El hombre siempre se da circunstanciado. Ortega, habla del hombre y su circunstancia, pero el hombre, desde que ha aprendido a manipular circunstancias, ha conseguido no pocas veces que pesen más las circunstancias que el hombre. Los espacios de libertad hacia fuera son reducidos un poco cada día, por lo que cuadra ahora más con la realidad decir la circunstancia y el hombre que no el hombre y su circunstancia, pues se desvaloriza de cada día el hombre y se da valor a su circunstancia de lo que tiene, de lo que puede, de lo que sabe.
Del sesgo de estas cosas se puede sacar bien, ya que puede ser aprovechado para recorrer la poco explorada distancia que hay de la piel del hombre a dentro del hombre, para conocerse mejor.
Señalar algo que venga a ser la línea de flotación que pueda hacer suponer, calcular o calibrar el interior de una persona, lía siempre las cosas.