibles, para que fueran muchos los que saborearan el gozo de la fe y el don de contagiarla con alegría.

Tengamos un recuerdo también por lo que, tal vez merecían más que nosotros el regalo de estar hoy aquí y que, por circunstancias de trabajo, de familia de permiso o económicas, no han podido reunirse con nosotros.

Con el ánimo renovado, unidos a todos ellos por la oración, y unidos a Cristo, por la gracia, volvamos otra vez al mundo a continuar nuestro peregrinar de siempre, que sabemos bien, porque lo llevamos en lo más hondo del alma, que es caminar por Cristo hacia el Padre, a impulsos del Espíritu Santo, con la ayuda de María y de todos los santos, llevando con nosotros a todos los hermanos.

¡De Colores!

Eduardo Bonnín Aguiló

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