La organización tiene que ser
primero brújula
después cauce
y nunca argolla
Cuando un seglar es empleado para las tareas propias de los servicios parroquiales de unos servicios concretos (impropios de su seglaridad en unos servicios concretos, que resuelven los pequeños problemas que se plantean en el área de lo pío), se le achata la punta para incidir en el mundo y es muy difícil que la música de fondo de su oración no llegue a ser como la del fariseo: “Señor, te doy gracias porque no soy como los demás…”
Aunque haya excepciones que confirmen la regla, esta gente descuella de manera rápida y acelerada en el área de lo pío, se encuentran en ella como un pez en el agua y su hobby es organizar actos piadosos porque en ellos, actúan agentes de tráfico y pueden “dirigir” a los demás.
A no ser que se tenga muchísima personalidad – que es agilidad y flexibilidad para pasar de persona a personaje y de personaje a persona- el mandar, el dirigir, el indicar siempre paternaliza, por lo que la simplicidad, la llaneza y la sencillez ha de ser siempre la música de fondo del que actúa en algo para los demás.
Los que circulan por el mundo con matrícula de buenos cuando no lo son de manera plena y hasta desbordante, distorsionan la visión que de lo cristiano puedan tener los que lo cubican por la fachada, quitándoles las ganas de adentrarse en su meollo para saborear el gozo de vivirlo en profundidad y plenitud.