Hay en el mundo personas que a pesar de que en el mundo está todo organizado para que nadie pueda disponer de un espacio de tiempo para poder pensar, de vez en cuando, piensan.
Al pensar, le vienen a la cabeza multitud de ideas, todo el mundo piensa de distinta manera, según su manera de ser y de entender la vida.
Generalmente los hombres al pensar se preocupan de los problemas de los demás, antes que de sí mismos. El hambre, las injusticias, las guerras, los parados, los emigrantes, el acceso a la cultura, la igualdad de oportunidades, etc.
Aunque de esta situación todos somos un poco responsables, conviene tener en cuenta que, únicamente hay responsabilidad, cuando hay posibilidad. Por lo tanto, frente a lo que no podemos arreglar, si somos creyentes, lo que podemos hacer es rezar. Rezar, pensar, estudiar, y reflexionar sobre posibles soluciones. Si bien todas estas preocupaciones e inquietudes tienen un camino para un enfoque más apropiado, que, aunque no sea la solución, ayuda a ver las cosas con más claridad y es que el hombre empiece por intentar emplear la facultad de pensar para encontrarse consigo mismo.
El hombre en sentido genérico, y por tanto también la mujer, necesitan descubrirse a sí mismos, saber que son personas.
Antes, sobre todo en los pueblos, solamente eran personas el maestro, el boticario, el cura y el terrateniente más destacado, los demás eran números pasivos y no se contaba con ellos para nada.
Cuando el hombre se da cuenta que es persona. Es decir que puede tomar conciencia de que es alguien, no puede menos de alegrarse del descubrimiento, y si es creyente, dar gracias a Dios por haberlo descubierto. Se ha dicho certeramente que persona es un ser que se posee a sí mismo en la autoconciencia y libertad. Yo me atrevería a decir que puede con su esfuerzo, llegar a poseerse a sí mismo en la autoconciencia y libertad, en una palabra, que puede emplear su libertad consciente para ser piloto de su persona.
Entonces necesitará saber qué orientación tomar, cerciorarse de donde se encuentra la Verdad, para poder seguir siendo libre.
Para ello tiene que darse cuenta del milagro de su existencia y de que ha sido redimido por Jesucristo, que ha dicho “que el reino de Dios está dentro de nosotros mismos”. Por lo tanto, buscando en sí mismo. Este reino, hallará la Verdad, que, al hacerlo libre, le situará en la perspectiva exacta para comprender muchas cosas.
Entonces el pensar, ya no será algo que le entristezca, sino un motivo de alegría, porque la autoconciencia de vivir en gracia dará a su vivir el talante del cristiano auténtico, el que sabe a donde va y con Quién va.
Hay que intentar ver el mundo desde la fe, hay que creer para ver, no esperar ver para creer. Aunque el impulso hacia la fe siempre es cosa de Dios, es cosa nuestra corresponder a su llamamiento. Dios casi siempre se nos muestra de manera sutil para no invadir el terreno de nuestra libertad. A veces nos cuesta admitir la cortesía de Dios. No pensamos que, si se nos hiciera evidente, colapsaría nuestra libertad.
Con nuestra fe hemos de hacer pista a la posibilidad del milagro, al mismo tiempo que si pensamos de verdad y en profundidad, todo es milagro. El que salga el sol cada mañana, el sobrevivir cada día a pesar de tantos peligros que nos acechan…
Qué bueno saber todo esto y agradecerlo a Dios.
Aunque Cristo diga “pedid y recibiréis”, los cristianos antes que pedir, deberíamos aprender a dar gracias a Dios por todo lo recibido.
El agradecimiento, la actitud agradecida, es la postura que cuadra más y mejor con el cristiano consciente, por eso su talante es alegría.
Eduardo Bonnín Aguiló