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24/NOV/1990
Intervención en la Ultreya nacional de Italia
Invita a vivir el Cursillo con fidelidad, apoyado en la oración, la amistad y la sencillez. Recuerda que lo esencial es llevar a Cristo a los demás con la propia vida, agradeciendo a quienes sostienen el Movimiento y viviendo una fe que se contagia con alegría.

Mis queridos amigos Cursillistas, es para mí un gozo muy grande que vuestro Secretariado Nacional, me haya deparado la ocasión para poder tener el gozo de comunicarme con vosotros. Por la gracia de Dios, he visitado muchas comunidades de cursillistas de ese bello País, y siempre he podido comprobar con gozo que seguís con gran fidelidad y entusiasmo los genuinos postulados que nuestro Movimiento persigue, y que siempre consigue, cuando se apoya en la oración confiada, en la amistad sincera y en la vivencia cristiana compartida con simplicidad y comunicada con alegría evangélica.

Demos gracias a Dios, y démoslas también a los que con su esfuerzo continuado, tenaz y gozoso han hecho posible lo que estamos viviendo.

Siempre que vivo algo que el Movimiento de Cursillos lo ha hecho, por la Gracia de Dios, posible, no puedo dejar de pensar en las personas que desde los inicios lo han venido posibilitando. Los enfermos, los presos, los que han sabido ofrecer sus dificultades, para que a los más posibles pudiera llegar la buena noticia de que Dios les ama.

Nunca me canso de decir que el Movimiento de Cursillos es como una catedral, en que las piedras que más aguantan son las que no se ven. Seamos agradecidos y pensemos también con los que vivieron desviviéndose para que nuestro Movimiento viviera.

Los Cursillos han llegado ya a los cinco Continentes. Estamos contentos, pero no satisfechos, el Señor se merece infinitamente más.  Pidámosle con fe viva y con firme esperanza, que de cada día sean más los que se encuentren con Cristo y con los hermanos, para que puedan experimentar en su cotidiano vivir, en las cosas agradables y en las que nos entristecen, la luz que se desprende del Evangelio, la frescura de las Bienaventuranzas y la diafanidad del Padrenuestro.

Cuando una persona se ha encontrado con Cristo vivo, normal, cercano y lo va metiendo en su vivir con convicción, con decisión y con constancia, no hay nada para él que pueda continuar como estaba antes, ya no puede tan sólo lamentarse ante las cosas absurdas que suceden en el mundo: la violencia, el odio, el alcoholismo, la droga… sino que todo esto, debe de hacerle llegar a aquella conclusión reflexiva de Marta y de María, cuando el Señor llegó a la casa de Lázaro: “Si hubieses estado aquí, nuestro hermano no habría muerto”.

Nosotros los Cursillistas, o mejor dicho nosotros los cristianos, hemos de pensar, reflexionar y decir, ante cualquiera cosa que nos parece no conforme con la ilusión de Dios, si hubieses estado ahí, y allí, y allá, en el corazón de aquel hombre, de aquella mujer, de aquel joven, de aquel que vende droga, de aquel que se enriquece a costa de los demás… Si Cristo hubiera estado en todos ellos por la Gracia consciente, nada de todo lo que ha podido pasar a esta gente, hubiera sucedido. Es más, tal vez, pensándolo bien y para ser más exactos, deberíamos decir: “Si hubiéramos sido capaces de darte a conocer, allí, allá, en tal sitio, o en tal otro, esto tan triste que está pasando a esos hermanos, no hubiera pasado, no pasaría”.

El tiempo se acorta, no puedo extenderme más. A todos, un gran abrazo y hasta todos los días y siempre, porque por fortuna sigue siendo verdad que los cristianos formamos una unidad viva capaz de avivarlo todo. No os quepa duda, hay demasiado Evangelio para tan poco mundo. Lo que importa es vivirlo, comunicarlo y contagiarlo para que siga expandiéndose y dilatándose para que cada persona vaya encontrando la finalidad y el sentido de su vida, y al encontrarlo a él, encuentren también, la alegría de vivir y el gozo de sentirse vivos, el gozo de sentirse amigos, el gozo de sentirnos unidos. ¡Hasta todos los días y siempre DE COLORES!

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