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20/MAR/2026
La inquietud
La inquietud puede dirigirse al porqué o al cómo, pero solo es fecunda cuando es sana y se orienta con fe, esperanza y caridad. Bien encauzada, lleva a hacer el bien con sentido y libertad, sin caer en la carga ni en la manipulación.

La inquietud se manifiesta en las personas de dos maneras, o mejor dicho la inquietud tiene dos maneras de manifestarse.

  • Hay quienes les inquieta el porqué
  • Hay quienes emplean su inquietud en la búsqueda afanosa de comos

La inquietud es eficaz cuando la inquietud que inquieta se puede ir realizando.

El hombre es un ser radicalmente inquieto pero ha de procurar que su inquietud sea sana, recta, sincera e ilusionada.

Cuando no podemos remediar algo que nos duele, es mejor rezar que lamentarse.

El cristiano está llamado a ser cristiano que supone y reclama saber, o por lo menos ejercitarse en emplear la óptica y el enfoque de la fe, de la esperanza y de la caridad para enjuiciar las personas, los acontecimientos y las cosas.

Su criterio en saber la dimensión positiva en cada circunstancia concreta es lo que en cada momento expresará, transparentará y encarnará la talla exacta de su ser cristiano, del cristianismo que ejerce en espíritu y en verdad.

La inquietud ante lo que no se puede remediar más que rezando, es producida por no saber rezar como toca o por no saber providencializarlo, una vez con honradez, sincera y auténtica se ha pedido a Dios.

La inquietud no debe de manipularse.

La inquietud no tiene que ser empleada para ordeñar a muerte los más generosos.

A veces a los más inquietos que suelen ser los más generosos se les señala la manera más triste de sentirse hombre, que es ir concientizándole de situaciones tristes que él no puede remediar.

Normalmente, los supercristianos suelen canalizar la inquietud de los más generosos en un amargado y amargante proyecto de irlos concientizando, responsabilizando y comprometiendo, sin facilitarles ni posibilitarles al mismo tiempo el camino para que se sientan liberados, liberados por Cristo, que es el único que libera de verdad y que puede proporcionar, en su doble acepción de facilitar y dar la proporción adecuada a su ser cristiano, esto es: adecuándolo a las circunstancias que le llevarán, no tan sólo a hacer el bien, sino a hacerlo bien.

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