Mis queridos hermanos y amigos Cursillistas de Chile:
El Señor nos ha hecho la gracia de que nuestra Ultreya fuera visitada por Monseñor Guido Rodríguez, quien después de su intervención me ha pedido unas palabras de saludo para vosotros.
A los que un día ya lejano —fiados en Dios y apoyados en las oraciones de muchos hermanos— iniciamos el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, no puede menos de llenarnos de alegría, ver el auge que están tomando en todas partes y cómo van siendo potente instrumento que, centrado y orientado hacia su finalidad que no es otra, más que dar conocimiento, convencimiento, vivencia y convivencia de lo fundamental cristiano en orden a conseguir ir vertebrando cristiandad.
Como muy bien sabéis por haberlo vivido en vuestra vida. El Cursillo de Cristiandad es un encuentro o un reencuentro con Cristo y también un toparse y encontrarse con los hermanos. Ambos encuentros han de dilatarse en el tiempo y en el espacio a través de una amistad progresiva con el Señor y con los hombres por El redimidos. Tal cosa puede realizarse con la mayor simplicidad, si se tiene en cuenta que el Post-Cursillo, tiene aún más importancia que el Cursillo, ya que lo que se pretende es que los hombres vivan en gracia toda su vida y no tan sólo que se entusiasmen con ella y por ella durante tres días. La Reunión de Grupo y la Ultreya es lo que va posibilitando al cursillista mantenerse en órbita. Dadles toda la importancia que tienen, pues por su densidad evangélica, van dando fundamentalidad al cristianismo, de lo que el Bautismo supone y exige a todos, se puede llegar a cualquier parte y sin contar con ello, hay siempre una mentira latente en nuestro ser y en nuestro hacer cristiano.
Os pedimos vuestras oraciones y os prometemos las nuestras para que, por la gracia de Dios, podamos ser todos fieles a lo que supone sentirse comprometidos en la santa aventura de los Cursillos de Cristiandad, para que puedan seguir extendiéndose en el mundo para bien de las almas y gozo de la Iglesia.
“De Colores” y hasta todos los días y siempre en el Señor.