Ahora que el Movimiento de Cursillos de Cristiandad, por la gracia de Dios y las oraciones de muchos, ha llegado a los cinco continentes, es bueno recordar y celebrar el acontecimiento de su oficialidad, cuando después de muchas dificultades e incomprensiones, por la triple bendición, el apoyo y el impulso episcopal, del Obispo residencial, Dr. Hervás, los Cursillos entraron por la puerta grande de la Iglesia.
Sin duda ninguna el evento merece ser recordado y celebrado, porque desde aquellas fechas, son muchas las personas que se han encontrado a sí mismas han encontrado a Dios, y han experimentado el gozo de descubrir a los hermanos.
Quien más quien menos, ha experimentado un encuentro con Cristo vivo, normal y cercano, que le ha enderezado su vida hacia una mayor conciencia de su vivir y una nueva visión de los hermanos lo que le ha hechos percibir en ellos unas cualidades hasta entonces nunca valoradas por desapercibidas o ignoradas.
Es que cuando la fe es optada con convicción, cambia la perspectiva y se encuentran en ella motivos que estimulan el caminar y esclarecen el sentido del vivir, esto es, el porqué y el para qué se vive.
A lo largo de los años transcurridos hemos podido ver como el evangélico “aún mayores cosas veréis”, saboreado, vivido, compartido y agradecido desde el principio del principio se ha ido volviendo realidad comprobada y comprobable de manera sucesiva y fluida. Esto ha hecho que el entusiasmo de la primera hora en la actualidad se haya multiplicado indefinidamente por el crecimiento y la exuberante expansión de la semilla de la gracia, tantas veces cuidada y cultivada con la oración y la plegaria, lo que nos mueve a alabar a Dios porque nos damos cuenta de que van siendo de cada día más los que viven sabiendo que Dios les ama.
Nunca me he sentido un profesional ni un urbanista de lo apostólico, y gracias a Dios, me dura y me perdura el temor y el temblor de siempre cuando tengo que, no tan sólo tomar parte como dirigente a un Cursillo, sino hasta cuando cualquier circunstancia me conduce a tener que expresar mi fe.
No estoy ni me siento satisfecho, pero sí muy contento porque el Señor sigue resucitando en muchos y obrando las maravillas de siempre, siembre inéditas, siempre oportunas, siempre asombrosas…
No estoy ni me siento satisfecho, pero sí muy contento porque el Señor sigue resucitando en muchos y obrando las maravillas de siempre, siempre inéditas, siempre oportunas, siempre asombrosas…
No obstante, me siento más invitado al banquete del vivir de hoy, que al regocijo de los logros del Señor a través de Cursillos. De alguna manera la alegría de hoy, descansa en que al volver la vista atrás, no se ve solamente un camino de rosas, las rosas que ha abierto el Señor, la de cada convertido en Cursillos, algunas de los cuales se mantienen… Rosas que no han carecido ni carecen de espinas, pues en honor a la verdad, los avances en el terreno del Espíritu para afianzar la naturaleza seglar de Cursillos, ha supuesto una constante, aventurada y esperanzada lucha contra la “increencia de algunos” ante la potencialidad del método, ampliamente contrastada a lo largo de todo este tiempo. Muchas veces tuvimos y tenemos que anclarnos en el profundo contenido de la afirmación de Cristo: “Bienaventurados los que sin ver creen”, para seguir adelante con nuestro primigenio propósito.
Hoy y todos los días, nos llena de gozo ver crecer el “tallo” de su radical autenticidad y por la exhuberancia de sus frutos, la finalidad originaria de los Cursillos, en los lugares donde se desarrollan conforme a su esencia.
Por otra parte, nos nublan el optimismo, “los injertos” coyunturales que distraen el proceso de conversión de cada persona y, que, con la mejor de las intenciones, lo complican.
Con ello quiero decir que me duele y mucho que, con bastante frecuencia, no se tenga en cuenta que lo esencial es que lleguemos a comprender muy por encima de todo la gran realidad de que el Reino de Dios está dentro de nosotros mismos, dentro de cada uno, y no en nuestras circunstancias. No es fácil llegar a entender que la santa simplicidad de lo cristiano radica en esta maravillosa verdad, y es precisamente eso y para eso, que ha sido y es el objetivo, la meta y la cima de lo que ha significado para mi vida el Movimiento de Cursillos, y lo bueno es que lo ha significado y lo sigue significando también para muchos más, sobre todo para los que después de una previa e ilusionada preparación han vivido la experiencia de los tres días del Cursillo.
No puedo olvidar el impacto que me produjo lo que escuché decir a un hombre en su clausura, se levantó y dijo escuetamente – “desde hoy Cristo se llamará Prudencio” – Esto lo había entendido.
Si en las Reuniones de Grupo y en nuestras Ultreyas tuviéramos presente el profundo contenido de esta actitud, seguir a Cristo supondría lo pretendido desde siempre, que el Espíritu de Dios, se encuentre con la libertad del hombre, naturalmente expresada en su singularidad, en su originalidad y en su creatividad. Esta es la esencia y la finalidad del Movimiento de Cursillos. Este ha sido mi deseo y mi empeño, y lo que me ha llevado, contando siempre con la gracia de Dios a dedicar, con el mayor gusto, tiempo y esfuerzo al objetivo que nos propusimos hace tiempo unos jóvenes disconformes con una forma triste de ser santos y que seguimos aún en el mismo empeño, pues mucho tiene de común aquello, con los que se asustan ahora ante los retos que presenta el mundo de hoy, como si no los superara a todos ellos, la fuerza de la Resurrección, ya que el avance de las nuevas tecnologías, y el cambio de forma de vivir, acogidos con fe encarnada en lo humano, nos proporcionará nuevos medios de comunicación y nuevos horizontes de esperanza al emplearnos como realidad positiva.
Eduardo Bonnín.